Cuando me desperté, vi el cielo azul de verano. Me llegaba al rostro el frescor proviniente de las riberas del Dniéper. ¿Cómo me encontraba allí de pronto? Mirando una ciudad desconocida y ante un río de aguas heladas que huían de la fría Rusia para morir, y con qué mala suerte, en el Mar Negro.
No. No podía saberlo y quizás no llegara a saberlo nunca. Anduve perdido por la desconocida calle, hasta que sin darme cuenta me encontré girando y girando en un autobús, como si por un mina de mercurio, abierta al aire, se tratara.
Mi cuerpo seguía a la vista de todos, inerte, pero a mí, Europa me recorría la piel.
La calle en la que me encontraba era bulliciosa. Me llamó la atención la puerta de la Iglesia protestante cerrada. Al lado, como siempre, y como había visto tantas veces, se encontraba la tienda de todo. Esa tienda donde podías encontrar lo inimaginable. Aunque me costaba entenderme con la tendera. Era alemana y allí se hablaba alemán. Y yo de alemán, nada.
Caminé por la acera abajo, entre la gente que iba y venía en un run run. Un remolino humano. Qué pasa. Nicole Kidman, con su extraordinaria altura y su belleza natural sonreía por la calle. Lo que yo no vea...
Me paré. De pronto, me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Entre en un restaurante donde una chica vestida con un traje típico, limpiaba la puerta. Entré. En la barra había varios hombres tomandos unos vasos de vino. Y dentro, el señor que les servía. A lo lejos, por la cristalera, entre los visillos, me pareció descubrir la Torre Eiffel. Entonces, me salió:
- Monsieur, s'il vous plaît, vous me pouvez dire oú est-moi? dans quelle ville?
- Estás en París, pisha. ¿No lo ves?
Me sorprendió el pisha. ¿Cómo había sabido que era español?
- Hablas tan mal el francés, que se nota a la legua que eres de Jerez.
- ¡Oh! ¡de Jerez!
Al fondo del pasillo se encontraba el enano torero que siempre me daba miedo. Tenía que ser uno de los sótanos del hospital. Me apresuré a huir entrando en los ascensores grandes, esos, donde caben las camas. Y subí a la cuarta planta.
Allí, en la cama, estaba mi cuerpo inerte a vista de los otros.
Entré en él como en otras veces, y me di cuenta de qué no pudo ser. Vi como mi cuerpo reaccionaba y los médicos y el personal de enfermería acudía. Me reanimaba. Abrió los ojos y mi cara sonrió.
¡Se ha salvado!
Mientras yo, aterrorizado, me di cuenta desde la altura de la habitación en la que me encontraba flotando que me habían robado el cuerpo, y que eso de hacer viajes astrales era muy peligroso. Le dije al que estaba en el interior de mi cuerpo que saliera, que era mío.
- El que fue a Sevilla, perdió su silla. Y me guiñó. Haz tú lo mismo. Yo estuve trescientos años perdido y ahora esto es mío. Búscate la vida, en el sentido más literal de la palabra.
Y aquí estoy. Flotando en el ciberespacio, mirando a través de tu monitor, o tu pantalla, viendo cómo me lees, pendiente de ti, esperando que te despistes, y me dejes tu cuerpo, libre.
No. No podía saberlo y quizás no llegara a saberlo nunca. Anduve perdido por la desconocida calle, hasta que sin darme cuenta me encontré girando y girando en un autobús, como si por un mina de mercurio, abierta al aire, se tratara.
Mi cuerpo seguía a la vista de todos, inerte, pero a mí, Europa me recorría la piel.
La calle en la que me encontraba era bulliciosa. Me llamó la atención la puerta de la Iglesia protestante cerrada. Al lado, como siempre, y como había visto tantas veces, se encontraba la tienda de todo. Esa tienda donde podías encontrar lo inimaginable. Aunque me costaba entenderme con la tendera. Era alemana y allí se hablaba alemán. Y yo de alemán, nada.
Caminé por la acera abajo, entre la gente que iba y venía en un run run. Un remolino humano. Qué pasa. Nicole Kidman, con su extraordinaria altura y su belleza natural sonreía por la calle. Lo que yo no vea...
Me paré. De pronto, me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Entre en un restaurante donde una chica vestida con un traje típico, limpiaba la puerta. Entré. En la barra había varios hombres tomandos unos vasos de vino. Y dentro, el señor que les servía. A lo lejos, por la cristalera, entre los visillos, me pareció descubrir la Torre Eiffel. Entonces, me salió:
- Monsieur, s'il vous plaît, vous me pouvez dire oú est-moi? dans quelle ville?
- Estás en París, pisha. ¿No lo ves?
Me sorprendió el pisha. ¿Cómo había sabido que era español?
- Hablas tan mal el francés, que se nota a la legua que eres de Jerez.
- ¡Oh! ¡de Jerez!
Al fondo del pasillo se encontraba el enano torero que siempre me daba miedo. Tenía que ser uno de los sótanos del hospital. Me apresuré a huir entrando en los ascensores grandes, esos, donde caben las camas. Y subí a la cuarta planta.
Allí, en la cama, estaba mi cuerpo inerte a vista de los otros.
Entré en él como en otras veces, y me di cuenta de qué no pudo ser. Vi como mi cuerpo reaccionaba y los médicos y el personal de enfermería acudía. Me reanimaba. Abrió los ojos y mi cara sonrió.
¡Se ha salvado!
Mientras yo, aterrorizado, me di cuenta desde la altura de la habitación en la que me encontraba flotando que me habían robado el cuerpo, y que eso de hacer viajes astrales era muy peligroso. Le dije al que estaba en el interior de mi cuerpo que saliera, que era mío.
- El que fue a Sevilla, perdió su silla. Y me guiñó. Haz tú lo mismo. Yo estuve trescientos años perdido y ahora esto es mío. Búscate la vida, en el sentido más literal de la palabra.
Y aquí estoy. Flotando en el ciberespacio, mirando a través de tu monitor, o tu pantalla, viendo cómo me lees, pendiente de ti, esperando que te despistes, y me dejes tu cuerpo, libre.

8 comentarios:
www.lt8.com.ar pag. web
mail del programa: noche@lt8.com.ar
Te quiero mucho amigo!!mañana te lei, recién llego de una muestra de arte, me falta hacer la torta para el programa, HOY VA UN ESPAÑOL
que está de visita. besossssssss
Atención: ni bién entrás a mi blog, al costado izquierdo tenés las fotos de dos micrófonos, pinchá allí y entras a la radio . jaaaaaaaaaaaaa un abrazo
uy, con lo que a mí me gusta viajar. ;)
Un placer siempre...viajar!!
Un beso grande
el que se fue a sevilla (acá es melipilla) perdió su silla,
pero el que llegó de las mechas los sacó jajaja
muaksiitos picarones jajaja
Viajar es acompañar con los sentidos el camino...siempre encontrarás a alguien para que te detengas. Seguir es un desafío
Te mando un abrazo. Anna.
Bello texto de bellas palabras qye cantan sonidos que te salen del alma
Acabo de entrar por primera vez aquí y me está gustando el panorama.
Espero que estemos comunicados.
Te enlazo en mi blog con permiso...
Saludos
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