29 marzo, 2009

Disfraz.


Me fío de los curas de paisano. De los curas que siempre van de paisano. Porque suelen ser nobles, tener las cosas claras, son conscientes del pueblo al que pertenecen. Saben que son uno más, y que en las tareas de servir al prójimo, más que resaltar como el primero de la fila, prefieren ser el último, sin que nadie se de cuenta.

No tienen una vida cómoda, la tienen como la de cualquier obrero. A menudo, tienen que trabajar para vivir, pero no se aprovechan de sus circunstancias. No utilizan su condición de cura, para evangelizar dando clases de religión en colegios a cambio de un sueldo y sin aprobar unas oposiciones, siendo elegidos a dedo por el obispo de turno.

Para hablar con ellos no necesitas una cualidad especial. No te hacen esperar ni te ponen nervioso. Sólo, te dejan hablar. Y te escuchan. No te fallan.

No utilizan el sacramento de la confesión para manipular las conciencias de las personas.

Son las mismas personas de su barrio, la que se acercan a él para contarles sus penas, sus problemas.

A menudo paga recibos de luz, de agua. Y su parroquia suele ser democrática en la medida de lo posible. No sólo él toma las decisiones.

También me fío de los curas que van vestidos de cura. Ya sea de cleryman o de sotana. De los curas que siempre van vestidos de curas.

Porque aunque lejos de mi manera de entender la Iglesia, son sinceros con su conciencia y con los demás. Suelen ser homófobos, pero lo dicen y no se averguenzan. Asimismo suelen estar en contra del uso del preservativo, del divorcio y de la igualdad de la mujer en la Iglesia.

No les averguenza decir que son del esta corriente o de esta otra de la Iglesia. Y tampoco se cortan de hacer proselitismo. Están contentos con ser lo que son. No se ocultan. No te mienten. Son leales con ellos mismos, y por tanto, leales como los demás. Son admirables en ese aspecto, porque no engañan a nadie y están convencidos de lo que hacen.

Pero los que no me gustan, son los curas, que hoy me visto de paisano, y mañana me visto de cura.

Hoy soy superchupiguay y voy con sandalias, y mañana voy vestido de sotana negra como el carbón. Hoy soy megaguaysimpáticosuperjovenextramodenno y me baño en la misma piscina de campamento que mis catecumenandos pequeñajos y mañana parezco un ministro del siglo XVIII, eso sí, de negro, y con un anillo en el dedo para que lo beses, no porque quieras, sino porque quiero. Voy de paisano para parecer tan normal como tú, y voy de cura rimbombante para que sepas que no soy como tú, o mejor dicho, que tú nunca serás como yo.

A estos, les detesto y me dan miedo. Son lobos bajo la piel de cordero, porque nunca sabes en que momento, si cuando paisano, o cuando cura, tienen el disfraz puesto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial Alfonso. Se puede decir de muchas otras formas pero no tan claro. AGL

El Peregrino Ruso dijo...

Estas hablando de esterotipos, hay curas que siempre vamos vestido curas y no somos homofobos ni... Hermano no te dejes llevar por esterotipos.