28 junio, 2010

Homofobia: agresión a la homosexualidad.

Aunque no estoy de acuerdo con la utilización de la violencia en las manifestaciones, y sin entrar en lo que escribe el autor de este artículo, que no sé si es verdad porque no he podido contrastar la información, el lenguaje que utiliza, destila homofobia.

En negrita, lo que considero homofóbico.


Estos emplumados son tan demócratas que están seguros de representar a toda su condición y el que proteste es un traidor
El falso policía de la cabalgata gay que agredió a los periodistas en Sevilla es el principal custodio de la homofobia. Porque no se puede protestar de un apaleamiento dando palos. Y porque la normalización se logra con normalidad. Sin celebraciones ni vanaglorias. A mi compañero Fernando Carrasco le arañó el brazo ese esbirro de músculo de discóbolo. Y a Manolo Gómez, fotógrafo del Diario de Sevilla, le sacó el hombro de su sitio porque estaba cometiendo la tropelía de hacer fotos. El protector de la causa homosexual, criaturita, se ocupó de que nadie retratara a las cigüeñas de las campanas que enseñaban sin pudor sus badajos desde lo alto de las carrozas. No le gustaba que la prensa, ese estandarte de la represión, del control de las libertades y esas otras pamplinas que se dicen porque algún progre las escribió en un libro, contara la verdad de un desfile carnavalesco que agrede a la condición homosexual desde los balcones de la mariconería. Porque esos disfraces horteras y trasnochados de pelucas de colores y entrepiernas prietas no son más que una caricatura obsoleta de lo que algunos pseudo revolucionarios se creyeron en los ochenta que era reivindicar la libertad. Por eso el poli de plástico que agredió a los periodistas necesitaba proteger a sus colegas. Para recuperar su dignidad, perdida en el pasacalles de marineritos y emplumados.

Yo lucharé por la normalización de los homosexuales hasta las últimas consecuencias. Por dos razones básicas: porque creo en la libertad de todos por igual y porque me amparo en la defensa del individuo como cimiento del progreso colectivo. Nadie es superior a nadie por naturaleza. Y cada cual tiene que ser lo que le dé la gana sin complejos. Pero no apoyo a quienes se quejan de lo que practican. Esos son los prosélitos más contraproducentes. Discípulos nocivos. Correligionarios inicuos que se obstinan en hacer el ridículo en nombre de todos. Pues este tipo de libertarios que reclaman respeto no respetan a quienes comparten con ellos la condición pero reprueban el exhibicionismo. Son tan demócratas que están seguros de representar a la única manera de pensar posible. Los homosexuales que no siguen su comportamiento son, de hecho, unos traidores. Y para colmo, en Sevilla, mientras el policía con placa de mentira reparte mamporros a golpe de muñeca, la representante de los herederos de Pepi, Luci y Bom, una tal Cambrollé, habla de no sé qué cavernas de la derecha mientras pide el voto para el partido que la subvenciona. Es decir, que todo esto no es más que una pantomima para reclutar papeletas. Porque no me creo yo que el alcalde y sus secuaces, por mucho que intenten minimizar lo ocurrido, puedan estar de acuerdo con los empujones a traición y los arañazos torpes que el valiente custodio del saraseo le propinó a mis compañeros para defender una causa demasiado seria a la que ellos mismos han rodeado de charangas y panderetas.

No hay comentarios: