29 agosto, 2009

¿Por qué no voy a llorar también por ti?



Tal día como hoy, 28 de agosto, cuando escribo esto, pero de 1981, nacía uno de los mejores amigos que he tenido en la vida. Era peludo, bajito, con bigote y rabo con un lunar negro en forma de rosca. Se llamaba Mipe, y durante los once años que estuvo conmigo, fue nada más y nada menos que mi perro. Pero ese 'mi', no lo entiendan como posesivo.
Su nombre fue fruto del azar provocado por el hocico de un vecino pastor alemán. No, teólogo, no. Un vecino perro también, pastor alemán.
Cuando llegó a casa hecho una bolita marrón, no tenía nombre. Mi hermana y yo teníamos múltiples opciones, así que decidimos que lo mejor sería escribir todos los nombres posibles en papelitos de papel, ponerlos en la acera, y Kazán, que así se llamaba el pastor alemán, no el téologo, eligió un papelito donde ponía Mipe, de 'mi perro'. Nombre sencillo, para qué más.
Dicen que los perros terminan pareciéndose a los amos. Nervioso como yo, se quemó el rabo múltiples veces con la estufa, se tragó otras tantas los ovillos de lana de mi hermana cuando hacía costura, tenía que hacer pipí a solas, si no, no podía, era así de tímido. Y un poco perezoso, en vez de levantar su pata sobre la farola, se echaba él sobre la farola, y levantaba la pata contraria.
No hablaba, pero poco le faltaba. Miraba a los ojos como nadie y si me veía llorar o triste, me lamía la mano.
Eso sí había tres veces al día en que no eramos amigos. La hora de la comida. Sagrada. Era suya. Si me acercaba, me gruñía. Y si le quitaba algo, me mordía.
Salvo eso, siempre estaba conmigo. Me esperaba. Cuando me fui a la mili, dejó de comer. Y cuando regresé, al verme, se hizo pipí encima.
Murió de viejo, su raza, pekinés cruzado con caniche, no le dejó ir más allá.
Andan los restos de su cuerpecito, con sus pertenencias, su correíta y su cacharrito de comer y beber agua, enterrados bajo un olivo, al lado de un canal de riego.
Lloré mucho cuando se fue. Era la primera vez que la muerte me robaba algo querido. Aquél día que murió, en navidades, no pude ir a la catequesis, y cuando dije, llorando, que no había podido ir porque se me había muerto mi perro, me dijeron que por los animales no se llora. Que se llora por las personas.
Luego con el tiempo, descubrí que sí, que se llora por las personas. Y tanto que se llora. Yo ahora lo hago todos los días un ratito, por mi madre, por mi hermana. Pero también descubrí que hay personas que no le llegan a la altura de las pezuñas a los animales. Por eso, hoy, si me lo permiten, voy a llorar un poquito por mi perro, porque él también tenía derecho. Let it be sonaba en la televisión mientras Mipe volaba al cielo de los perros, que espero que sea el mismo que el de la personas para volver a jugar juntos.

7 comentarios:

Maripaz Brugos dijo...

Jo,me has hecho llorar Alfonso con el precioso relato de Mipe...

Con qué ternura lo has contado.Me ha encantado el pequeño homenaje que le has rendido.

Yó te permito llorar por tu perro.Una persona que tiene sensibilidad y corazón con los animales, lo tiene también con las personas. Tú, lo demuestras doblemente. Por un lado,lloras a tu madre y hermana, pero tambien recuerdas a tu perrro.
Te envio un cariñoso abrazo y mi amistad y mi cariño.

Nerina Thomas dijo...

Eres mi amigo!! y no esperaba otra cosa, que contaras con la sensibilidad con que cuentas, con la luz que te caracteriza y el amor universal que te destaca.
Eres mi amigo del alma!!
Qué más pedir?
Buen domingo y sigue siendo feliz!!
tqm.

Miguelo dijo...

joooo que entrada mas tierna! yo nunca he tenido perro, pero me imagino cuanto se les puede llegar a querer.

Óscar Pardo de la Salud. dijo...

Alfonso es un comentario precioso; desde luego que se llora por las personas, pero también por los animales.
Hacen muchas compañía y al final son uno más de la familia.
Yo he tenido varios perros, gatos, y canarios, y cuando mueren te quedas echo polvo, además los echas de menos en todo aquello que te acompañaban.
Seguro que estarán en ese cielo que describes, ojala así sea.
Un saludo cordial desde Valencia, con un calor que no veas.

Moncho López dijo...

Lo siento, yo también tengo perro y espero que viva muchos años. Un abrazo.

Abuela Ciber dijo...

Precioso tu homenaje.........

Por acá con tres hijos te imaginas hemos tenido un sin fin de mascotas.

La ultima Blaki, fina ella,je je, ovejera de manto negro, murió hace tres años y por el momento se acaboooooo de mascotas.

Cariños

Angel dijo...

¡Qué lindo panel!
A mí me ocurrió lo mismo con mi perro. Nunca más he querido tener otro. Fué tal el disgusto cuando lo perdí, que no he querido hacerme con otro perrito.
Es increible lo que se puede querer a un animalito tan fiel.
Un abrazo.