14 septiembre, 2010

Ser santo ya no es lo que era

Ser santo hoy ya no es lo que era. Desde que hicieron “Santo” a José María Escrivá de Balaguer, está claro que puede ser santo cualquiera. Bueno, cualquiera no. Por ejemplo, al Beato Juan XXIII, le está costando curiosamente ser santo. Sí, ese papa viejo que pusieron para que durara poco, un papa de tránsito... y que la gente le conoció como el Papa Bueno, porque le dió la vuelta del revés a la Iglesia Católica; vuelta que volvió a su posición original con la llegada de Juan Pablo II, después de la muerte de Juan Pablo I.
En estos días se ha hecho Beato a Fray Leopoldo de Alpandeire. Fue un buen hombre, como pocos, pero ha quedado atrapado por el negocio que tiene montado la Iglesia Católica con la santería. Negocio económico y psicólogico.
Psicológico porque son muchas las personas que acuden al santo como último recurso ante enfermedades incurables. Que como incurables que son, no se curan. Unos se salvan, porque la medicina pone de su parte y otros mueren, sin entender que clase de Dios es ese en el que creyeron en vida y no ha hecho un ápice de movimiento para salvarles.
Y negocio económico. Hace no mucho visité la tumba de Fray Leopoldo, muy humilde, pero con su mercado al lado de estampitas, llaveros, figuritas, reliquias... o sea, lo más anticristiano posible. Que sí, que sí, que ese dinero se utiliza para los pobres.
Sin embargo, no sé si lo que ocurrió ayer fue un fracaso o un éxito en cuánto a número de público se refiere. La Voz dice que asistieron 60.000 fieles para un lugar donde se dispusieron 135.000 sillas, con lo cual, está claro, que sobraban sillas.
Pero Diario de Jerez dice que se congregaron 120.000 personas, con lo que seguían sobrando 15.000 sillas.
No sabemos a quién creer con estas informaciones contradictorias. Pero lo que está claro es la incongruencia. Costaba diez o veinte euros ( he visto más en excursiones, perdón, peregrinaciones por aquí) acudir. Y es que quizás, los protagonistas de la vida de Fray Leopoldo, son los que faltaron a la cita de ayer: los pobres.

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