02 enero, 2009

No llores como mujer ...

La rendición de Granada de Francisco Padilla, 1882.

No llores como mujer, lo que tenías que haber defendido como hombre.
Así, cuenta la leyenda que le dijo Aixa, a su hijo, uno de los personajes históricos mas a
dmirados por mí, Boabdil, el último rey nazarí de Granada.


Boabdil, Rey de Granada.
Postrado a la memoria de Boabdil

Se lo dijo en el momento en que Boabdil desde el puerto de montaña, conocido hoy como El Suspiro del Moro, miraba por última vez su paraíso: Granada.

Desde las cimas de Sierra Nevada y camino de Las Alpujarras, Boabdil y su comitiva escuchaban las campanas que desde la ciudad enamorada que cantó Antonio Gala, gritaban a los cuatro vientos, que Granada, por fin, era cristiana.

Hoy vuelvo a la ciudad enamorada

Donde un día los dioses me envidiaron

Sus altas torres, que por mí brillaron,

Pavesa sólo son desmantelada.



De cuanto yo recuerdo, ya no hay nada:

Plazas, calles, esquinas, se borraron.

Me engañó el corazón de la granada.



Cómo pudo callarse tan deprisa.

Su rumor de agua clara y fácil nido.

Su canción de árbol y verde brisa.



Donde pudo perderse tanto ruido,

Tanto amor, tanto encanto, tanta risa,

Tanta campana como se ha perdido.






Antes de abrir el día con su luz,


puedes oir decir su último adiós,

tiembla al hablar, tristeza hay en su voz,

tanto dolor me rompe el corazón.

Hay al final camino ya del mar,

como quien va y no ha de regresar,

así se fue, volviéndose hacia atrás,

alguien lo vió como un niño llorar.

Es tiempo está oscuro y sin su azul,

es el final, Alama se rindió,

cansado va ni aliento hay en su voz,

no hay solución y él bien lo sabe ya.

Habrá un lugar, en donde abrasa el sol,

para olvidar tanto como dejó,

mas no podrá y sin quererlo o no

se ha de escuchar entre sueños su voz.


Ay de mi noche, mi luna,

ay de mi mañana,

ay de mi valle, mi mora,

ay de mi Alcazabar,

ay de mi raza de llanto bañada,

ay de mi Sierra Nevada.

Ay virgencita cansada de voz apagada,

ay de mis álamos grises,

ay de mi agua clara,

ay decaente mi corto mañana,

ay de mi tierra cristiana.


Isabel la Católica y Fernando, tanto monta y monta tanto, ya estaban en el palacio rojo, en la Alhambra, residencia de los reyes nazaríes y joya del arte español. El monumento más visitado de España, y que por la falsedad de las encuestas de internet, no consiguió el título de Maravilla del Mundo. Ni falta que le hace. Quién la conoce, quien ha estado en la Alhambra sabe que es un sitio único, y que tarde o temprano tiene que volver.


Boabdil el chico, el desventurado, el andaluz rey al que las estrellas le decían – cuántas veces achacamos a las estrellas las voluntades de los hombres – que sería un rey triste y que el reino de Granada acabaría con él.
Y así fue. Las luchas intestinas que destronaron a Muley Asan, con la connivencia de Aixa, su mujer, para poner en el trono a Boabdil, sólo consiguieron dividir Granada, una parte para él y otra para su tío El Zagal. Todo esto debilitó el reino, El Zagal rindió vasallaje a los Reyes Católicos, y les ayudó a tomar Granada, a cambio de retener sus tierras y sus privilegios. Boabdil, defendiendo la ciudad de Loja, fue apresado y liberado luego con la condición de entregar Granada, cosa que no hizo.
Y eso que era amigo del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, pero no, no lo hizo. Y los Reyes Católicos construyeron un campamento en la hoy Santa Fe, para conquistar Granada. Como así lo hicieron, tal día como hoy.
El dos de enero de 1492, Isabel y Fernando entraban con sus campanas en Granada, destruyendo mezquitas y levantando iglesias, y Boabdil, no tuvo otra salida que rendirse, y entregar el paraíso.
Un gran momento histórico, que no sólo cambió los destinos de España como nación, sino del mundo. Por aquél tiempo, rondaba Granada, después de haber estado en La Rábida en Huelva, y en Salamanca, un tal Cristóbal Colón que al final de ese año de 1492, llegó a las costas de América. Pero esa ya es otra parte de la Historia.
¿Por qué recuerdo esto? Porque me siento muy orgulloso de pisar la tierra que piso. De ser andaluz, y de saber, que en estos mis campos, mis tierras, mis caminos, mis montañas, mis mares, pasaron tantas y tantas cosas.
No nos hace falta tener un gen especial. La historia andaluza es una Historia con mayúsculas.
Los moros desaparecieron, fueron expulsados. Al igual que los judíos. Boabdil murió en Fez, en el hoy Marruecos.
Sin embargo, la tierra que piso, la de Jerez, ya llevaba tiempo siendo cristiana.



Cuando en 711, Tarik decidió cruzar el Estrecho de Gibraltar para llegar a la Península Ibérica y conquistar las tierras de los visigodos, Jerez no era nada. Un simple castillo donde hoy se encuentra el Alcázar, y cuatro casas rodeándolo en lo que hoy conocemos como el Arroyo.
Fueron los árabes los que hicieron de Jerez una ciudad. Los que entendieron que sus campos eran muy fértiles, y que a pesar de las prohibiciones del Corán, se debía hacer el mejor vino del mundo: el de Jerez, el Jerez – Xéres – Sherry (y Manzanilla de Sanlúcar).
Cerca de Jerez sucedió la Batalla del Guadalete, comienzo de la Conquista musulmana, y en el 712, Musa conquista lo que era el Castillo de Jerez. Ya en 756, los jerezanos de entonces, ayudaron a la entronización de Abderramán I, califa de Córdoba, el emir omeya que pasó por Jerez, camino de Sevilla y de Córdoba.
En 1031, Aben Kazrun, que era el señor de Jerez, se declaró Taifa independiente, aliándose con las Taifas de Arcos y Ronda. En 1090, llegaron los almorávides, y en 1146, los almohades, construyendo la Mezquita que hoy es nuestra Catedral, se construye el Alcázar, que ilustra la portada de este blog, y llega un período donde Jerez, se gana su apellido De la Frontera, siendo mora y cristiana, dependiendo quien ganará en esos momentos las incursiones y las revueltas, hasta que el 9 de octubre de 1264, Alfonso X el Sabio, conquista definitivamente Jerez a los cristianos.



Y ahí es cuando empiezan a llegar nuestros ascendientes, los antepasados de los jerezanos que hoy habitamos esta ciudad. Mis ascendientes provienen de Galicia por un lado, y de Castilla por otro.
No llevamos sangre mora. En absoluto, aunque Jerez resume a musulmán en muchos sitios. Los expulsamos a todos y no quedó ninguno.
Pero quedaron quinientos años de historia, de personas que vivieron y pisaron las mismas calles del Jerez antiguo que yo. Personas que, siendo musulmanes, eran tan jerezanos como yo.
Ya, quizás me haya enrollado demasiado contando esta historia, que muchos sabríais. Pero a mí me emociona.
Algunos me acusarán en los comentarios de aniquilar la cultura musulmana, como no hace mucho me acusaron de expoliar América cuando el descubrimiento.
Yo no tengo la culpa. He nacido donde he nacido sin hacer nada para ello.
Pero me emociona. Saber que vivo en una tierra tan especial, por la que han pasado tantas y tantas culturas. Me alegro también de que fuera la Europa moderna la que se quedara con este trozo de tierra. Al Andalus alcanzó grandes cotas de cultura, pero luego se vinieron abajo, y sólo hay que ver Marruecos para pensar como hubiera sido el futuro de Jerez, de Andalucía, si la historia hubiera seguido ese camino. Tuvimos suerte, y nos llegó el Renacimiento. Hoy algunos, bueno algunos, no, la Iglesia, se otorga el poder de decir que las raíces cristianas de Europa, la hicieron florecer. Pues no. No pienso así. Hicieron florecer el arte. Es verdad. Pero la ciencia, no vino de la Iglesia. Al revés, siempre fue un cortapisas para el avance de Europa.
Y repito. Me emociono. Cuando salgo a pasear por estas calles del casco antiguo de Jerez, por las menos iluminadas. Toco sus paredes frescas, me deslizo entre sus calles estrechas, intuyendo el antiguo recorrido de los arroyos.
Me paro y me quedo quieto a pensar. Y me afino el oído. Detrás de los rezos de las monjas de los conventos del centro, aún queda de fondo un murmullo.
Se escucha en silencio, y recorre el cielo jerezano. Es la voz del muecín que alaba a Alá, el Clemente, el Misericordioso, y llama a la oración a todos los jerezanos...

3 comentarios:

Olga S.Isidro dijo...

Y en verdad te tienes que sentir orgulloso, orgulloso de tu sangre, de tu tierra, de tus ancestros y de toda la inmensa cultura que esta enraizada en esa bendita tierra, aun yo siendo del norte de España, siento vibrar en mi toda esa multiculturidad que existe – y de la cual deberíamos todos sentirnos orgullosos – pasear por mis venas, y mi único deseo es poder llegar a contemplar con mis propios ojos las maravillas que dejaron en Granada y Córdoba, y en otros sitios, los orfebres musulmanes.
Gracias Alfonso por dejarnos ver un poquito de vuestra historia.
Un cariñoso abrazo.

Mario dijo...

Como te has trabajado el post, Alfonso. Que bonita la historia y más teniéndolo ante tus ojos...

SCHEVI dijo...

Muy bueno, me ha inspirado un post.