15 junio, 2010

Ni juicio, ni abogado, ni sentencia. ¿Hasta cuándo?


Cuando miro a mi padre, de ochenta y un años ya, y veo su memoria, su capacidad intelectual y su inteligencia, a pesar de que le fallen las piernas, pienso en lo que pudo haber sido y no fue. No es que no fuera y es importante. No. No. Lo que es para mí es lo más. Me refiero a qué hubiera sido de su vida si hubiera podido estudiar, y no empezar a trabajar a los siete años, como empezó. A qué hubiera llegado. Es muy bueno para las matemáticas; le gusta leer. Pudo haber sido un buen Ingeniero Agrónomo, porque su vida es el campo y le encanta.
Pero no fue. No fue, porque en España, en 1936, a unos pocos de villanos se les ocurrió que había que acabar con el régimen democrático de la II República Española. Esos villanos, catolicísimos ellos, nos metieron en una guerra, que dejó la simbólica cifra de un millón de muertos. A saber cuántos hubo.
Mi padre tuvo suerte, era un niño y está vivo. Su padre, no. Ya conté que era sindicalista y tuvo que huir al campo, y vivir escondido. Me he enterado también después, que hubo un tipo, catolicísimo también, que se dedicaba a corretearlo por el campo, disparándole con una escopeta, sin matarle, claro, como si fuera un conejo. Pero lo hacía sufrir, sólo él supo que lo llegaría a sufrir.
Se llamaba Alfonso Saborido como yo también, y murió muy joven. También era católico, católico y de izquierdas, como yo también lo soy. Muchas veces iba andando desde Jerez a su pueblo, Arcos de la Frontera (a 30 kms), para ver en la madrugada del Viernes Santo a su Jesús. Pero no le sirvió para nada.
Hoy, en muchos blogs de España, se repite este vídeo que pongo hecho por nuestros artistas, por nuestra cultura en contra de la impunidad de los crímenes franquistas. Porque tienen derecho. Aquí, en España, en Argentina, en Chile, en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala, en Colombia, ... en el mundo. Que nadie muera abandonado. Que nadie se pierda en la noche de los tiempos. Estuvieron vivos, les robaron la vida y merecen estar muertos como lo que son: como personas. En su cementerio, no en la cuneta de una carretera. Y con un papel que diga lo que eran: INOCENTES, y otro que diga, quiénes fueron los culpables.
Que nadie me venga con el cuento de reabrir viejas heridas. Las heridas permanecen abiertas siempre en la persona que la recibe. No cicatriza si no se cura. Vean el vídeo. Impresiona.

7 comentarios:

Isabel dijo...

Es impresionante, y vergonzoso que los asesinos, los hijos de los asesinos y los nietos de los asesinos, sigan aún queriendo ocultar lo que hicieron, y mas vergonzoso aún, que se quisiera sentar en el banquillo al juez que intentó ponerle nombre a los muertos inocentes de las cunetas.

Abuela Ciber dijo...

Leyendote.

Te dejo mi afecto en un abrazo solidario.

Nerina Thomas dijo...

Es muy triste amigo. Muy duro.
Como tantas cosas de mi país. En todos lados existe la injusticia.
Pero lo que empoeza termina.
Ya verás.
Todo llega.
Y lo verás. Lo sé.
Un abrazooooooooooooooooooooo

La terapia de Rafaela dijo...

Hola Alfonso: Yo tb tengo a mi padre vivo con 85, y muchas veces tengo los mismos pensamientos que dejas tu en este post. Podría haber tenido otro destino más brillante y no conocer la hambruna en su galicia profunda, ni haber sentido miedo, ni haberse tenido que ir de su terruño por más de 40 años... Para que dejen luego a un lado la memoria de los hechos acontecidos no hace tanto tiempo
Un abrazo

capitanlio dijo...

yo, de esto solo se, que mi abuelo,tubo que salir, por la noche de Águilas, Murcia, donde dejo su pedacito de tierra y su familia,camino a un sitio que no lo conocieran,por sus ideologías de Izquierda. Afincándose primero en Málaga unos años, y después en Sevilla.

Blas de Lezo dijo...

Mi abuelo Alejandro combatió en el batallón Martiartu hasta que los nacionalistas que se hacían pasar por sus líderes los vendieron a todos en la playa de Santoña. Estuvo condenado a muerte en la cárcel de Sobrón (Burgos), pasaron años duros y con mas huesos que carne salió de aquella tortura con un sello en su documento de identidad que decía, rojo, peligroso, sospechoso, separatista.

Mi abuelo murió cuando yo tenía 20 años y muchas cosas me contó, me dijo y me enseño, en algunas no estaba de acuerdo como su nacionalismo, pero en otras si, en que solo se libera uno por dentro, solo se avanza caminando hacia delante y sobre todo perdonándose entre sí.

Considero un derecho inalienable el reconocimiento de las víctimas de los infinitos bandos que se forman en este mundo, considero que todoa fosa debería dejar de serlo, pero considero que lo peor es politizar lo que entre el 82 y el 86 pudo haber sido un gran momento, dirigido de forma sosegada y con el objetivo de unir y no de polarizar como ahora hacen unos y de seguro mañana harán los otros.

La pregunta que yo me hago ya tiene respuesta pero la vuelvo a hacer ¿ hasta cuando perpetuar el cuadro de Goya de aquellos hombres aporreandose entre si hasta su destrucción? Para cuando tender la mano de verdad con grandeza sin exigir lealtades o rendiciones que significan en verdad muros prefrabricados?
Mi abuelo siempre tenía claro que para su Euzkadi solo quedaba que todos los que allí vivían se unieran. Justo lo contrario de lo que paso con Franco y durante estos casi otros 40 años más.

Un abrazo, Alfonso y perdón por el mitin

info-derecho dijo...

Muy emocionante