20 junio, 2009

Yo fui un chico invisible.

Hoy, Regino se ha ganado a pulso el estar aquí. Pocas veces copio y pego. Hoy lo hago, no por flojera, ni porque no tenga otras cosas que escribir. Lo hago por necesidad. Porque siento como necesario que todos los homófobos que me visitan de vez en cuando en este blog, conozcan como son sus latigazos, sus efectos y los daños que producen en las personas.
Y siento necesario, que las personas de buen corazón que me visitan, conozcan este testimonio.
El del bloggero amigo del norte, Regino, que hoy, por lo menos a mí, me ha dejado con un nudo en la garganta.
.


Yo fui un chico invisible. Durante muchos años, durante mucha vida, intenté resistirme o negar lo que mi corazón, mi cuerpo, mi cabeza sabían desde bien pequeño. No podía ser homosexual, no quería serlo. Y de alguna manera, una parte importante de lo que viví aquellos años fue mentira, un engaño para todos los que compartieron conmigo su tiempo, su afecto. Cuando no pude resistir más, cuando me rompí en dos, hubo aún mucho tiempo de mentira, de engaño, de vida a dos tiempos. No era el mismo con mi familia o con mis amigos de siempre, que con aquellas personas que me había ido encontrando cuando ya una parte de mí se negaba al secreto y trataba de vivir conforme a su entidad global. Todavía hoy hay demasiados silencios con algunas personas importanes, todavía hoy me duele ser consciente de que mi padre se murió sin saber quién era yo, y mantengo la duda y el miedo acerca de la que pudiera haber sido su reacción.
Algunas veces, cuando gays y lesbianas hablamos de estas experiencias se nos tacha de victimistas, como si más allá de evocar nuestros propios lados oscuros, la parte difícil de nuestra memoria viva, tratáramos de despertar una lástima para así dominar el mundo e imponernos a los "normales". Pero no hay mucho de eso. Sobre todo porque los que hablamos abiertamente ya desconocemos a la persona que fuimos cuando vivíamos encerrados en un viejo armario.
Quiero decir que yo me recuerdo como un niño bastante feliz, como un adolescente bastante feliz (si es que es posible hacer casar adolescencia con felicidad), como un joven bastante feliz. No sufrí acoso en mi colegio ni en mi instituto, no fui agredido o humillado en mi casa. Tal vez no tenía pluma, o no la suficiente, y no se me percibía como gay en una sociedad no demasiado hostil pero fría y recelosa. Había insultos como maricón por cada esquina, había chistes de mariquitas a cual más grotesco. Y yo me reconocía en ellos, me sabía uno de ellos, y recibía consciente cada punzada que nacía de mis amigos, inconscientes de daño que estaban provocando.
A pesar de todo, viví con bastante naturalidad. Supongo que fui bastante raro en todo lo demás para que ciertos comportamientos poco reglados no extrañaran tanto. Y como era torpe en educación física y jugaba fatal al fútbol, era normal que fuera uno de los niños que en el patio jugaban a otras cosas mezclándose con las niñas (ventajas de un colegio mixto). Y como se habían puesto de moda los muñecos para chicos, pues mi pasión por los geyper man parecía lógica mientras yo me bañaba con un par de ellos y desarrollaba ese morbazo que me siguen dando los machotes de uniforme. Como desde niño escribí poesía y desde niño toqué el piano, como sacaba buenas notas, se me permitió siempre ser pelín rarito. Y hasta formé siempre parte del grupo de los "populares" (según los criterios de teleserie adolescente norteamericana). Puede que sólo mi manía de recortar fotos de chicos guapos en las revistas avisara en mi casa de que algo "no funcionaba" bien y empujara a mi madre a preguntarme con cierta hostilidad qué hacía yo con aquella colección de recortes.
Era diferente por las noches. Cuando descubría mi incipiente sexualidad y la asociaba a un reino prohibido. Cuando trataba de negar el primerizo amor por Geni o José Ramón y me empeñaba en disfrazarlo de amistad. Cuando quería morirme después de mi más bien tardía primera experiencia sexual.
¿Qué hubiera cambiado en mi vida si hubiera sido plenamente el niño que habitaba en mi corazón, el adolescente que hubiera podido quedarse tonto ante otros adolescentes y de hacer corazoncitos en los cuadernos al lado de las fotos de Starsky, el joven que hubiera aprendido a ligar, a tontear, a sonreír en la playa o en la discoteca? No lo sé, y no lo sabré nunca.
Cuando por fin salí del armario, cuando por fin pude armonizar mi vida y mi deseo, era ya tarde. Me había hecho tímido, me costaba sonreír, acercarme a un chico y decirle que me gustaba, me costaba desnudarme, acercarme a otro cuerpo aunque fuera para tomarle de la mano o darle un simple beso. Mi educación sentimental era nula y mis días de gloria estaban ya muy pasados. No fue culpa de nadie, pero tengo hoy la sensación de que una sociedad que me hizo invisible, que me encerró en mis miedos, que no me permitió tener referencias positivas, que me culpabilizó y me condenó al silencio me robó los años más importantes de mi vida. Esos que no podrá nadie ya devolverme.
Sabéis que me gusta escribir un artículo en mi blog cada mes de junio para hablar del Orgullo LGTB, de lo que hemos conquistado y lo que nos queda por recorrer. Así que este año he querido hablar de nuevo de mi vivencia privada para poder gritar fuerte el lema con el que tantos colectivos saldremos a la calle en toda España. Por una Escuela Sin Armarios. Porque no tenemos derecho a robarles un solo minuto de sus vidas a nuestros niños, adolescentes y jóvenes lgtb. Porque es responsabilidad nuestra que habiten espacios amables y seguros, donde crecer amando y sonriendo. Porque quiero seguir inundándome de ternura y de envidia cuando veo chavalitos o chavalitas que viven ya por fin su sexualidad sin barreras, con valentía y naturalidad, sin miedo a nadie.
Porque se lo debo al niño que no pude ser, al adolescente que no pude ser, al joven que no pude ser.
A esos pequeños Reginos que nunca existieron.

Del blog Un Santander Posible.

Y actualizo. No se pierdan este vídeo. Visto en El Coronel.


11 comentarios:

El Peregrino Ruso dijo...

me ha impresionado

Jesús dijo...

Sinceramente, me he quedado sin palabras....

Nerina Thomas dijo...

Te quiero mucho "amigo del alma"!!
Eres libre y eso me hace feliz. Eres tú mismo y con eso me basta.
un abrazo

Ana dijo...

Pues ellos se lo pierden Alfonso, porque no hay nada más sublime que la sensibilidad de los homosexuales.

Voy a su blog.

Bs

Efigênia Coutinho dijo...

El blog de Alfonso Saborido

Muy bon, yo vou seguir esto Blog, con admiración, deste Brazil,
Efigênia Coutinho
Escritora

Jose dijo...

Gracias por este articulo y por el video, creo que somos muchos los que nos hemos sentido identificados con él.

Saludos desde Córdoba.

Agata dijo...

No es justo lo que Regino pasó ni lo que siguen pasando tantas personas.Eso de ser invisible no es humano.

Arantza G. dijo...

Increible.
Sin palabras me he quedado...
Por tí chico invisible, porque has sabido superar las sombras.
Un beso grande.

REVUELTA dijo...

Lo importante es la persona, la diversidad nos hace ser únicos y los prejuicios nos atrofian. Es admirable tu escrito. Sigue tu trayectoria y sé feliz
Un beso

§♫*€lisa*♫§ dijo...

wowooww


me dejáste pa'dentro!!
Excelente post!!!

muchos muakismuakis pa'ti
que tengas una semana redonda y armónica:=)

Rukaegos dijo...

Muchas gracias a tod@s por vuestros comentarios. Como digo en el artículo, no es una experiencia especial, no me acosaron, no me persiguieron ... pero incluso asi la invisibilidad, la imposibilidad de ser quien sabes que eres te destruye.

Eso fue hace mucho tiempo. Hoy vivo fuera del armario, trabajando por la igualdad, con mi pareja y tratando cada día de no perder más horas de mi vida. Gracias a toda la gente que tengo cerca y, milagros de la técnica, gracias a mucha que ni siquiera sé dónde está ... como vosotr@s