25 octubre, 2010

La meteórica vida de Pompita Pellejos


Cuando Pompita Pellejos miró por el telescopio, puso tal cara de asombro, que don Evelino, el farmacéutico y astrónomo aficionado, pensó: ‘Esta tiene que ser la cara que puso Galileo Galilei cuando vio a Júpiter y sus satélites la primera vez o a la mismísima Luna”
Y es que Pompita Pellejos, al mirar por telescopio no veía estrellas. Veía sus muertos. No los vuestros ni los suyos. Veía los muertos que ella había matado.
Ante la congoja que le produjo saber que sus víctimas vivían en el espacio exterior, Pompita Pellejos, volvió a entrar en una etapa de tristeza, al igual que en ocasiones anteriores.
Pompita Pellejos era soltera por votación popular. No, no me entiendan mal. Nadie en su pueblo la eligió como solterona. Todo resultó de la anulación de su matrimonio cuando el Partido Popular llegó al poder después de Zapatero, anulando los matrimonios del mismo sexo por ley.
Su pareja, decidió, que al estar sin vínculos legales, no era lo mismo, y se fue a un extraño viaje a la India del que nunca volvió.
Se conocieron en el trabajo. Ambas eran novicias en un convento de clarisas protestonas protestantes. Su trabajo consistía en tocar los huevos que llevaban las recién casadas para que no lloviese.
Luego, Pompita Pellejos se hizo experta en repostería conventual y sus dulces eran reconocidos en toda la periferia.
Huesos de santo. Deditos de Santo Tomás. Higadillos de Santa Teresa. Ojos de San Antonio. Cutufitas de arcángeles. Yemas de la madre inferiora. Benititos alemanes. Orejitas de Santa Brígida y huevos dulces de san Josemaría, eran sus especialidades.
Pompita, que realmente se llama Catalina Jesusa de la Santísima Trinidad del Monte Carmelo, empezó a ser conocida como Pompita por sus compañeras, por padecer de gases internos, debido a probar tantas veces, en ocasiones rozando la gula, sus dulces favoritos al salir de los hornos.
¡Válgame Dios como transforma su cuerpo la delicadeza de unos huevos dulces de San Josemaría en gases, hermana! le dijo un día su madre superiora, que murió por axfisia tres días después.
Pero la transformación más sorprendente de Pompita, fue cuando tratada por el cura herborista que visitaba el convento de día y de noche, con carbón activo. Este, le quitaba los gases, pero no se sabe por qué reacción química, se cristalizaba en diamantes. Era un misterio. Comía carbón y sí, cagaba diamantes, lo cual la hizo mantener una fortuna suficiente como para vivir holgadamente.
Pero Pompita tenía una afición y era, envenenar uno de sus dulces para el día de Todos los Santos. Lo dejaba a lo que consideramos suerte y ella llamaba divina providencia. Lo dejaba en manos de Dios. El elegiría a los malos.
Así iban ya 34 muertos. Justos los que vió Pompita por el telescopio.
Pompita Pellejos va a hacer un blog y me pidió vuestras direcciones. Se las he dado. Dice que agradece vuestros comentarios, que visita vuestros blogs y que os va a regalar en agradecimiento al tiempo que la entretenéis una cajita de Riñoncitos de San Julián, uno de sus dulces más exquisitos. Estad en casa. Os lo mandará por la fiesta de Todos los Santos. No lo rechacéis. Y nos vemos en el próximo post. O quien sabe, si a algunos/as de vosotros/as os podré ver junto a Pompita, a través del telescopio.
Pero mientras, relajénse con otras pompitas, en este caso, de jabón. Maravillosas.

15 comentarios:

Arantza G. dijo...

Y algunos morirán por sus huesitos... ayyy coña.
Por qué las monjitas reposteras bautizan a los postres de esa forma? Será que pasan un hambre atroz y sueñan con lamerse los dedos?
Un abrazo

P Vázquez "ORIENTADOR" dijo...

Te olvidaste de las Yemas de San Leandro... las monjas trabajan bien los huevos... manda idem.

Eastriver dijo...

jajaja, qué buen momento por la mañana... te juro que he bajado al final de la entrada por si era un fragmento de alguna novela... Francamente divertido.

Bueno, no pienso probar nada que toque tan tremenda mujer futurista, que ella ya está situada en un futuro al que yo no quiero ir, con el PP campando por sus fueros y anulando leyes que han costado tanto. Pompita es terrible, es una metáfora de lo peor de este país: es la perversión vestida de delicadeza, es la represión lésbica metida en un convento, es el veneno inocente dejado en manos de los dioses... De todas formas, si sólo es darle mi blog adelante, sabré defenderme.

MAMÉ VALDÉS dijo...

En ese convento entra Pedro Almodovar hace una serie "La meteórica vida de Pompita Pellejos" ya me veo a Carmen Maura en papel principal, un saludo.

Anónimo dijo...

Me encanta lo del comer carbon y cagar diamantes.

Thiago dijo...

jaj no sé que es más genial si tu tan divertido texto o la tranquilidad que proporcina esta viendo esas pompas... eh!.

Menos mal que no soy goloso y que desde luego no compro nada que vengan de las monjas, que trabajen, coño, y los conventos que hagan discotecas, jaaja


Aunque si vienen "ellos" igual vamos a estar mejor escondidos en los conventos hasta que escampe...!.


bezos.

elisa...lichazul dijo...

que ricos se ven esos postres...el nombre da lo mismo si son de qué santo
acá "incar" el diente es el fin más elevado jajaja

abrazoooooo

capitanlio dijo...

Eres genial. cuando yo sea grande quiero escribir como tú...........genial

ARO dijo...

A mi que no me mande dulces... todos para el Papa.

Alejandro de Torresoto dijo...

Jajajjaja, deberias hacer una novela de religiosos arrepentidos jajajaj.

Alicia dijo...

Le agradezco a Pompita los Huesitos de Santo, pero preferiría acompañarla en el duro trance de cagar, por lo que pueda "pillar"

.teri dijo...

WTF? En serio, se te ocurren unas paridas mentales más raras en la cabeza que morbosamente acabo leyendo desde el principio hasta el final :>.
¿Me envenenaré?

Abuela Ciber dijo...

Que peligro y si te toca el envenenadoooooooooo

Cariños

Amig@mi@ dijo...

En mi ciudad de nacimiento había unas monjitas que hacían unas magdalenas de nata "celestiales", que se llamaban simplemente "magdalenas de las monjas"
Demasiado "poco" nombre.¿No?
La verdad es que suelen hacer unos dulces divinos.
Un saludo

Satie dijo...

Genial relato...