09 diciembre, 2009

Asesinos de Truchas

(Benamahoma, foto tomada de la web, si alguien es su dueño, que me lo diga)

El otro día hablaba de viajes. Y se me olvidó decir una cosa, que a veces, para viajar, no hace falta irse tan lejos. Yo tengo una gran suerte. Vivo en la provincia de Cádiz, en el sur de España. Tengo el mar a veinte minutos de mi casa. La Sierra a una hora, y la nieve un poco más allá, a tres horas. Tengo campo. Tengo montañas. Tengo el mar. Y sí, vivo en un sitio privilegiado, menos cuando nos castiga el viento de Levante, que gracias a él y todo hay que decirlo, ha impedido que esto se convirtiera en lo que es ahora la Costa del Sol, en urbanizaciones, me refiero. Hay playas inmensas y naturales. Por ahora. Por gente para echar basura habemos a montones.
Pero bueno, disfruto también a través de internet de los viajes cortos. En esta ocasión no con cámara web, si no con fotografías y las magníficas descripciones que nos hacen desde el blog Entorno a Jerez
Hoy les he escrito un comentario que os voy a contar aquí también. Nos hablan los amigos de este blog de la aldea de Benamahoma, un pueblecito pequeño, perteneciente a Grazalema, donde he ido muchas veces. Está en plena sierra, pasando El Bosque (no olviden visitar el Blog de Arobos). He subido andando por la ribera del río, en coche,... muchas veces. La entrada al pueblo es muy empinada. Una vez iba yo con mi renault cinco llenito de mi familia. Todos de bien comer. Y subiendo la cuesta: plas, se me para en medio de ella un burro. Dios. El burro quieto. Claro él era de allí, yo no. Y allí parado yo como si tuviera un semáforo rojo. Señor burro quítese. Ni caso. Hasta que se fue. Y no veáis para arrancar el coche y que no se me fuera para atrás con la cuesta dichosa. Freno de manos y para arriba.
Y llegando al pueblo hay una fuente de agua riquísima y fresquita que viene de las montañas más altas de la provincia de Cádiz, y a continuación está El Nacimiento, del que hablan en Entorno a Jerez tan bien.
Una vez estuve en Benamahoma de camping. En tienda de campaña. Y por la noche, con mis amigos, tendría yo unos veinte años o así, decidimos bajar a la piscifactoría que tiene el río que pasa por allí para comprar unas truchas, hacerlas a la brasa en un pequeño fuego. Típico total. Camping. Hoguera. Un palito con el pescado al fuego, cual neardenthales. Pues bien. Bajamos. Un señor estaba en la piscifactoría. - Nos da cuatro truchas por favor. - Sí. Tomen ustedes. Y nos la dió. Cuatro truchas. VIVAS. Ahgg. Dios, nos miramos mis amigos y yo a la cara, y con las truchas saltando en las bolsas subimos al camping.
¿Quién las mata? Yo no. Yo tampoco. Ni yo. Pero no la vamos a asar vivas. Qué va. Animalitos. Qué hacemos. No sé. Y las truchas entre estertores, nos miraban pidiendo oxígeno. Ay Dios, yo no puedo mirarlas. Ni yo tampoco. Animalito lo que están sufriendo. Esto no puede ser real. Quillo, yo me hago vegetariano. Por Dios, mira si tienes los ojos blancos ya. Y esa tiene los ojos vueltos, por Dios, qué dolor más grande. Y así estuvimos mirando hasta que murieron. RIP. ¿Los animales muertos no se comen, no? No, tienen que ser matados. Pero bueno, éstas han muerto como matadas, por axfisia. ¿Qué cruel, no? ¿Qué hacemos? Pues yo no me la como. Joé, si es que le he cogido hasta cariño a las dichosas truchas. Bueno...
Y cogimos los cadáveres y los enterramos, con su cruz y todo. Luego, cantamos la canción de Roberto Carlos, esa de El Progreso, de que yo quiero ser tan civilizado como los animales. Así, con ese entierro, lavamos nuestras culpas, y pedimos el perdón de nuestro pecado. Asesinos de truchas.
Desde entonces no como nada que haya visto vivo antes. Ni nada que tenga forma. Usted póngame la pata de un jamón que me la como. Pero no me ponga el cochinillo entero que me da pena. Hipócrita que es uno. Sí. Mea culpa. Mea culpa.
Aquella noche de Benamahoma nos acostamos sin cenar, con la conciencia sucia y fatal. Al otro día, nos comimos una ensalada. ¿Oye, por qué lloramos con las cebollas, no serán que padecen cuando las cortamos y por eso nos hacen llorar? Anda niño, pela, come y cállate ya.

12 comentarios:

belijerez dijo...

Oye pues yo he visitado el cementerio de Benamahoma y es precioso, también. Respecto a tus "comilonas" te has vuelto tiquizmiquis.

Saludos.

frantic dijo...

Yo soy vegetariana desde hace quince años aunque, a veces, cuando salgo por ahí y por no marear a quien va conmigo, transijo en comer pescado.

Pero me has hecho sonreír porque yo tampoco he sido capaz de comerme nada que haya visto antes.

Aún recuerdo unas navidades en Montoro, hace más de treinta años, en que a mi padre le regalaron un pollo de corral para la cena. Estuvo el pobre pollo en un balde durante varios días y, al final, fue mi madre la que tuvo que matarlo porque a mi padre le daba pena. Eso sí, esa nochebuena todos cenaron pollo menos yo. Mi madre me acabó dando una tortilla francesa y una loncha de jamón de York.

MIGUEL ANGEL dijo...

Vaya la verdad que es triste lo que cuentas. Es más yo que ustedes las habría echado al agua. Da igual donde fuera pero que no le faltase el oxigeno hasta llegar a un lugar donde poderlas soltar.
Esto me trae recuerdos de un perro, a quien quise mucho, y que me tuve que distanciar por motivos de estudio. El pobre animal se me murio de pena. Jamás me olvidaré de él.

arobos dijo...

Gracias por la mención. Por otra parte, de la trucha lo mejor es lo que le meten dentro o le ponen encima, es decir jamón.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Benamahoma es uno de los pueblos de la sierra de Cádiz que más visito y lo que cuentas sigue sucediendo con las truchas, pero no se realmente que contestarte, porque no es muy agradable ver un animal morir asfixiado aunque después te lo comas.... un saludo

Arantza G. dijo...

La verdad es que son bastante insípidas.
Te djo un montón de besitos llenos de cariño.

Amig@mi@ dijo...

¿Y por qué no las tirasteis de nuevo al agua?
No eres tan bicho raro, a mí me pasa igual, eso de llegar a una marisquería y que te enseñen las cigalas vivas me empuja a pedir calamares fritos, jaja ;)
Abrazos

Juanjo dijo...

Jajaja... Has conseguido arrancarme un par de carcajadas... ¡Qué ingenioso!

Saludos.

S. dijo...

sí que tienes suerte,y yo tambien porque vivo cerca de cadiz y cada vez que puedo me escapo a recorrer sus senderos...

S. dijo...

por cierto,yo no hubiera podido matarlas

Satie dijo...

Bonita anécdota, que me recuerda algo que alguien me dijo una vez, todos queremos comer cochino y nadie quiere matarlo.
Por cierto, nieve en la Sierra de las Nieves, más cerquita, tenemos todos los años.

Isol dijo...

Me hiciste recordar a una visita a mis tíos en el campo,que viene mi tío y me lleva a elegir un ternerito y yo creyendo que me lo regalaba para que sea mi mascota elijo el más bello,entonces mi tío me dijo que bien es tiernito que buen ojo sobrina! vamos a carnearlo,me lloré todo y desde entonces no como más que carne de vaca que supongo vieja ,jejejeje,sin ver las formas porque no puedo,y a veces pollo o algo de filet de atun no puedo comer nada más,aunque cuando hay hambre pues como lo que venga,ejemplo en estos días perdices y viscachas que cazó mi esposo.
Tu relato me trajo tantos momentos a la cabeza,yo tambien renegué con un burro empacado en medio de una cuesta,y vi como mi esposo trataba de que no nos vayamos para atrás.
Tu relato me resutó genial,me hiciste reir mucho de las pobres truchas y de ustedes,jejejeje! gracias lo pasé genial en tu blog! te mando un abrazo!