27 abril, 2010

Soneto de la dulce queja


Estamos celebrando en estos días como dije en un post anterior el mundo de los libros. Puse una serie de libros en prosa, pero en mi vida, descubrí la poesía y me ha llenado tanto por dentro que llegó a ocupar un sitio, que la novela, el cuento, o cualquier estilo, no ha sido capaz de llenar.
El lenguaje poético lo descubrí con Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, de Huelva. Andaluz. Y la poesía en sí me la descubrió Gustavo Adolfo Bécquer. Sevillano. Andaluz. Ya luego, fui leyendo más y más, de lo que mandaban en el colegio o caía en mis manos. Pero si tuviera que elegir una poesía que significara algo especial en mi vida, tendría que irme a buscar a Federico García Lorca. De Granada, Andaluz.
Los que me conocen, cuando he hablado con ellos de poesía, siempre digo que no soy Lorquiano. Me cuesta entender la poesía de Lorca. Me gusta su teatro. La Casa de Bernarda Alba es sublime. Pero hay un poema de Lorca que me llegó hasta lo más adentro. Quizás tenía mucho que ver con lo que estaba viviendo en aquella época. Me sentía acorralado. Lo estaba dando todo de mí, pero había descubierto que en el paraíso donde yo creía vivir existía la mentira y la maldad. En mi interior luchaba el quiero con el no puedo. El debo hacerlo con cómo sobreviviré sin ello.
Era esclavo de una persona, pero sobre todo era esclavo de mí porque no sabía controlar mis sentimientos. Un estado esquizofrénico que te hacía amar lo que te mataba, lo que te hacía daño.
En aquél tiempo, cayó, como por casualidad, ese Soneto de la Dulce Queja, de Federico García Lorca. Me identifiqué tanto y vi tanta belleza que se hizo la luz dentro de mi mente, y lo más importante, dentro de mi corazón. Dejé de ser una persona oscura para ser una persona de luz. Como los andaluces, como andaluz que soy. Hombres de luz que a los hombres, almas de hombres les dimos, que canta nuestro Himno de Andalucía.
Os dejo la luz del Soneto de la dulce queja, que ojalá os haga libres, si es que aún no fuera de esta manera, como Lorca hizo por mí.

Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.

Y aquí lo canta, Miguel Poveda

4 comentarios:

El dinosaurio dijo...

Sólo paso a darte un saludo y a decirte que me perdones si no paso como antes, pero sigo liado con los estudios.

Un abrazo.

Amig@mi@ dijo...

Citas dos de mis libros preferidos, Platero y yo, y las rimas de Becquer.
Los habré leído cientos de veces, y aún hoy de vez en cuando me acerco a ellos
Un abrazo

Mª Dolores dijo...

Has tocado mi punto débil, pues la poesía Lorca me entusiasma. El "Romancero Gitano" o la elegía "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", para mí son fantásticos.
Un saludo

Marcos dijo...

Maravilloso, enorme. Pa ponerse de pie y aplaudirle. El corazón en la mano y, a la vez, impecable en prosodia, metro y rima. Qué güeno, què güeno.