28 marzo, 2010

Pederastia.


No había contado esto nunca por aquí, la verdad es que tampoco me avergüenzo, pero bueno, con todo este follón que hay montado en la Iglesia Católica con el tema de la pederastia, se me viene a la mente y no paro de recordarlo.
Cuando terminé la EGB, tuve la mala fortuna (a la larga, fue buena) de que mi profesor tutor tenía metido en la cabeza que los hijos de los trabajadores no debíamos ir a la Universidad. Así, que a mí, que tenía muy buenas notas, y el trabajo de mi padre consistía en ser avicultor, cuidando gallinas, me aconsejó estudiar FP. De todas formas, gracias al trabajo de mi padre, hoy soy lo que soy, y la verdad, me siento muy contento, muy orgulloso, y no lo cambiaría por nada del mundo. Es más, si tuviera que elegir nacer y pudiera, le volvería a elegir cien mil veces como padre. Y quien conoce a mi padre, sabe que digo verdad.
Mi madre, dejándose llevar por los consejos de aquél tutor (un orientador escolar en 1980 era algo más que ciencia ficción) decidió que yo, con catorce años estudiara mecánica. Tenía su buena idea mi madre, porque muchos primos míos eran mecánicos y tenían trabajo. Lo que pasa que a mí la mecánica no me gustaba para nada.
Me matriculó en un centro salesiano, donde viví una experiencia ambivalente. Me gustaba la formación religiosa que daban. Yo siempre he sido muy beatillo, y a los catorce años, apuntaba maneras.
Me gustaba la manera de ser de los salesianos. Defendían mucho la alegría, no había nada de represión, ni de cosas raras. Yo me lo pasé bien. Iba todas las mañanas a una misa para niños a las que íbamos cuatro gatos, porque eso implicaba llegar media hora antes al colegio, que por cierto estaba en la otra punta de Jerez, tardando yo media hora andando en llegar. Pero no me costaba, en absoluto. Tengo suerte, no he sido perezoso jamás para levantarme. Me encanta levantarme temprano. Eso sí, mi siesta que no me la toquen.
Claro, la mecánica no me gustaba, me aburría, tenía un profesor de taller que era un ogro. Sabía mucho de mecánica, pero de pedagogía, nulo.
Así, que me declaré en huelga. No estudiaba. No hacía tarea, excepto dibujo técnico que me encantaba. Yo quería estudiar algo relacionado con el campo, pero como mi madre no me hizo caso. Pues nada. A hacer el vago.
Pero a mi madre no le cabía en la cabeza que yo fuera vago. Ella pensaba que era torpe, y con toda su buena voluntad, hizo caso a una amiga y me apuntó a un profesor de clases particulares.
Empecé a ir en verano, para ‘recuperar’ matemáticas, que en realidad no tenía que recuperar nada, solamente que no aprobaba porque no me daba la gana.
Pero bueno. Estuve yendo en verano y el maestro le dijo a mi madre que yo era muy listo. Pues vale. Yo veía algo raro en aquel maestro, que puntualizo, era muy religioso, pero no tenía nada que ver con la Iglesia. Muy severo con nosotros, nos reñía que daba miedo. Yo tenía entonces 14/15 años. Pero luego, hacía como el que se arrepentía y se volvía bueno de repente, muy tierno y muy simpático y le hacía carantoñas a todo el mundo. Menos a mí, porque la primera vez que me tocó di un respingo y es quien me conoce sabe que no soporto que nadie me toque (salvo las personas elegidas, jejeje).
Pues terminó el verano, y yo con mis artimañas que en otra ocasión contaré, conseguí matricularme en Agrarias, lo que yo quería y estudié Viticultura y Enología (ole el vino de Jerez, aunque a mí me gustaba más las viñas y esas cosas).
Surgió un problema, las clases ahora eran por la tarde. De tres y media a nueve y media de la noche. El maestro le había dicho a mi madre que era muy listo yo, pero que si seguía sin dar clases particulares me podía venir atrás, porque Agrarias era muy difícil.
Y mi madre, tan inocente, le creyó y me puso otra vez en clases particulares, pero de dos a tres y media, antes del Instituto. Y que pasaba, que entonces ibamos sólo tres niños, de mi edad.
Por aquel tiempo, un compañero se puso malo con mucha fiebre, estuvo ingresado y tal, y el maestro me contó que todo eso le había pasado por el desarrollo. Yo con quince años había leído lo suficiente, como para, aún estando en la edad del pavo, saber que me estaba mintiendo. Su obsesión era saber si yo estaba desarrollado.
Aquello me olía mal. Sabía que algo estaba pasando. Sabía que con mis compañeros pasaba algo también, pero nadie hablaba.
Un día me mandó a comprar una cocacola, y mandó a los otros compañeros por otra cosa. Cuando entré en su despacho, me lo encontré con los pantalones bajados, con su cacharro fuera y me dijo: Ves, yo estoy ya desarrollado. No te de vergüenza o algo así.
Yo cogí mi vespino y desaparecí. Me harté de llorar recuerdo escondido en un sitio donde nadie me viera.
Decidí que no podía volver allí, pero claro, tenía un problema. El recibo. Mi madre me daba me acuerdo tres mil pesetas, que por aquél entonces era un pastón, y luego yo le daba el recibo. Si a final de mes, yo no le daba el recibo a mi madre, ésta podía pensar que yo me había quedado el dinero. Y ni por nada, se me pasaba por la cabeza el contarle lo que había pasado. Mi hermana, que entonces tenía 22 años, le decía a mi madre: Mamá, ese maestro no me gusta. Pero mi madre la pobre, quería lo mejor para mí.
Llego final de mes y tuve que ir a pagar por el recibo. No me dijo nada, me cobró el muy sinvergüenza y ya no volví hasta el mes siguiente, que sería noviembre.
Me puse a estudiar como un loco. Sabía que si yo demostraba que no era ‘torpe’ mi madre me quitaría de las clases particulares. Además, jugaba un factor importante, me encantaba lo que estaba estudiando.
Tenía muchas asignaturas, y cuando me dieron las notas, mi madre por poco se cae de espalda: yo había sacado diez sobresalientes, dos notables y un suficiente (el suficiente en gimnasia jajaja). Mi madre me comió a besos y yo le dije, mamá, ya no me hace falta maestro. Mi madre dijo que maestro más bueno (y yo para mís adentros gruñendo) y fue a darle las gracias, sin mí, claro y ya no volví más.
Pasó el tiempo, varios años, hice la mili, volví de ella más espabilado (no por el arte militar, sino por haber aprendido a valerme por mí mismo) y un día que iba por el Centro de Jerez nos encontramos a aquél maestro. Yo tendría ya veinte años así. Mi madre lo saludó y yo me quedé callado. Mi madre me miró y me dijo: ¿No saludas a Don ....? Y le dije, yo en plan borde (que quien me conoce sabe cómo soy cuando me pongo en ese plan), pues no. Entonces el maestro dijo: ‘Será que no se acuerda ya de mí’. Y le dije: Pues claro que me acuerdo. Me acuerdo de cada momento perfectamente’. Entonces, el maestro se calló. Y nos fuimos.
Mi madre muy seria luego me preguntó: ¿Por qué le has dicho eso? Y yo le dije: Por nada, mamá. Mi madre me dijo: cuéntame que es lo que te pasó, que a ti te pasó algo. Y entonces, lloré todo lo que no había llorado antes. Y se lo conté.
Mi madre también se hartó de llorar, diciéndome que por qué no se lo había dicho entonces y también autocastigándose por no haberse dado cuenta de lo que me estaba pasando, a pesar de que mi hermana la avisaba.
Le dije que yo entonces no me sentía con fuerzas para contarlo.
Yo no la culpo, era otra época. Y ahora, con todo lo que he aprendido, yo sé que en el fondo yo me sentía culpable, y esa fue la razón por lo que no lo conté. En aquél tiempo no se podía denunciar. Y hoy, han pasado ya casi treinta años, ni hay pruebas ni siquiera sé si ese hombre sigue vivo o no.
Hoy, cuando escucho todo estos casos de pederastia, me imagino lo que pueden estar sufriendo las víctimas. A fin de cuentas, a mí no me pasó nada. Pero ¿y a quien le pasara? ¿qué habría sentido? ¿cuánto habría sufrido? No me lo quiero ni imaginar. Si yo cada vez que escucho un caso de esto, me acuerdo de toda esta historia ¿qué no recordarán quienes sufrieron en su carnes alguna desgracia de éstas?
A los que me leáis, que seáis padres, tened por favor confianza con vuestros hijos. Que si les pasa algo como me pasó a mí, o como ha pasado a otra gente, que vuestros hijos tengan la tranquilidad de poder contarlo a vosotros. Que no les pase como a mí.
Que no os vean como una barrera, si no como unos amigos al que le cuentan sus problemas sin temor a un castigo.
Entiendo que educar no es fácil, pero esto es primordial.
Ayer, leía que el actual Papa había encubierto los abusos sexuales a 200 niños sordos. A eso no hay derecho. Eso es una aberración. Como católico me avergüenzo del Papa que tenemos por haber encubierto semejante acto. No me cabe en la cabeza que se pueda consentir algo así. El Papa no sólo debería dimitir, debería, al igual que los curas pederastas, que tan culpables son los que hacen actos pedófilos como los que sabiéndolo, lo callan, debería, digo, dejar los hábitos. No se merece representar a Cristo. Es un disparate. Y los curas de hoy, tienen un gran problema. Porque cada cura silencioso que no condene en voz alta la pedofilia, se convierte en sospechoso de encubrimiento, aunque no hablen solo por cobardía ante lo que puedan hacer sus superiores jerárquicos sin son críticos con la Iglesia.
Hablen con sus hijos, con sus hijas, protéjanles, la confianza entre padres, madres, hijos, hijas es la mejor arma para combatir a estas bestias.

20 comentarios:

Agata dijo...

Ojú,hijo.Qué experiencia más mala.Lo siento por tí y por la pobre de tu madre cuando se enteró.Malditos estos monstruos.
A mis hijos les hemos dicho que hay gente mala por ahí.Muchas veces no son extraños.Que nos cuenten lo que sea.Que ellos no son los culpables de lo que pasen.Son los "monstruos" los culpables.
Y créeme,yo sería capaz de matar al monstruo que se atreva a hacerle algo a mis hijos.

Thiago dijo...

Es terrible lo que cuentas... yo tuve mis problemas en el colegio de monjas... y con un profesor civil tb. Aunque no me supuso ningún trauma. Parece que trabajar con menores puede tener sus riesgos, pero en caso de los religiosos más. Tú ya sabes lo que opino, una iglesia formada por hombres célibes vestidos de mujer que no pueden tener esposa ni vida sexual no puede ser sano. Por eso la pederastia que pude ser una lacra de toda la sociedad es especialmente grave entre los religiosos.

Yo veo mucha hipocresía,como siempre, en esto. Yo soy gay, y creo firmemente que el PAPA tb. lo es, por que me funciona el radar gay y no hay mas que ver a su secretario. Pero una cosa es ser gay, otra cosa es ser pederasta. Y lo peor, es que muchas veces los que mas critican y mas dicen que hay que castigarlos y tal, son los peores. Ahi es donde veo la hipocresia. Pero no puedo dejar de pensar que todo el "montaje" de la Iglesia con los niños (colegios, horfanatos, etc) ha estado siempre pensado para satisfacer sus bajos instintos.

Y como dije en algún sitio, el gimnasio ese de Canarias donde habia abusos hoy está cerrado y su responsable en la carcel... ¿Y la iglesia? nada, abierta, celebrando el domingo de Ramos... Es incríble.

Bezos.

Isabel dijo...

Afortunadamente, tú eras mas fuerte de lo que son muchos crios a esa edad, y te comiste el problema para no dar un disgusto a tu madre. Son muchos los educadores, sobre todo religiosos, que han abusado de su condición y a sabiendas de que muchos crios no tenían valor para contarlo en casa. Yo tuve una experiencia que me marcó, con una monja, y aunque no la dejé que se pasara de la raya, fué tanta mi decepción que jamás he podido olvidarlo, y no tenía por entonces, mas de 10 años. No lo conté en casa, no se lo conté a nadie.

Amig@mi@ dijo...

Es como tú dices problema de información. En donde menos te lo esperas...
Mira, estaba yo un día de mayo en la playa tomando el sol y se me acercó un tío y a una destancia de unos 30 metros se puso a hacerse una paja mirándome.
EN MEDIO DE LA PLAYA.
La verdad es que del tema de la iglesia no puedo comentar, porque a ciencia cierta no se puede saber nada. Pero el tema vende y por eso se airea.
En todos sitios cuecen habas Alfonso, cierto que en este caso el escándalo es mayor, pero el pecado el mismo.
Un abrazo y, siento tu experiencia.

Antonio dijo...

Yo estudié en un colegio salesiano. No sufrí personalmente ninguna agresión pederasta, pero conocí algunos casos. Los recuerdo perfectamente.

josep estruel dijo...

Alfonso, es una experiencia muy desgraciada la que pasaste. Muchas veces he pensado que aquí en españa algún dia también empezaran a salir casos como en todos los lugares.
Se habla mucho de que si los curas pudieran casarse todo esto se terminaría. Sin embargo yo no estoy demasiado de acuerdo, porque es cierto que no se han casado pero si van con señoras, y sin embargo siguen siendo lo que son.

En final de tu denuncia, o sea, tu consejo a todos, dice mucho de ti Alfonso. Eres una gran persona.
Un abrazo.

belijerez dijo...

Cada vez merecen menos mis respetos mucha gente de iglesia, entre ellos el papa y el cura de mi barrio.

belijerez dijo...

Por cierto acabo de acordarme de una profesora, no monja, del cole donde estuve que tuvo problemas con una de las niñas......uf que follón se formó.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Como bien dices la única solución es la denuncia, que más puedo decir que ya no se sepa. Pero es duro para el que le pase... Un saludo.

Isol dijo...

Te puedo asegurar que vivir esas experiencias te marca de por vida,que el sentimiento de culpa no solo te destruye,sino que baja tu autoestima al punto de permitir luego que todo el mundo te dañe simplemente por sentir que eres nada,que es muy dificil superarlo,que hay mucha gente que no lo supera nunca,y que esta cruz de ser violentado en la etapa más tierna de la vida te impide confiar en la gente,que uno lucha por salir y sale,de la mano de gente maravillosa que te ayuda,y con profesionales que te acompañen,porque lo primero que hay que desterrar es el sentimiento de culpa,el reconocer que uno en su inocencia fué manipulado por otros,y que es victima 100%.
Esas experiencoas te hacen distinto,incluso aunque cuentes las cosas de grande es poca la gente que te comprende,ya que se estigmatiza a la victima,este tipo de daño es tan en la intimidad de uno que viene el juicio de los demás a hundirte aun más,es verdaderamente muy duro.
No comprendo como una persona que dedica su vida a Dios puede hacer esto,y como la iglesia lo puede encubrir,me dá rabia,y nunca podré comprender el porque si los niños son lo más sagrado ,esta gente debería estar muy lejos de la iglesia y sin embargo alli los tienen los re ubican y siguen jodiendo niños.
Como mamá tambien puedo decirte que pude hacer que mis hijos confíen en mi y cuando pasaron cosas ,me las dijeron a tiempo ,siempre hago saber a mis hijos que existen personas que pueden parecer buenas pero que ocultan malas intenciones,que nunca acepten guardarme un secreto,que las cosas buenas nunca están ocultas.
Este tema para mi es muy doloroso e indignante,desearía que ningun niño en el mundo sufriera semejante daño,un abrazo Alfonso y buenas noches.

SCHEVI dijo...

Has sido muy valiente contando esto, Alfonso. Haces bien. Estas barbaridades no deben quedar impunes, las haga quien las haga. Ese es el problema. Los que pedían cadena perpetua para los chorizos de las 3000 viviendas, se callan ahora cuando los más de 3000 sacerdotes son los acusados de estos crímenes. No se puede callar.

La semana pasada leí que el exorcista del Vaticano culpaba de estos abusos a la infiltración de enviados del diablo entre cardenales y obispos. Su estupidez les acusa aún más. El muy tonto ha dejado a la jerarquía eclesiástica a la altura del betún: resulta hora que quienes eligieron al papa no lo hicieron por designio divino (como ellos creen), sino demoníaco...El ridículo de sus exucusas es con esto mayúsculo.

Enhorabuena, de nuevo, por tu valor, sigue así. Un saludo.

S. dijo...

Que se encubran a los cabrones estos,que digan que hay que ser indulgentes con los pecadores...
La doble moral que llevan con estos casos...
Les cortaba los huevos,a todos los que abusan de los niños.
Un besito y gracias por contar tu historia

Pimpf dijo...

He entrado aquí casi por casualidad por ser fan de Alf, y ohh, sorpresa!! Lo he dicho ya no en se que blog, no es suficiente solamente una disculpa, lo primero una disculpa clara, nada de literatura barata de la que están haciendo, y después una denuncia como un castillo, por parte de la Iglesia, de uno y cada uno de los casos de pederastia que se conocen, ni traslados ni pollas, denuncia y a juicio cada uno, primero que cumplan las leyes terrenales, y después, ya volverán a ser juzgados, el día del juicio final.

Yo, por suerte, he estudiado siempre en colegios de grati, en la pública de toda la vida, y por suerte, no me he encontrado nunca con un especimen de estos, pero me parece muy fuerte.

Bicos ricos

Gracia dijo...

Jo! Alfonso, menuda historia. Qué pena que no pudieras confiar en tu madre en el momento en que sucedió todo, pero te entiendo, cuando eres niño te resulta muy dificil hablar con los padres. Y en cuanto a tu profesor... ojalá no existieran personas así, los niños no deberían sufrir ningún maltrato. La pederastia es algo tan horrible que no debería quedar impune.

Satie dijo...

No sé qué decir, aunque el abuso haya sido "leve" algo así marca. Sobre todo en determinadas edades. Lo que me come la moral es pensar qué tipo de mundo hemos creado para que haya personas así.

AROBOS dijo...

Yo estudié en un colegio salesiano. No sufrí personalmente ninguna agresión pederasta, pero conocí algunos casos. Los recuerdo perfectamente.

(Por error me salió un perfil que tengo en desuso)

El Titanic, también se hundió dijo...

Conozco a un cura, que creo es una excelente persona y un estupendo conversador que me ofrece innumerables razonamientos acerca de asuntos en los que no estoy para nada de acuerdo. Esta es la persona.
Por otra parte, estan los curas, la iglesia, he aqui la gente. Pocas instituciones pueden ser mas odiosas que la iglesia. Si ellos quemaban en la hoguera por no comulgar con sus creencias... ¿que tendriamos que hacer con los curas pederastas y los que los encubren, el Papa incluido?

Alfonso dijo...

Gracias por vuestros comentarios... lo que más me asusta, es que la mayoría conocéis casos... es demasiado común esto por desgracia :(

Ramon.Eastriver dijo...

Me has dejado de piedra. Entro en tu blog por primera vez y me encuentro con esto... Impactante. Y totalmente de acuerdo contigo. Pero ahora eres un hombre inteligente que habrá superado todo aquello. Además somos casi de la misma quinta... (tú me ganas, por poco).

Anónimo dijo...

La "mala fe" de la Iglesia Católica , Apr. 27 , 2010 , La Tercera de la Hora Chile

A pesar de su orientación religiosa, espiritual y social, la Iglesia Católica es, ante todo, una organización política que entiende los códigos del poder y las comunicaciones como instrumentos para mantenerse en pie. De lo contrario, no habría podido continuar incólume durante 2 mil años luego de los sucesivos errores y abusos que ha cometido en todo este tiempo.

Su reacción frente a las múltiples denuncias sobre actos de pederastia protagonizados por sacerdotes católicos y que se han venido conociendo en los últimos lustros en distintos países, es una muestra de las dos herramientas que utiliza esta institución para escapar del escrutinio público y mantener cautivo a sus fieles: el silencio y la impunidad.

Confundir actos delictivos con simples faltas o pecados no es una maniobra deliberada de omisión -al menos no para esta institución-, sino que una flagrante burla a la justicia civil, al anteponer sus normas canónicas por sobre las que nos rigen al resto de los mortales.

El llamado realizado por las máximas autoridades de la Iglesia Católica local , Chile , a efectuar este tipo de denuncias ante la entidad eclesiástica y no ante los tribunales ordinarios, es una actitud temeraria que demuestra una carencia de voluntad para esclarecer hechos de esta naturaleza en sus propias filas.

Está demostrado fehacientemente que las acusaciones que se canalizan a través de la propia iglesia terminan en archivadores sin ningún resultado concreto, lo que es previsible cuando a quien se inculpa es juez y parte en la causa; pretender lo contrario es pecar de inocente.

El caso de Marcial Maciel aquí en Chile es una clase magistral de cómo actúa la Iglesia Católica ante situaciones como éstas y su incapacidad para tomar medidas a tiempo, bajo la lógica de minimizar el daño a la imagen corporativa de la organización, pero colocando en riesgo a otras potenciales víctimas de abusadores que se esconden tras una sotana para cometer aberraciones.

Los casos que han salido a la luz pública se deben exclusivamente a la valentía de algunas víctimas para denunciar y al trabajo de investigación desarrollado por los medios de comunicación, y no a la iniciativa propia de la Iglesia Católica para depurar a su estructura de estos malos elementos.

Los cuestionamientos a la entidad eclesiástica no se refieren a los eventuales casos de pedofilia, ya que muchos de ellos no se han confirmado, sino que a la conducta previa de la organización, de minimizar las denuncias y no colocar a disposición de la justicia regular los antecedentes de las acusaciones que reciben. El juicio es hacia la “mala fe” de la iglesia por su actitud de desprecio sobre la “fe pública” que depositan en ella gran parte del mundo católico.

A estas alturas, pedir perdón es el piso mínimo de contrición que se le puede exigir a una institución que dice ser la portadora de la verdad universal y de la condición humana, cuando el daño que se ha causado no sólo atenta contra las víctimas de los abusos, sino contra los propios dogmas de la entidad religiosa.

De ahí que centrar el debate en torno a la necesidad de mantener o eliminar el celibato no tiene relevancia alguna respecto a lo medular del proceso que está en juego: hacer de la Iglesia Católica una institución transparente, alejada del sectarismo y el secretismo medieval con que se desenvuelve en pleno siglo XXI.