28 mayo, 2016

Jerez sin tabaco

tabaco o salud

El 31 de mayo es el Día Mundial sin Tabaco organizado por la OMS. Muchas personas piensan que los 'días de' no sirven para nada. Pues están equivocadas. En mi caso, sí sirvió.

Era fumador desde los 17 años. Paquete y medio de Ducados. A 32 pesetas me costaba en 1983, cuando comencé a fumar en el servicio militar. Ya saben, hacerse un hombre y esas cosas.

En aquél tiempo, fumar era cosa de machotes, de hacerte el mayor y no había la información que tenemos hoy sobre las maldades del tabaco. Aunque un dato ya tenía yo: mi hermana me regaló un cenicero que decía: 'Fumar hace pupa'. 

Tuve la suerte de encontrar una pandilla de amigos donde el tabaco estaba mal visto y así el fumar cada vez se convertía en una acción más incómoda.

Un sábado por la noche de 1992, escuché decir por la radio mientras volvía a casa: 'Mañana es el Día mundial sin tabaco'. Y pensé. Pues a partir de mañana, no fumaré. Realmente, ya tenía en mente quitarme del tabaco, pero no me había puesto una fecha. Así que aproveché la circunstancia. Dejé de fumar radical.

Engordé 11 kilos. Me comía los chupachups Kojak por decenas. De hecho me puse la lengua mala porque me comía hasta el palo de tanto mascar con los nervios. Tuve un humor insoportable los primeros meses, pero recuperé el sabor y los olores, y con el dinero que me ahorré en los primeros meses, me compré una guía de estrellas que me costó 5000 pesetas. Escribí a lápiz en su primera hoja: Esto me lo compré con mi dinero por dejar de fumar.

Y así seguí, todo feliz sin humos.

Hasta 2001. Donde aprendí que la carne es débil y donde descubrí que yo no era un exfumador: yo sólo era un fumador que no fumaba. Por una ruptura amorosa, volví a fumar. Coincidió con una feria. Había bebido. No tanto para perder la voluntad, pero si lo suficiente como para no ser responsable. Me ofrecieron tabaco y dije: total, por uno. A los tres días, estaba en el paquete y medio otra vez. Nueve años perdidos. Caí. Ahora era peor, porque el sentimiento de culpa era horrible. Estaba enfadado conmigo mismo. De nuevo enganchado. De nuevo la tos por la mañana. De nuevo la peste en la ropa y en el aliento. De nuevo quemar dinero.

El amor llamó a mi puerta otra vez en persona no fumadora. El motivo perfecto. Un no fumador no tiene porqué aguantar el aliento de quien fuma. 'Tu boca huele como un cenicero' me dijeron una vez y me hundieron en la miseria. Dejé de fumar por amor. Qué bonito. Qué quieren ¡tenía que motivarme aunque suene cursi! El desamor me trajo el tabaco y el amor se lo llevó. La mancha de la mora con otra mora se quita. 

Hoy sigo sin fumar. Son ya once años. He aprendido una cosa. Lo dije antes: que soy un fumador que no fumo. De la caída se aprende. He soportado la muerte de mi madre sin fumar. Soporté los tres años de cáncer - y viendo lo que veía en el hospital a cuenta del tabaco - de mi hermana y su fallecimiento (aunque ella nunca fumó, salvo el humo que le echaba yo indirectamente. No crean que no me arrepiento y me siento culpable por eso). Con el Alzheimer de mi padre, tampoco. Con oposiciones y nervios tampoco he vuelto. Pero tengo que estar alerta. El bicho que pide nicotina sigue dentro. Pero reconozco que aquella caída me hizo más fuerte.

Y ahora me dirijo a ti que me lees, que quieres dejar de fumar y no sabes cómo. Que no tienes fuerza. No te agobies. ¡SE PUEDE! Si yo pude, puede cualquiera, de verdad. Si no puedes sólo, busca ayuda. Entre exfumadores, entre tu familia, entre tus amigos. Los centros de salud ponen a tu disposición programas antitabaco. Yo los utilicé pero los dejé: demasiado caro pagarse los medicamentos y parches que te mandan. Así que lo conseguí con mi fuerza de voluntad. Pero hay técnicas. Muchos trucos. En la asociación contra el cáncer también te pueden ayudar.

He tenido una idea que comparto gracias a La Voz del Sur, este periódico digital que va más allá de la información para convertirse en una verdadera plataforma de blogs ciudadanos y es referencia de la comunicación social digital en Jerez. Crear un grupo en facebook para fumadores y exfumadores de Jerez y cercanías, para que nos contemos nuestras experiencias, como dejé de fumar yo, tú, aquél. Para animar a quien quiera dejarlo, para ayudarlos en las recaídas. En definitiva, para defender nuestro derecho a la salud y no caer en la esclavitud del tabaco. ¿Os parece? Pues estaremos en dicho grupo ¡únete, por tu salud, porque te quieres y por la gente que te quiere!

3 comentarios:

María dijo...

Pues sí, es verdad que se puede.
No echo de menos el tabaco ni me molesta que fumen a mi vera, pero el olor de la ropa que se queda cuando estás en un sitio con fumadores, me produce rechazo.
Voy a la página de facebook a ver...

Besos y feliz fin de semana.

Alfonso Saborido dijo...

Este artículo se publicará en La Voz del Sur, a ver si conseguimos que haya personas que dejen de fumar, ya con esto, estaría yo contento!!!

Alfonso Saborido dijo...

Y a mí tampoco me molesta que fumen a mi vera. Eso sí, al lado de niños o ver una mujer embarazada fumando me pone histérico!