22 julio, 2016

¿Me permiten no ser de ustedes?

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Este mensaje va dirigido a esos censores de la moral política, religiosa y espiritual que continuamente en cualquier red social se permiten el lujo de decirte cómo tienes que ser, según ellos. Algo muy distinto a opinar sobre lo que tú escribas. Una diferencia tal como la que va de la dictadura a la democracia.

Para ellos, para los moralistas y nuevos inquisidores sociales, si no eres una cosa, eres otra. Tú tienes que tener a la fuerza un casillero en su particular catálogo de individuos. Catálogo muy simple que se divide en el bando de los buenos, o sea, ellos: los que saben, los que te mandan a leer libros - los suyos, claro, que por cierto, suelen ser muy pocos -, los que se toman el poder incluso de pensar por ti y enjuiciarte. Son tan chulos que se arrogan con  la capacidad de valorar la intensidad de tus emociones más íntimas: que si eres ateo, que si estás lleno de odio, que si eres un vengativo. Incluso valoran tu sexualidad. Son sucedáneos de sociólogos.

Y por otro lado está, el bando de los malos, donde está cualquiera que no sea como ellos. Y ahí, pues estás siempre tú.

No entienden de pluralidad. O eres azul o eres rojo. O eres blanco o eres negro. No conocen matices, ni colores, ni tonalidades.

Para entendernos, unos ejemplos. En estas semanas pasadas un torero muere en una plaza de toros. Pues bien, ya tú, por ser animalista, defensor del derecho de los animales a un vida digna sin torturas, te encuentras metido - porque te han metido sin tú ni siquiera saberlo -  en una bolsa con individuos que se alegran por la muerte del torero. Los inquisidores no pueden ni quieren entender que tú sufras tanto la muerte del torero como la del toro. Al final, te ponen la etiqueta que a ellos les interesa para discriminarte. Algo en lo que son especialistas.



Otro ejemplo. Aborto. Si no estás con ellos, eres un asesino. No pueden comprender que uno, aún entendiendo el principio de la vida como el momento de la concepción, comprenda que debe haber una ley que regule el derecho de las mujeres a tener hijos para que no favorezca el aborto de las mujeres ricas en Londres y penalice a las mujeres sin recursos en España.

Ejemplo. Niza. Eres de los buenos si te pones la bandera francesa. Eres de los malos si no te pones nada. Eres malo para otros si te duele más Niza que Siria. Y no pueden entender que yo, como persona, tengo el derecho a elegir que mi dolor me duela como yo quiera. Y en este caso, Niza me ha causado más shock que un atentado en Iraq, lo cuál no significa que desprecie los atentados en suelo no europeo.

Ejemplo. Me duelen las muertes de las mujeres asesinadas casi a diario en España. Pero llega un momento en que el corazón se te hace duro. La rutina te hace sordo a la noticia repetida. Pero un día, mataron a una mujer en Jerez. Escuché las ambulancias, vi la policía y el olor de la muerte estuvo cerca. Tuve similar shock al sufrido con Niza. La cercanía impresiona. ¿Me permiten ustedes el derecho a dejarme impresionar por lo que yo quiera? ¿mi derecho a tener emociones humanas y no dejarme llevar por vuestra corriente que pretende revolver el río para que obtengáis vuestras ganancias?

Pero claro, ya fui catalogado de nuevo. En  el de los malos, porque no me puse la bandera francesa. No puse Je suis Niza en mis perfiles. Tampoco puse Je suis le monde.

El caso es que yo quiero seguir siendo quien soy. Tener mi opinión propia. No soy de nadie salvo de lo que me dicte mi razón. Que hoy será blanco, mañana negro y pasado gris. O incluso naranja o verde. O multicolor. Porque yo, al contrario de los etiquetadores, de los nuevos inquisidores, sí entiendo de matices y comprendo la diversidad y pluralidad en las opiniones de los demás. Hasta comprendo mi propia psicología evolutiva y mi cambio de pareceres a lo largo de los años.

Y ustedes, no los inquisidores, sino los que me leen, deberían hacer lo mismo que yo: luchar por ser libres en sus opiniones. Aunque al final terminéis - según ellos, si no les gusta - siendo de ETA o defensores del fundamentalismo terrorista islámico, cosa que te lo dirán a la cara con toda su poca vergüenza, emoción que ahí si me atrevo yo a enjuiciar, nunca han conocido.

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