
Ayer lo hablábamos en la radio. Cómo han cambiado los tiempos.
Antes, cuando yo era jovencillo mis amigos iban a mi casa de vez en cuando, a mi madre no le molestaba. Hoy entiendo que así conocía con la gente que yo andaba, y yo creo que eso es bueno.
Pero hoy, con internet, con sus buenas cosas y sus malas cosas, hace mucho más difícil esto. Cuando somos adolescentes somos muy celosos de nuestras intimidades. Empezamos a tener secretos, sobre todo, con nuestros padres. Hoy, como digo, es sumamente difícil para unos padres conocer a los amigos de sus hijos. A los físicos, sí, porque están al lado, pero ¿y a los ciberamigos?
No hace falta que el niño se meta en algún sitio raro. Es que los nosequenombreponerles estos son los que se acercan a ellos. Me enteré de que el presunto asesino de Mari Luz, ya había entrado en contacto con una niña a través del messenger haciéndose pasar por otra niña.
Son peligrosos. Muy peligrosos los pederastas. Porque no van con un cartel puesto dando pistas, no. Se visten muy bien, hasta de curas, como ya sabemos por desgracia, si no que le pregunten ahora al arzobispo de Los Angeles.
Aún se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo cuando tenía 14 años y en el Cine Delicias me persiguió un distinguido señor por toda la sala. Sentándose a mi lado como si cualquier cosa. Comentando la película hasta que le pedí que se callara y me fui a otra butaca. Viendo como me buscaba hasta encontrarme. Sentir como se sentaba al lado, hasta que me puso la mano en la radio. Como tuve que ir sin aliento y aterrorizado, sin salirme la voz del miedo, buscando al acomodador para que me ayudara. Como tuve que salir huyendo del cine, y como el distinguido señor me persiguió con su traje de chaqueta bien planchado, y como corrí, madre mía, como corrí por la Asunción para que no supiera donde vivía. Corrí hasta que me quedé sin respiración y le perdí de vista.
Y como llegar a casa y no contar nada, porque entonces esas cosas no se contaban, no salían en las noticias. No era malo ser pederasta.
Pero no se me ha olvidado la cara del cabrón. Hoy quizás esté ya muerto y arda en los infiernos.
Ojalá que Marta aparezca pronto. Sus padres tiene que estar pasándolo rematadamente mal.



















