17 septiembre, 2009

Faros.

Soy un enamorado del mar. Tengo la suerte de tenerlo cerca. A quince minutos de mi casa. En uno de los post anteriores hacía un símil con un faro.
Los faros son algo que han llamado particularmente mi atención desde siempre. Me gusta verlos en la costa. Desde Jerez, desde las lomas cubiertas de viñedos de la zona norte, por la carretera que se dirige hacia la marisma del Guadalquivir, en Trebujena, cuando hace oscuro y las luces de la ciudad lo permiten, se ven las ráfagas de luz del faro de Chipiona, un verdadero monumento.
He dormido junto al faro de Mazagón, en las bonitas playas de Huelva. Veía a través de la tela de mi tienda de campaña, la luz. Unas veces más fuertes, otras veces más suaves. Medía su cadencia. Ningún faro brilla igual que otro, ni da los destellos a la vez. Así los marineros saben, desde antes de divisar la costa, donde se encuentran. Hoy, con el GPS todo es distinto, pero no por ello dejan de ser necesarios y embellecen nuestras costas.
En el castillo de San Sebastián, en Cádiz conozco otro faro, que marca las líneas de la bahía, y compite con otro que hay en Rota. Y 50 ó 60 kms más al sur, nos encontramos al imponente faro de Trafalgar, puerta del Estrecho de Gibraltar, en el Cabo del mismo nombre, testigo de aquella batalla donde Nelson, Gravina y tantos dejaron su vida por Francia, por Inglaterra y por España.
Los faros. Recuerdo la figura del farero encarnado por Pepe Isbert en la película Calabuch. A veces lo pienso. No me importaría ser farero. Si tuviera mi internet, mi radio, mi televisión, mis libros... no me importaría vivir en un faro, aunque estuviera en medio del mar. Escuchar todo el día el mar. Esperar a que me llegara una barquita a traerme los víveres. Poder salir de vez en cuando a pisar tierra firme. Pero volver. Volver a esa columna de piedras y luces que es capaz de atravesar noches oscuras, mojadas de lágrimas de mar.
¿Hay algo tan bello como escuchar el rumor de las olas, el chocar del agua contra las rocas, el graznido de las aves acuáticas? ¿Hay algo más bello que ver la silueta de los barcos en el horizonte, el Sol hundiéndose en el mar o sentir la brisa húmeda que parece que te besa en tu cara?
Ando enamorado del mar. Y extasiado viendo una y otra vez este vídeo de un faro iniesto en plena tempestad en la bretaña francesa. Los faros, esos apéndices de tierra, que son capaces de unir el cielo y el mar, con tal de salvar a la marinería.
También hablan del mar Silpana y Blas de Lezo.

8 comentarios:

Norber dijo...

Alfonso,
Amo el mar. Con la bella melancolía de tu relato me transportaste a él. A mi no me queda tan cerca, vivo en la montaña, en Los Andes. Pero la situación es privilegiada también, al Este el Atlántico, al Oeste y mas cerca el Pacífico, y no puedo pasar mucho tiempo sin escucharlos, olerlos, presentirlos.
Y tampoco me importaría ser farero. Transmitir un programa de radio desde allí, como en alguna película vi!.
Gracias.
Un abrazo.
Norber.

Rukaegos dijo...

Seguro que te gustaría la obra de un pintor cántabro, Eduardo Sanz, obsesionado por los faros y por las olas (según las temporadas). Ahora se exhibe su colección de arte, precisamente, en el Faro de Cabo Mayor, el que alumbra el acceso a Santander.

Angie dijo...

Un video espectacular! Me ha impactado la visión (sobre todo, del primero, por ser el primero que ha salido) del primer faro, cubierto por el fuerte oleaje.

Es impresionante la braveza de los mares! Nunca deja de maravillarme (y, a veces, de horririzarme, claro, cuando causa efectos catastróficos)

Besos. Angie.

Colo dijo...

Cada vez que te visito te encuentro renovado! Qué lindo!
Y este post me ha encantado especialmente!

Besotes

arobos dijo...

Yo, marinero en tierra.

Satie dijo...

¿Qué tendrán los faros que cusan tanta fascinación? Me ha encantado tu escrito. Enhorabuena.

Hisae dijo...

Los faros siempre me atrajeron. No sé por que... pero son como unos símbolos mudos... una gran presencia...

Arantza G. dijo...

Siempre me han gustado.
Aunque una vez alguien me dijo que el motivo de mi encantamiento con los faros era porque necesitaba un guía en mi vida, ja,ja,ja. Luego me di cuenta que quería serlo él.
Besos