19 enero, 2009

El destino


Las calles estaban mojadas. Se escuchaban sus tacones con prisas. Al volver la esquina, la vió a lo lejos. Su misma ropa. Su misma figura. Era igual que ella. Idéntica. Entonces, la siguió y se vió a sí misma subir a aquella casa.

Abrió la puerta y le pidió perdón. El la miró y se abrazaron.
La puerta se cerró y ella no supo nada más.
El destino se había cruzado. Se había desdoblado. Ella era feliz dentro. Pero se encontraba en la calle, mirando la escena despavorida.
Tenía que elegir. Las calles estaban mojadas. Como su mejilla.
Y el tren, como el destino, no pasa dos veces por tu vera.






6 comentarios:

cynthia dijo...

Solo una mirada una vez un destino.. una mirada una calle mojada como el alma....
Elecciones de vida... un suspiro un recuerdo.. o la entrega misma...

besos muchos.

Nerina Thomas dijo...

A....bueno!! Cómo estamos hoy!!!!
Un relato que hace pensar. Reflexionar. Estar atento.
Por aquí el tren no ha pasado, tan sólo micros y en contramano amigo!!
Dile a "La Princesa" que en unos minutos llego, a llevarle arroz con leche con canela,que espero sea de su agrado.
Un abrazo de oso para todos!!

Agata dijo...

Yo creo en el destino.Pero no hay que llevarse toda la vida esperándolo.Yo vivo el destino.El destino es diario...

Ana dijo...

¡No digas eso! La vida siempre da más oportunidades, los trenes pasan de ida y vuelta por la estación y los destinos se vuelve a cruzar.
Un besazo Alfonso

Nacho G.Hontoria dijo...

El destino es siempre caprichoso, amigo Alfonso, si no, no sería destino.

SOMMER dijo...

Yo, por norma, nunca cojo un tren que sólo pasa una vez. Supongo que será mi carácter cantábrico.

Abrazos amigo. Aunque no lo parezca, te leo todos los días.