12 febrero, 2010

Mentiras


Lo más importante en un medio de comunicación, ya sea escrito, radio o televisión es la credibilidad. Escuchaba un anuncio de un programa de TV de Cuatro, en el que se refería a unos alumnos que se iban a matricular en la Facultad de Ciencias de la Información. El que les atendía le pregunta que a qué especialidad se querían apuntar: a ser periodistas de derechas o de izquierdas. Y no le faltaba razón.
Yo entiendo que las empresas de comunicación son empresas y están para ganar dinero. Entiendo que tengan sus líneas editoriales. Entiendo que los periodistas escriban artículos de opinión. Y que si eres de derechas escribas en un sentido y si eres de izquierda escribas en otro. Para eso tenemos el derecho a la libertad de expresión. Puedo llegar a entender que una empresa de comunicación se sienta más cómoda con un partido en el poder, ya sea estatal, regional o local, que con otro. Entiendo que haya empresas que ganen más dinero con la publicidad de unas administraciones que de otras, y que se dediquen a darle 'caña' al que no le conviene, porque son empresas con afán de lucro y lo que quieren es ganar dinero.
Pero lo que no entiendo, ni comparto ni tolero es la mentira en las noticias.
Demasiadas veces tengo conocimiento a través de algún medio de una noticia, que cuando la contrasto y por casualidades de la vida, compruebo personalmente lo que pasó, descubró que es mentira.
Opinar es un derecho. Pero mentir en una noticia es imperdonable. Sobre todo, porque la persona que pone su nombre debajo y la empresa que lo permite pierde algo muy importante y que decía al principio: la credibilidad.
Entonces, no es extraño que los periódicos te tengan que regalar películas, ollas a presión o maquetas del titanic para venderlo. Y tampoco es extraño que la radio informativa se escucha cada vez menos. Que los jóvenes escuchen los mp3 y no las radios. Y que la televisión sólo sirva para ver las películas del dvd o a Belén Esteban.

2 comentarios:

Satie dijo...

Uyyyy, menudo melón. La verdad es que cada vez es más complicado para un periodista mantener la independencia a no ser que lo haga por amor al arte.

Abilleira dijo...

Lamentable, pero absolutamente cierto.