18 noviembre, 2012

Eclipse


Llamémosle Lolo. Por poner cualquier ejemplo y era un hombre de Neardental de los que vivió muy cerca de donde vivo yo, en Gibraltar. Tenían ya una cultura avanzada, de hecho rendían culto a sus difuntos. Eran de otra especie distinta a la nuestra. Del mismo género Homo, pero de otra especie.
Me los imagino andando por esta tierras que según nos cuentan eran muy parecidas a las del coto de Doñana actual. Cuentan también que vivieron en otro sitio querido y visitado por mí: la Cueva de Nerja.
Me pasa que cuando por la Tierra, no sólo siento la vibración de la Pachamama, sino también esos ecos de pisadas de otras gentes que pasaron antes  que yo. Me pregunto como verían las cosas, como sentirían.
Los veo andando por el campo, gozando de un paisaje como sólo puede ser el andaluz. Maravilándose del Dios Sol, ese que sale cada día para alumbrarnos y darnos calor... y me imagino el miedo que sentirían, cuando supongo, alguna vez, el Sol murió de pronto, se convirtió en negro... y algo que no sabían que era, se lo empezó a comer hasta hacerlos desaparecer.
Imagino el terror al sentir el frescor de la bajada de temperaturas, ese miedo al escuchar la nada, cuando los pájaros dejan de cantar y se meten en sus nidos creyendo que ha llegado la noche. Creo ver esos ojos espantados ante un cielo estrellado al mediodía, con  un sol negro brillando con su corono solar.
Y el suspiro final al ver como de nuevo vuelve la luz, y ese anillo de diamantes queda como regalo de compromiso para la humanidad del Sol: tranquilos, no os he abandonado...


5 comentarios:

Eastriver dijo...

Qué bonito... Me ocurre igual: conecto bien también con quienes vivieron antes aquí, los imagino, empatizo... Siento su miedo ante lo inexplicable. Probablemente en el futuro piensen también lo mismo de nosotros en cosas que actualmente son un misterio.

mariajesusparadela dijo...

Me quedo en silencio mirando los petroglifos e intentando adivinar su por qué.
Nada. No consigo nada.
Pero no me rindo.

SCHEVI dijo...

Además de lo que describes, del último eclipse de sol que me cogió en la calle, recuerdo que empezaron a cantar los grillos, como si fuese de noche. Con esa luz tenue, fantasmal. Una gozada.

Amig@mi@ dijo...

Nunca he visto como se oscurecía el día. Me encantaría.
Preciosa historia de la historia.
Un abrazo

MAMÉ VALDÉS dijo...

Que de misterios encierran los eclipses y más en la antigüedad, un saludo.