08 febrero, 2009

Mi peludo amigo.


Hoy es domingo, hace sol, y si pudiéramos estar juntos, saldríamos al campo de nuevo.
Llegaste pequeñito, cabías en mi mano, liado en un trapo para no pasar frío. Naciste un uno de agosto de 1984 ¿qué cómo me acuerdo? Me acuerdo de todo de ti.
Tu primera bebida, que te dio mi tía, fue un vasito de leche. Supongo que no te hizo gracia separarte de tu madre, la Mica y de tu padre, el Poki. Pero por azares del destino, viniste a mi casa. A soportar mis quince años.
Marcaste tu territorio y te hiciste propietarios de tus pequeñas propiedades: tu cojín, tu correíta, y tu cacharrito de barro para comer. Poco a poco, y con disimulo, te hiciste dueño de los pies de mi cama. Y de mi falda, donde te echabas a dormir con un ojo abierto para controlar, mientras yo leía o veía la tele.
Las vibraciones de tu rabo era la fuerza de tu sonrisa. Cuánto más oscilaciones, más contento estabas. Si estaba quieto, cuidado. Te estabas enfadando y a punto de gruñir. Qué mal genio tenías cuando intentaba entrar uno en tu territorio. Pero te gustaba que te chinchara, lo sabes bien.
Aprendimos a jugar al esconder. Contábamos hasta diez e íbamos a buscarnos. Siempre me encontrabas, y eso que me dabas tiempo. Pero te hacías el remolón para que el juego jugara más. Yo, escondido debajo de la cama te llamaba: Mipeeeeeeeeeeeeeeeeeee. Entonces tú sabías que me tenías que buscar. Corrías de un lado para otro hasta que te parabas en seco. Yo veía tu sombra, y escuchaba tus olisqueos. Sabía que ya me habías pillado. Pero te quedabas quieto mirando para otro lado, hasta que de pronto, zas, me mordías un pie y corrías al lugar del principio para ganar el juego.
Luego era al revés, y tú tenías que esconderte. Me dabas motivos para amarte, porque me demostrabas que en el fondo eras un niño chico.
Te escondías debajo de la máquina de coser de mamá. Pero te dejabas el rabo fuera. Claro, pensabas que si no me veías, yo a ti tampoco.
Me gustaba tu inocencia.
Cuando fui a la mili, hiciste huelga de hambre por mí. Eso de estar un mes sin verme te repercutió en la salud. Pero cuando volví, todo pasó. Recuerdo que te hiciste pipí sólo al verme, corriendo de un lado a otro, en una maratón de fiesta de recibimiento.
Te compraste un reloj, nunca lo vi, pero sabías las horas perfectamente. Cuanto tenías que esperarme, cuando llegaba.
Y lo mejor Mipe, me mirabas a los ojos, me entendías. Te quedabas junto a mí, y te quedabas dormido. Entonces, yo sabía que no había peligros, que estabas conmigo.
Tanto me diste y tanto me amaste que me hiciste tremendamente feliz en los once años que estuviste conmigo.
Un día te fuiste y me dejaste desconcertado, porque ya no sabía que hacer con la última cucharada de yogur. Fuiste a dormir bajo un granado. En medio del campo, cubierto por la noche con el manto de estrellas que solías – tú también – mirar.
Hoy, suelo pasar por donde te quedaste, y miro de reojo. Pero ya no me duele como antes. Sé que nos estás allí.
Y no estás, porque supiste dar el salto. Arrancarte lo material para meterte dentro de mí.
Me dijeron cuando te fuiste que no se llora por los animales, sino por las personas.
Me enfadé mucho. Luego, con el tiempo, he llorado también por personas que se fueron, Mipe. Y el dolor, aunque distinto, no es más que el tuyo.
Te hiciste querer amigo mío y en domingo como éste, con el sol en el campo, te echo de menos, mi peludo amigo. Aunque hayan pasado los años.

8 comentarios:

Ana Belio dijo...

Jope Alfonso que tierno estás.

Que agradable leer estas cosas en un domingo.

Gracias.

Laura dijo...

Acabo de llegar de la calle con Bruno y Laura...y voy y me leo esto...uf... yo no quiero ni pensar el día que me falte alguno de estos dos "hijos" míos...de verdad...
yo también escuché de pequeña que no se lloraba por los animales...pero no hice caso, he llorado a todos mis seres amados, animales o humanos...
Un beso, el post es precioso...

Satie dijo...

Yo también echo de menos a la mía...

Agata dijo...

Siempre es bueno sacar lo que tenemos dentro.Y escribirlo reconforta mucho.

Hisae dijo...

Son parte de los recuerdos que guardamos. Algunos de estos recuerdos son imborrables...

Nerina Thomas dijo...

Qué maravilla verte así, tierno,es tu historia y por ende la mejor. La más bella, es el legado que vas dejando con tu accionar. Con tus gestos sanos, llenos de amor. Mira... con los animales y los niños. Como San Francisco de Asis!!
Sólo que no sé si él a veces, las secuencias de la vida política y humana lo pobían gruñon.
SÓLO ESTOY SEGURA QUE "MI AMIGO DE JEREZ" ES UN FENÓMENO.
Abrazos de una argentina andaluza!!

Gu1ta dijo...

cafa vez que cunetas historias de estas yo acabo llorando, lo sé antes de empezar, pero dale, me lo leo todo... ya no sé si abrazarte o darte un ubuntazo (suena a doloroso jajaja) besos

Nadie dijo...

Cuando se murió mi gato, Roni, sentí que perdía un pedazo de mi infancia con él.
Claro que se llora por animales. Sé que mis hijos lloraran cuando falten Numa y Spoonky.