22 marzo, 2009

No.

Aprendí a decir Mamá,
y no me costó ningún trabajo.
Ni papá ni Mari, ni nene.
No me costó.
Lo aprendí como tuvo que ser.
Tampoco me costó
aprender a escribir.
Mamá de nuevo.
En esta ocasión,
mi mamá me mima.
Y salieron a partir de ahí,
mientras iba creciendo y amando,
miles de palabras
habladas y escritas.
En prosas y en versos.
pero
¿sabes el día que fui más feliz?
El día en que aprendí a decir
NO
después de una vida entera
diciendo que sí.



No,
diguem no.
Nosaltres no som d'eixe món.

1 comentario:

Nerina Thomas dijo...

Cuesta aprenderlo, pero se llega a esa instancia por mil motivos. Muchas veces es "sano" decirlo.
La vida nos enseña "amigo del alma".Asi se crece y uno va transitando el camino mas liviano, al no hacerse cargo de lo que no nos corresponde.
Muy bueno lo tuyo.
Te quiero mucho