23 diciembre, 2009

Cuento de Navidad.


Nadie sabe exactamente en qué momento aquél hombre, en nombre de Dios, robó la Navidad. Sabemos que un día dijo que él era el representante de Dios en la Tierra. Que para entender a Dios, antes había que escucharle a él.
Se vistió como un Rey y se hizo un palacio a semejanza del de Herodes. Y comenzó a robar.
A las mujeres les robó la dignidad. Les quitó sus derechos. Las hizo sentirse inferiores y esclavas del Hombre, del macho dominante.
A los que le ayudaban ingenuamente en sus labores de representante de Dios, les robó el amor, les robó su familia y les quitó el poder de tener una propia, para poder disfrutar de sus herencias cuando murieran.
A los pobres les quitó lo poco que tenían: sus ideas. Les tergiversó las palabras del Maestro, y les dijo que debían seguir así para ser santos porque Dios lo quería. Que eran bienaventurados porque eran pobres y que por tanto, nunca deberían dejar de serlo.
A los distintos, a los que tenían otra manera de pensar, les robó la libertad. Los encarceló, y a algunos los quemó en la hoguera, para purificarlos.
A los homosexuales les quitó el derecho a amar, los condenó a la ocultación y la invisibilidad, y a los que se repuchaban, les amenazó con el fuego eterno.
A los extranjeros, los condenó a volver a sus países. Los quería allí, para él poder ir a visitarlos con sus cámaras de televisión. Y les puso nombre: les llamó Tercer Mundo.
Robó, robó y robó, a mucha gente, a muchas personas.
Su palacio estaba lleno de riquezas, de brillos y de perfumes. Y se dio cuenta que no le cabían las cosas.
Entonces, tuvo que vender, y vender, y vender. Y desde aquél día, la Navidad se convirtió en negocio, en trapicheo, en cambio de dinero similar al que se hacía en el Templo donde el Maestro dio los latigazos.
Pero estaba triste. Era representante de Dios y estaba triste. Había una cosa que no podía comprar. Estaba muy alta. Estaba muy lejos. Inalcanzable. Y era esa puñetera estrella que salía y brillaba en Navidad.

El Dios de los pobres, el Dios humano y sencillo. El Dios que suda en la calle. El Dios de rostro curtido va a nacer. Y por eso le hablo yo, así como le habla mi pueblo. Porque es el Dios obrero, el Cristo Trabajador. Y le pido, ¡identifícate con nosotros!. No con la clase opresora que exprime y devora a la Comunidad, sino con el oprimido, con el pueblo mío sediento de paz. Con estas palabras de Carlos Mejía Godoy, os deseo una feliz nochebuena y una Navidad que se convierta en semilla de liberación. En fuente de realidad. Mira la Estrella. Feliz Navidad.



5 comentarios:

elisa...lichazul dijo...

MUCHAS FELICIDADES!!!

que el Señor siga bendiciendo toda tu vida y toda tu casa
que lluevan alegrías y salud
que el amor sea un canto lumínico cada despertar
son mis deseos para compartir en estas fechas y siempre.=)
muakismuakis Alfonso querido

MIGUEL ANGEL dijo...

Bonita historia de Navidad. Feliz Noche Buena Alfonso. Un abrazo.

belijerez dijo...

Felicidades.

Amig@mi@ dijo...

Me sabía parte de la misa campesina con la guitarra, de echo alguna vez la canté...
"obreros y campesinos con el pan y el vino te ofrecemos hoy, los chirimoyos y almendros que montaña adentro nuestra tierra dió...)
Tengo lagunas, pero algo recuerdo ;)
graciasssssssssss

Alafia dijo...

Un bonito cuento,
pudo pasar así,
el caso es que la Navidad
ya no es Dios en el pesebre,
se ha manipulado la esencia
del mensaje que se nos dio.
Que disfrutes estos días
en familia y con los seres queridos.
Un abrazo