25 junio, 2011

El lento verano

Los días eran lo suficientemente largos. Olían a café y pan. A madera de lápiz y restos de gomar de borrar errores en cuadernitos Rubio, donde miles de números se agolpaban para ser operados.
El campo. Hormigas, escarabajos, libélulas, mariposas, avispas, abejas, inmensa fauna que hoy ya no encuentro en la ciudad. Como no encuentro la parra con sus uvas prestas para septiembre, o el acebuche que esperaba con fuerza en sus ramas nuestros balanceos en el columpio.
A la una, el baño de zinc ya tenía el agua caliente por el sol. Agua que competía de un patio a otro con los niños vecinos. Agua que al caer ya formaba colores de arco iris.
La comida del mediodía, con su gazpacho y su final de altramuces, bien dulces después de que mi padre lo tuviera toda la noche metido en una talega en el canal.
Otros días, mi madre hacía polos de casera.
La siesta. La novela de la radio. Mi sueño en la butaca.
Despertad y bocadillo de nocilla. Mi hermana, con las niñas, paseaban por el campo.
Nosotros, los niños, con las bicicletas, las raquetas de tenis, las pelotas o simplemente tirarle de las coletas a las niñas.
La noche. Los mosquitos. Los cuentos de cosas antiguas sentado en el suelo, escuchando a los mayores.
A dormir por la noche, cuando el fresco caía y los techos crujían por la dilatación del cambio de temperatura.
Entonces yo me salía al patio a mirar las estrellas.
Ya de mayor, cuando me arrancaron del campo para ir a vivir a la ciudad, me encontré con el Verano de Vivaldi y la poesía de Antonio Machado, que explican mucho mejor lo que yo siento.



Fue una clara tarde, triste y soñolienta
tarde de verano. La hiedra asomaba
al muro del parque, negra y polvorienta...


La fuente sonaba.
Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
golpeó el silencio de la tarde muerta.
En el solitario parque, la sonora
copia borbollante del agua cantora
me guió a la fuente. La fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía.


La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano,
un sueño lejano mi canto presente?
Fue una tarde lenta del lento verano.


Respondí a la fuente:
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana.


Fue esta misma tarde: mi cristal vertía
como hoy sobre el mármol su monotonía.
¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares,
que ves, sombreaban los claros cantares
que escuchas. Del rubio color de la llama,
el fruto maduro pendía en la rama,
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?...
Fue esta misma lenta tarde de verano.


—No sé qué me dice tu copla riente
de ensueños lejanos, hermana la fuente.


Yo sé que tu claro cristal de alegría
ya supo del árbol la fruta bermeja;
yo sé que es lejana la amargura mía
que sueña en la tarde de verano vieja.


Yo sé que tus bellos espejos cantores
copiaron antiguos delirios de amores:
mas cuéntame, fuente de lengua encantada,
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.


—Yo no sé leyendas de antigua alegría,
sino historias viejas de melancolía.


Fue una clara tarde del lento verano...
Tú venías solo con tu pena, hermano;
tus labios besaron mi linfa serena,
y en la clara tarde dijeron tu pena.


Dijeron tu pena tus labios que ardían;
la sed que ahora tienen, entonces tenían.


—Adiós para siempre la fuente sonora,
del parque dormido eterna cantora.
Adiós para siempre; tu monotonía,
fuente, es más amarga que la pena mía.


Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruïdo abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.

6 comentarios:

Agata dijo...

Un verano casi igual que el que yo vivía.
Me has hecho volver a la niñez.
Yo veía las estrellas en el cine de verano que tenía justo al lado de casa:
El cine Terraza Tempul...qué tiempos.
Un beso,guapo.

Amig@mi@ dijo...

Preciosa entrada llena de vijos recuerdos y añoranza.
Yo también recuerdo muchas de esas cosas...
Un saludo, amigo.

Princesa115 dijo...

Me has hecho recordar mis veranos de niña...la novela en la radio, todas las hermanas juntas en torno a esa radio; el autobús cargadito de gente y nosotros yendo a la playa con mi madre...ese cobrador de autobús que me regalaba los taquitos finales de los billetes...eso no era aquí, eso sucedía en Ceuta.

Un saludo

Abuela Ciber dijo...

Precioso y profundo lo que compartes.
Te dire que lo prefiero en vivo y directo.
De noche mirar el cielo y ver como las estrellas nos abruman por su cantidad y forma optica de acercamiento.

Cariños

María dijo...

Aquí en mi casa tendrás siempre una parra que te dará sombra cuando la necesites. De veras.

Besos

Satie dijo...

Bonita entrada, amigo Alf