24 octubre, 2010

Plañideras

Las plañideras eran unas señoras a las que se les pagaban por ir a llorar a los funerales. Una más de las profesiones explícitamente femeninas a las que la sociedad machista que se construyó en este mundo desde el Paleolítico, se dignó otorgar.
A eso me recuerdan las últimas manifestaciones de abucheadores profesionales que se encargan de intentar - porque no pueden - actos oficiales. Eso sí, actos oficiales con gobernantes socialistas, ya sea a nivel nacional o local. Inclusive, tenemos a una plañidera oficial con bigote que ya se encarga de abuchear a España con sus comentarios pseudouniversitarios más allá de nuestras frontera.
Pero lo peor de la plañidera de hoy, que es varón - ahí no tienen remilgos en ocupar el sitio que dedicaron a la mujer- , tiene más delito aún. Confunden. Lían. Enredan.
Hoy, con la crisis económica y las dificultades con las que nos encontramos, muchas personas, en paro, o con dificultades laborales manifiestan su desacuerdo ante las autoridades, como no podía ser menos. Eso es el derecho de manifestación y libertad de expresión, que tanto trabajo costó conseguir en este país, y que personas, como un antiguo ministro de información y turismo, tuvieron que asumir.
Pero junto a estas personas, que en su justo derecho reivindican, aparecen estas plañideras extrañas. Que nadie sabe quiénes son. Se les pregunta a colectivos con problemas y dicen: no, nosotros no somos. Sin embargo, la derecha, les abraza y les besa después de su tarea plañidera. Y no se mete en la cama con ellos, quizá por no molestar a Rajoy, que como saben, está hibernando cual osete Yogui.
Curiosa derecha esta que no tiene afiliados, no tiene nombres y no dan la cara.
Estoy abrumado por como en Jerez se está condenando las palabras difamatorias contra la ministra de sanidad. ¿Tienen dignidad las mujeres de derechas de esta ciudad? Y más ¿la tienen los hombres?
No lo sé, pero lo intuyo. Mientras, sigamos escuchando, como hizo el presidente Griñán a los colectivos con dificultades porque es un deber de todo gobernante responsable, por mucho ruido que hagan las plañideras de hoy día.

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