17 junio, 2010

Mis doce tías monjas


Fuencisla Garrotes vivía rodeada de muertos. Mejor dicho: de muertas. Literalmente, de muertas; aunque ella en realidad sabía hasta donde llegaba la precisión.
La casa de Fuencisla era vetusta, extremadamente grande para su figura. La había heredado de su tía Edelmira, una ex-monja lesbiana que había colgado los hábitos por razón de las imposiciones sucesorias que le venían desde su arzobispado. ¡Mi casa es mía! gritó Edelmira dando un puñetazo en la mesa del arzobispo, que rojo de ira, no fue capaz de decir ni una sola palabra.
Años más tarde, y ya seglar, Edelmira murió en una pelea con el mismo arzobispo. Se encontraron en un bar de ambiente en Sitges, donde coincidieron al salir del festival de cine. La pelea fue cruel. El arzobispo quedó señalado con múltiples arañazos provocados por Edelmira, y ésta, murió de un golpe en la sien dado, sin querer, según la investigación, con el anillo del prelado. Por los arañazos, que nunca cicatrizaron, llegaron a conocer al Monseñor en la Costa Brava, como 'La leopardo'.
Fuencisla, única heredera de Edelmira heredó la casa. Tuvo que gastar mucho dinero en mantenerla, pero lo consiguió asistiendo a los programas de televisión dedicados al corazón, contando la vida y obra de su tía Edelmira y de sus once tías más.
Fuencisla Garrotes tenía en total, doce tías monjas.
Una de ellas, la hermana Teofanía murió asesinada en la guerra civil de El Salvador. Trabajó mucho con los pobres. El pueblo la reconoció como mártir y quiso subirla a los altares, pero Roma fue bien clara. Jamás Teofanía sería santa. Tres razones impedían su acceso a los cielos: era mujer, era sudamericana (aunque nacida en España) y una vez había regalado una caja de preservativos a una mujer indígena con quince hijos.
Otra, la hermana Regina, también había dejado los hábitos. Fue castigada en el colegio concertado en donde trabaja por atender a un comercial que vendía libros de Educación para la ciudadanía. Este castigo, junto a sus largas horas de portería, hizo que quedara hasta su tapado moño de harta, y dejó el convento. Conoció a Ramán, un senegalés que vendía bolsos en una plaza de la ciudad, quedándose embarazada. Hijo, que por supuesto, Ramán se negó a reconocer. Fue a Londres, a pesar de poderlo hacer en España, a abortar. Se deshizo del feto en la ciudad del Támesis, y volvió a España. Su salud quedó delicada después del aborto. Regina tuvo mala suerte. También murió de golpe como Edelmira. En este caso, fue por un pancartazo que le dió 'una roja y gorda lesbiana' (así la definió la prensa azul) en una manifestación en contra del aborto, de los anticonceptivos y de todo en general, en la que Regina, por sus cualidades como maestra, actúo como portavoz. La roja y gorda lesbiana fue detenida. Era roja por sus ideales, aunque su peso en realidad era de 65 kilos. Pero para la gente azul, las lesbianas son siempre gordas.
Su otra tía, Prudencia, apareció muerta en la celda de su convento. Estaba intentando entrar en contacto con una amiga suya en Nueva Papúa, pero al no conocer mucho del hardware de ordenadores, enchufó el cable usb en el enchufe de la pared de su celda, provocando una chispa, que prendió en el hábito muriendo de la misma manera que Santa Juana de Arco.
La tía Nicolasa, a la que más cariño le tenía Fuencisla, se fue a Roma. Tenía grandes dotes intelectuales. Trabajaba en los archivos secretos vaticanos que dejaban ver a todo el mundo. Una noche, llamó a Fuencisla como solía hacer ya que tenía tarifa plana. Le comentó que estaba contenta. Durante la conversación entró alguien en la habitación y Nicolasa dijo: Espera Fuencisla, un momento, no cuelgues, nos quedan 32 minutos todavía de llamada para aprovechar la tarifa plana, espera: Luigi (creyó entender Fuencisla, porque el nombre le pareció ininteligible), que te digo que lo de Juan Pablo I y su muerte repentina fue muy raro. En ese momento, se cortó la llamada y Nicolasa desapareció de la faz de la Tierra. Jamás se supo de ella. Fuencisla fue a Roma a buscarla, y le dijeron, con pruebas documentales, que allí nunca estuvo ninguna monja que respondiera al nombre de Nicolasa.
La desaparición de Nicolasa produjo un gran trastorno en la familia. La hermana Pascuala que estaba de encuentro de oración penitencial en Venecia, al recibir el mensaje con la desaparición de su prima Nicolasa en su HTC Nexus One de Google, se cayó de espaldas del susto, con tan mala suerte que tragó agua de un canal. Murió de una septicemia generalizada.
Sus tías Loreta y Lorenza eran gemelas y muy menudas, pequeñitas. Murieron atrapadas entre las ruedas del Papamóvil blindado en la visita del Papa a España en el año 2034. El Papa acostumbró a venir a España todos los años, para ayudar a los azules a que Zapatero perdiera las elecciones. Pero un Zapatero de pelo blanco con una ministra demoníaca llamada Bibiana, cincuentaañera seguía haciendo de las suyas. En la enésima manifestación familiar y antizapateril, Loreta y Lorenza, fueras de sí, cual fans de los Pecos, escuchando las canciones de Kiko Argüello, perdieron el control, y cayeron delante del vehículo papal. Por lo menos fue verdad en su caso eso que ponen en las esquelas 'que murió después de recibir los Santos Sacramentos y con la bendición de su Santidad'. Exactamente fue así, murieron después de comulgar y con la señal de la cruz del Pontífice, mientras pasaba con sus ruedas por encima de ellas. Lorenza, que fue la última atropellada tuvo un final pensamiento antes de expirar: ¿para qué blindan el papamóvil? ¡Parece que el Papa le tiene miedo a la muerte mientras proclama la resurreción de los muertos! Pensado esto, torció el cuello y expiró.
Las otras cuatro tías monjas murieron juntas, una detrás de otra. Causa clínica: aburrimiento. Vivían juntas en el mismo convento. No estaban mal, pero una obtusa noche, allá por los años 90, la madre superiora las pilló a las cuatro viendo en el cine de medianoche de la tele de Calviño, a la una de la madrugada, El Decamerón de Pier Paolo Passolini. La madre superiora quitó la televisión. Y murieron de eso. Aburrimiento, veinte largos años de aburrimiento.
De todas fue heredera Fuencisla, aunque la mayor herencia fue la casa de Edelmira, obtenida por su abuelo en Cuba, en los tiempos de Fulgencio Batista.
Así que Fuencisla vivía literalmente rodeada de muertos. De muertas. Estaba sentada en la cama de su habitación, mientras se quedaba extasiada mirando las fotos de sus doce tías monjas. Se levantaba y les limpiaba el polvo. Así cada día de sus aburridos días. Pero Fuencisla no se daba cuenta que cada noche, los cuadros avanzaban un poquito hacia ella.
Una noche, todos los cuadros cayeron sobre sí, y al amanecer, en el aparador estaban las fotografías de las doce monjas, junto a un cuadro con la cara, que parecía de verdad, de Fuencisla, con unos ojos espantados.
Quizás tú, amable lector o lectora, no tengas doce tías monjas, pero puede que tengas alguna foto de difunto en tu habitación. ¿Has probado a medir la distancia del marco al filo de la mesa? Pruébalo, y si ves que cambia, véte poniéndote guapo o guapa, para la foto.
Te lo digo yo que te acabo de hacer ¡!click¡! con mi cámara desde tu pantalla. Te aseguro que parecerás de verdad.

16 comentarios:

S. dijo...

Jajajaja qué bueno tu relato...o tu historia.Yo conocí a unas monjas,que se quedaban con el dinero y los pisos de los viejitos...
Eran monjas modernas eso sí,también veían la tele tenían ordenadores superavanzados y se pegaban salidas nocturnas para ver cositas guarras.
Y por cierto.....¡no te atrevas a hacerme una foto!

.teri dijo...

¿Pero qué ves o lees para escribir todo esto??

Alfonso dijo...

Es una especie de estornudo neuronal :-P

capitanlio dijo...

Que bueno, es genial, al principio hasta dude

Satie dijo...

Me ha gustado, muy original.

Maripaz Brugos dijo...

Jajajaja que divertida historia. Eres genial Alfonso. ¿Como puedes tener esa imaginación tan irónica?

Eastriver dijo...

jua, jua, que mala leche tienes. Pero qué bien te sientas y nos sienta a todos. (Yo también pienso que lo de Juan Pablo I fue raro, raro... jeje). Besos

AROBOS dijo...

Divertido el relato, y el vídeo de la monjita "modosita", genial.

Thiago dijo...

El video ya lo había visto pero es lo de menos, pq realmente lo divertido es tu relato, jaj vaya post que te has marcado, vaya trabajo y que divertido, cari... es genial

pero con razón mi madre ya no quiere fotos en mi casa, ha sacado todos los marcos y todas las fotos, claro que tenemos a mi abuela fantasma en casa y quien quiere tener fotos de un fantasma teníendolo todos los días en cada? jaja


Bezos.

Agata dijo...

"Las docenas".
Podrías titular así tu serie bloguera.
Mu bueno tu relato.
La única monja marchosa que conocí fue en el colegio.Sor Nieves.Jugaba al baloncesto y al Hockey con nosotras.La superiora siempre le estaba echando la bronca.Me encantaba verla saltar (tan larga que era) con su cofia y todo.Siempre nos ganaba la chica.

SOMMER dijo...

Alfonso, amigo, cada día eres más grande....
jajajaja

El dinosaurio dijo...

Pues te ha quedado muy bien el "estornudo neuronal", me has hecho reir...

Feliz finde.

Abuela Ciber dijo...

Ameno relato, vaio la pena visitarte!!!!!!!!

Hacia ti van mis deseos de buen fin de semana

Cariños

__MARÍA__ dijo...

Yo lo que había visto es la foto que encabeza esta entrada tan... bueno no tengo adjetivos.
Me ha hecho reír, me he quedado con la boca abierta (todavía me estoy sacando un mosquito que creía que era una garaje)
Estupenda historia Alfonso.

Arantza G. dijo...

Genial.
jajajaja
un abrazo

P Vázquez "ORIENTADOR" dijo...

De no ser por sus muertes prematuras hubieron poder crear las doce tribus de jerez... jamón jamón... monja monja al revés...