27 julio, 2010

Donde hay patrón, no manda marinero. El disparate político-teológico de Santiago.

No me cabe en la cabeza lo que sucedió - y no es nuevo - ayer en Santiago de Compostela.
Intento explicármelo desde el punto de vista político. El Jefe de Estado de España pidiéndole a un santo cosas para la mejora del país. Apostaría a que él no no ha escrito el discurso. Además, estaba acompañados de políticos que representan a la soberanía del pueblo español.
Pedir a un santo, pedir a un dios, por el bien de un país, antropológicamente sería parecido a un chamán de una tribu pidiendo que la época próxima fuera buena en lluvias y caza.
Desde el punto de vista cristiano es inexplicable. No le pidan a Dios lo que le tienen que pedir a los hombres. Y a las mujeres, apostillo yo. Entonces ¿a qué jugamos? ¿qué paripé estamos haciendo? ¿Cristo murió realmente crucificado para perpetuar el espectáculo de Santiago? Cristianamente, roza la herejía, el disparate y el esperpento.
Sólo tiene una explicación para mí lo que sucedió ayer. Es un acto de supervivencia. De supervivencia de la Iglesia Católica. Un cachondeíto, una obra teatral, un negocio turístico llamado Camino de Santiago, pero poco más.
Ni es política ni es cristianismo. Es un puro desatino.
El estado español debe quitarse ya esto de encima. Ni patrones ni historias. Dicen que donde hay patrón, no manda marinero. Aquí, en esta democracia, quien realmente manda es el pueblo español. El patrón, a su templo. Pobre Santiago, el apóstol, terminar así en la historia.
Necesitamos una ley de libertad religiosa que separe Iglesia y Estado cuánto antes. Por el pueblo, por los cristianos. Porque esto no da más de sí.

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