12 marzo, 2009

La presencia.


Esa noche, la persona con la que convivía y amaba tanto, había comenzado a trabajar en el turno nocturno. Se tenía que quedar sola. Sería cuestión de acostumbrarse. Cuando llegó la noche, se fue a la cama. Como un inmenso campo blanco, extenso, se acostó y se dispuso a dormir. Durmió plácidamente, no en vano, pensó 'toda la cama para mí.'

Se despertó alrededor de las cuatro de la madrugada. Tenía sed. Había comido unas cuántas galletas antes de dormir. Demasiado secas y ahora le pedía agua. Fue a la cocina. Bebió, y se volvió a la cama. Cerró los ojos. Y cuando estaba a punto de dormir, lo sintió. Algo había allí. En su cama. Con ella. No se movió. Su posición estaba dirigida hacia la ventana, dando la espalda al centro de la cama. Pero sabía que detrás suya, había algo. Algo caliente. Algo que respiraba suavemente. Se asustó, pero el pánico no lo hizo actuar mal. Se quedo quieta. Alerta.

Cuando se dio cuenta, el sol entraba por la ventana, y escuchó la puerta.

Quien ella amaba entraba por el pasillo, y ella, en milésimas de segundo, lo recordó todo, a la vez que saludaba al recién llegado.

- ¿Qué te pasa? Te noto nerviosa ¿qué te ha pasado, me quieres decir algo?

Ella sonrió, y actuó como todos los días. En su mente, quedó todo como lo que era, un mal sueño, una pesadilla. No debo comer galletas, pensó.

Llegó la noche, y se acostó de nuevo. Aunque la cama ahora no le apetecía tanto, pero ¡que oportunidad para dormir a la pata la llana!

Se acostó, la luna llena entraba con su luz tenue entre las cortinas. Ella permanecía con los ojos abiertos. Hasta que se durmió.

La despertó el chirriar de la puerta que estaba encajada.

Ñiiiccccc. Quién fuera o lo que fuera, se volvió a sentar en la cama. A ella se le erizaron los pelos de la nuca. Sintió el peso de un cuerpo meterse en la cama. Su respiración, otra vez. Su calor, otra vez. Entonces, ella lloró. En silencio. Tenía miedo, mucho miedo, tanto miedo que perdió el conocimiento por quedarse quieta. Para que no le hicieran daño. Para que no la mataran. Deseaba tener a quien tanto quería a su lado. Porque ahora sabía, que no era un sueño.

El llegó por la mañana, y la encontró llorando, pero ella no supo contar que le había pasado. El se preocupó. Habrá que ver que te pasa. Me estás preocupando. Ella lloró. Temblaba. Pero no podía hablar.

El pensó en no ir a trabajar, pero le era imposible. Prométeme que si te ocurre algo, avisarás como te expliqué aquella vez. Ella le dio a entender que sí, que lo haría.

Cayó la noche. No había nadie en la habitación, pero temblaba. Convencida de que la presencia regresaría.

Y regresó.

Mientras ella lloraba mirando los cristales de la luna menguante, sintió abrirse la puerta. Sentarse en la cama. La respiración. El calor.

Pero ahora fue distinto. Percibió un roce en su espalda temblorosa. Un calor en la nuca. La respiración cercana. Algo húmedo le tocó la piel.

Algo frío. Algo rasposo.

Se dispuso a morir. Quería que su último pensamiento fuera para él. A quien tanto amaba. Quien tanto le dió en su vida. Quien la salvó.

Y esperando la muerte, recibió el beso en la nuca y el abrazo de una pata amiga.
Tuvo valor, y se volvió.

El, Micifú, el vecino, estaba acostado en su cama y la abrazaba. La besó con su lengua rasposa de gato. Y en sus ojos, vió que él también la quería.

Ella sonrió. Y se sintió feliz y descansada. Quien iba a imaginar que un gato, se iba a enamorar de una perrita faldera como ella, luchando contra viento y marea, para cumplir su deseo. Dormir y amar con el animalito de sus sueños. Aunque fuera imposible. Aunque fueran gato y perra.

11 comentarios:

Laura dijo...

Fantástico Alfonso...qué maravilla, qué historia tan preciosa...misteriosa y hermosa a la vez...genial, genial, genial...guau, me ha encantado!

Ana dijo...

No hay palabras... ¡Que bonito!

Rukaegos dijo...

Me dice Glendamaría, la perruca de mi avatar, que te felicite de su parte. Las dos gatas que duermen encima de ella cada noche están de acuerdo :)

cynthia dijo...

quien dice que los perros y gatos no se entienden ??? jajaja


Bello relato, ja me ha sorprendido.

besos muchos.

§♫*€lisa*♫§ dijo...

ay alfonso

que ternura dentro de un relato crudo, salvada y querida, un final esperanzador.

Un abracito de luz

Angie dijo...

Muy chulo, me ha encantado! no sé por qué pero sabía que era un gato! lo que no sabía es que ella era una perra, jajaja... Pero muy bien, nos mantienes en vilo hasta el final.

Un beso. Angie.

Agata dijo...

Me engañaste...Eso pasa con los buenos escritores...

Ana dijo...

Preciosa historia...con un inesperado final.
Muchos besos.

Nerina Thomas dijo...

Me has tenido atenta hasta el final. Y sabes, no imaginaba el mismo.
Muy buen cuento, historia, "una imaginación de aquellas"!!!!
Genio y figura!!!así decía "mi Paca", la andaluza.
Mi cariño

Ruth dijo...

¡Buenas noches!

Cualquier cosa imaginaba que era, menos lo que realmente ha sido, que cosas estas del mundo animal, nos siguen enseñando siempre.

Un abrazote y voy a ver a mi gatita que la hemos operado, y a mi vera la tengo dolorida, pero conmigo siempre.

Colo dijo...

Un relato muy original... siempre logras atrapar nuestra atención!

Un beso