26 noviembre, 2016

Ya no firmo nada más.

[caption id="attachment_1077" align="aligncenter" width="660"]document-428334_960_720 Foto pixabay[/caption]

Siempre he sido voluntario desde que estaba en el Instituto. En diversas cosas, tampoco es cuestión de enumerarlas aquí. A unas le dedicaba más tiempo. A otras menos. Todo dependiendo del tiempo disponible y de las ganas, que también hay que tenerlas. Una de las cosas más pesadas del voluntariado es el compromiso. Si empiezas una cosa has de terminarla, no dejarla a medias. Ser voluntario es como tener un trabajo, aunque no te pagan en dinero, sino en satisfacción personal y conciencia contigo mismo.

Pero vas creciendo y te surgen cada vez más cuestiones: trabajo, hacerte cargo de familiares mayores, tu propia salud y ya no puedes ser igual de voluntario a los 50 que a los 20. Sueñas con jubilarte y tener el mayor tiempo del mundo. Pero mientras, te aguantas. Pero el gusanillo del voluntariado lo tienes ahí. El de las causas que te emocionan y te motivan.

Internet te lo pone fácil. Sólo tienes que firmar. Contra la contaminación. Contra el hambre. Contra las guerras. Para ayudar a otros voluntarios/as. El dinero es esencial en el voluntariado, qué le vamos a hacer. Vas y firmas. Pero al firmar, tienes que poner tú móvil. Y tú vas y lo pones.

Y empieza la tortura. Mensajes. Llamadas a cualquier hora. Para sacarte el dinero. Llegas a maldecir aquél día en que mandaste ese sms para gastar el saldo de tu tarjeta a aquella ONG que iba a ayudar a las víctimas de un huracán. No te dejan comer. No te dejan vivir.

Ayer me llamó una señora de una ONG. Me da las gracias por firmar y me suelta un rollo que estaba leyendo. La interrumpo. Perdón ¿me va a pedir usted dinero? Yo le voy a informar, me dice. Dispongo de poco tiempo, le contesto,  y estoy trabajando, si resumimos es mejor para los dos. Me vuelve a soltar el mismo rollo. Perdón, la interrumpo. ¿Es usted voluntaria o empleada de una empresa de marketing?. Se queda callada pensando hasta que me dice que es empleada de una empresa de marketing. Yo le digo: se le nota, se nota que usted no es voluntaria. Ella me dice que soy un maleducado y me cuelga.

Hace años invité a una persona de una ONG para que fuera un sábado a mi programa de Frontera Radio. Me dijo que no, que ella los sábados no trabajaba. ¿Pero no eres voluntaria? No. No. Yo trabajo para tal ONG pero soy asalariada. También le dije: se te nota.

Estoy cansado de que nos tomen el pelo a los voluntarios y voluntarias. Cada vez somos menos. Y nos quieren exprimir como un limón. Somos los últimos de Filipinas, aquellos que todavía nos remueve algo lo que ocurre en el mundo. Lo saben y vienen a por nosotros. Pero de la manera más ruin. Hay que pedir ayuda, sí. Pero una ONG no puede pedir ayuda como un banco o una telefónica. Os estáis equivocando.

Por lo pronto, ya lo sabéis. No firmo nada más ni muerto. Habéis perdido mi dinero, que no el apoyo a vuestras causas. Cambien vuestras formas y seré vuestro otra vez.

No hay comentarios: