19 junio, 2010

La Iglesia y sus obras de caridad

Anoche veía en un informativo de Onda Jerez, General, a alguien hablar en nombre de Cáritas, quejándose de que las admistraciones no les habían entregado aún su ayuda.

Entiendo y valoro el trabajo de Cáritas, no lo pongo en duda; pero hay algo que no me gusta. Nunca he sido partidario de la Iglesia caritativa, que parece necesitar de los pobres, para darle sentido a su existencia. Soy más partidario de enseñar a pescar, que dar el pez. Pero bueno, hay momentos de suma necesidad en que es necesario ayudar literalmente al prójimo. Pero ¿a cambio de qué? No me gustaría que alguien ayudado por la Iglesia Católica se quedara hipotecado de por vida por el favor recibido. No, no me gustaría. Al igual que no me gusta el alardeo que hace la Iglesia de 'todas sus obras buenas'. ¿Justificaciones? No lo sé, quizás tengan cargo de conciencia por lo que hacen, o necesitan comunicar porque creen que nadie ya les hace caso.

Durante esta semana pasada, las lecturas de la misa nos han estado recordando eso. El miércoles 16 de junio de 2010 pasado, nos recordaba precisamente:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres, para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. En cambio, cuando tú des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Y es que para los que somos cristianos, General, siempre Jesús de Nazaret, nos da la respuesta.

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