30 junio, 2009

Ese mar que nos salpica.

Allá por los 90, hubo una explosión en una alcoholera en el Puerto de Santa María, a 14 kms de Jerez, que se sintió en muchos kilómetros a la redonda. Se produjo un gran incendio, creo recordar que hubo alguna víctima humana. En Jerez, yo lo sentí. Un estampido. Como un portazo. Ese viento que va y viene de golpe y que no sabes que es, pero tienes la sensación de que algo extraño había pasado.
Fue en verano, no recuerdo la fecha, pero al domingo siguiente fui a la playa, a las Redes, en el Puerto de Santa María. Después de estar muy gustosamente todo el día en la playa, a las cinco de la tarde, tuvimos que salirnos. Una gran mancha de peces muertos se dirigía a la playa. Peces que provenían de la contaminación del río Guadalete por el vertido de alcohol de la explosión.
Nos quedamos todos los bañistas en la orilla viendo el dantesco espectáculo y soportando el mal olor que traía. De pronto, era como si la naturaleza se hubiera muerto.
Se me quedó grabado en la memoria, sí. Fue la primera vez que vi – o percibí – a la Naturaleza, verdaderamente enferma.

Este fin de semana, no fueron peces los que llegaron muertos a la costa de mi tierra. Fueron personas. Inmigrantes que llegaban muertos en una patera o a merced de las olas. Como los peces. Muertos por la contaminación de la guerra, de las dictaduras, de los absolutismos, de las injusticias.
Y allí, estábamos los españoles en la orilla, con nuestras sombrillas, nuestras tortillas, nuestras sandías, y los muertos. ¿Podría decir 'nuestros muertos? ¿o no lo son porque vienen de fuera?

De nuevo, el mar vomitó, y de nuevo, me doy cuenta de que no es la naturaleza en sí, la que está enferma. Es una parte de la humanidad que estando enferma, mata. Mata al pobre. Mata al que no puede. Mata a fin de cuentas, a los de siempre.

Ese vídeo que está abajo lo grabé yo. En uno de mis sitios favoritos, fue el año pasado. El Cabo de Trafalgar, donde tantos murieron en 1805 luchando entre ellos. Franceses, ingleses y españoles.
El Faro de Trafalgar, que sigue siendo testigo de la muerte. Enhiesto como un ciprés en la puerta de un cementerio. Frente a frente a ese océano azul.

Cuando estoy allí, miro al frente, cierro los ojos y me creo volar alto. Pienso que sería posible si tuviese vista de halcón adivinar que detrás de la línea del fino horizonte se encuentra América, con mis amigos, con sus historias.

Y en medio, el mar. De espuma blanca. Tan poderoso en cantidad de agua, que puede difuminar todo el rojo de la sangre que hay vertida en él, sin que nos demos cuenta que con cada ola, nos salpica.


9 comentarios:

Maripaz Brugos dijo...

Alfonso, precioso el vídeo y emotivo tu escrito ...Duro, muy duro, lleno de la humanidad que te caracteriza.

Gracias por compartirlo y deseo con todo mi corazón, que se cumplan tus sueños mirando el mar.

María dijo...

Preciosas imágenes las del vídeo, me gusta mucho contemplar el mar, que habla con el sonido de sus olas, que nos hace sentir y qué poco lo cuidamos.

Muy humanas tus palabras, y a la vez tristes, sentir que el mar vomita, que no sólo trae peces muertos, sino personas, me ha encantado este post, me ha parecido muy humano.

Mil gracias por esos versos tan bellos que me has dejado, porque la palabra es la última que se pierde, aunque a veces, también daña.

Un beso, amigo.

mia dijo...

Una realidad dicha

de manera que la vida

llama y reclama....

El mar,la mar...

si ya no existe la calma!


besos

El Coronel dijo...

Sin palabras, pero con mucha rabía.

belijerez dijo...

Estoy en la terraza, orientada a poniente, en la mañana miles pájaros disfrutan como yo del frescor de los árboles que me rodean. La suave brisa acaricía mi piel mientras leo tu blog en el ordenador portatil.

El mar fue nuestro primer líquido amniotico y para muchas personas que cruzan el Estrecho, bajo las garras de la pobreza, su feretro.

El incendio de la alcoholera lo viví muy de cerca, tanto que estaba en una casa enfrente aquel día, fue terribe.
El problema ecológico es una cuestión de justicia, las medidas que se tomen al respecto durante este siglo respercutirán en el futuro de una forma o de otra. ¿Acabaremos como los dinosaurios?

El Coronel dijo...

Ya somos dinosaurios, lo que ocurre, es que aún seguimos existiendo.

Blog de Paco Piniella dijo...

Tuve la suerte un día de dormir en el propio Faro, y ver la playa desde arriba, una zona de vida. Es muy dura la noticia de los muertos en patera llegando a esas aguas, muy duro.
Salud

§♫*€lisa*♫§ dijo...

alfonso querido

tu sabes que el mar es mi debilidad
y más encima pones video

me iría a ese paisaje ahora ya
esta ciudad ahoga y esclaviza

sus paredes se hacen cada vez más escarpadas y más difíciles para escapar.

muakisitos de luz
que tengas un día precioso!!!

Satie dijo...

Es una putada como pasa todo esto delante de nuestra mirada no siempre impasible.