24 diciembre, 2008

Navidades en el corazón.

Sagrada Familia del Pajarito. Bartolomé Esteban Murillo. Andaluz.


Las noches se hacían frías, húmedas. Las rejas de la ventana goteaban agua sin haber llovido. Entonces, Alfonsito pegaba la nariz al cristal helado y entornaba los ojos para mirar entre las rendijas de las persianas. Estaba blanco. Todo blanco del rocío. La cercanía del mar, siempre impedía la nieve.
Después de oler a café negro, tostadas con aceite de oliva y sardinas arenque, salía a las afueras de la casa. Blanco. Las telarañas entre la hierba formaban formas geométricas espectaculares, con las gotitas minúsculas del rocío, como si fueran collares de perlas.
Sentía que estaba vivo. Me gustaba ver como se condensaba el aire caliente de mis pulmones en el frío de la mañana. Humo. Yo echaba humo como los dragones.
Volví a entrar en casa. Era especial. Esa mañana era especial, porque, aún siendo Nochebuena la noche siguiente, yo ya era mayor y tenía mis regalos para reyes. Ocultos, en secreto, para que mis vecinos no lo vieran. Sólo los podía sacar el día 6 de enero. Pero, yo ya los tenía.
Eran unos prismáticos, de los buenos, de los de verdad, no de los Hermanos Perea de plástico.
Olían al silicato que traía para no humedecerse, y mi madre y yo nos poníamos escondidos detrás de la ventana para ver venir a mi padre a lo lejos.
En aquellos días mi mente trabajaba en hacer lo que hoy tenemos con la webcam, aunque no pude hacerlo. Pero la idea era buena.
Tender un hilo entre dos vasos de yogur para hablar con mi padre y verle con los prismáticos. Pero necesitaba a varias personas que mantuvieran tenso el hilo durante la conversación, y nadie se hacía cargo.
El otro regalo era un libro. Guía del firmamento, las estrellas y los planetas. Ah. Qué bonito. Pero no entendía nada. Sólo los mapas de las pastas.
Por las noches, salía al patio, y abrigado, con los prismáticos, a escondidas, empecé a escudriñar el cielo.
Mis padres me acercaron al cielo con la ayuda de la óptica.
La nochebuena era familiar. Mí tía y mi abuela llegaban. Olía a pestiño, mientras yo me quedaba extasiado viendo Heidi en blanco y negro en la tele.
Huevos duros con mayonesa, un pimiento morrón y una anchoa. Me gustaba el colorido patriota del menú. Os puede parecer una tontería, pero para mí en aquellos años era un manjar. Aún hoy, en la cena, lo hago. Me recuerda a mi madre, lo que le gustaba a ella, y de esa manera, tengo muchas nochebuenas al año.
A dormir. Mal. En una cama mueble, no en mi cama. Pero al estar más bajo del suelo, Mipe, mi perro se subía a mis pies y dormía conmigo la noche.
Al otro día, ya era Navidad.
No había Papa Noel. Somos españoles. Aquí mandan los reyes magos. Digan lo que digan. Me iba a la calle a jugar. A cambiar tebeos de mortadelo con mi vecino. A corretear. A jugar al trompo, a los platillos. Y a leer tranquilito al solecito mis pequeños libros de la editorial Bruguera.
Hoy, cuando recuerdo esto, pues me doy cuenta de que he crecido. De que he ganado mucho en estos años, pero de que he perdido.
Me gusta la Navidad. Soy cristiano, y tengo un claro concepto de lo que representa.
Nace el niño Jesús. Pero no es nada ñoño. Nace un libertador. Cada años. Para dar luz a la Humanidad. Para luego crecer, y regalarnos las Bienaventuranzas. Para hacernos a todos iguales. Para traernos el Reino.
Por eso me da tanto coraje el montaje que comercios y demás han hecho de la Navidad.
A mi me duele la Navidad, pero no el motivo, sino los días. Porque me faltan muchas cosas. Lo siento, pero no puedo ser completamente feliz. ¿Qué es la navidad, sin mi abuela? ¿y sin mi madre?
He vivido los últimos años dos navidades en hospitales. Sin embargo, allí, te das cuenta de que la gente, a pesar de los pesares, intenta ser feliz. Como con la enfermedad, se es capaz de sonreir. Cómo los adultos, enfermos, se ilusionan y hasta lloran cuando llegan los reyes magos.
A mi hermana le regalaron una radio. Luego, te ponen de comer comidas especiales. Y tu cestita con polvorones y dulces. El Servicio Andaluz de Salud, de verdad, es que ahí se porta muy muy bien.
En fin. Haré de tripas corazón, y sacaré mi sonrisa del fondo de mi alma, algo en lo que me estoy convirtiendo en experto, para vivir la Navidad bien. Lo mejor posible. Qué remedio. O te montas en el tren. O te quedas abajo.
Gracias a los que me visitáis y pacientemente me leéis. Que lo paséis muy bien la nochebuena. Alfonso.

María dio el grito que abrió las puertas del mundo.
Era verano. La conjunción brillaba sobre el cielo.
En el establo, nació Enmanuel.
Nació rey.
Pudo haber nacido en palacio.
Pero ya sabemos lo que le ocurren a las gentes que viven en palacio.
El nació en el establo y nació rey.
Nació para crecer. Para hacerse niño.
Para perderse en el templo.
Para encontrar en el río a aquél que saltó en el vientre de su madre.
Para recorrer las aldeas buscando a sus amigos.
Para hacer feliz a mamá en una boda.
Para en la montaña, anunciar que otro mundo es posible.
Para multiplicar pan y peces.
Para a latigazos, poner orden en la Iglesia de entonces.
Para contarnos cuentos de justicia social.
Para enseñarnos a compartir mientras cenamos.
Para enseñarnos a hablar con el Padre Nuestro de todos y de todas.
Para tener miedo como nosotros.
Para morir como nosotros.
Y para resucitar como nosotros.
María parió al rey.
Era verano. Y aún hoy, si no míralo por las tardes,
la conjunción,
Venus y Júpiter,
sigue brillando en el cielo.


6 comentarios:

Agata dijo...

Yo veía a Heidi en color.Era la primera tele en color del barrio...Era blanca y de Alemania...jajaja.Venían todas las niñas a mi casa.
PASALO BIEN RODEADO DE LOS TUYOS.

Nerina Thomas dijo...

Gracias por estar allí chiquillo español!!Al leerte, es como si escuchara con tus palabras ese acento tan dulce con que cuentan, allí en la Madre Patria.
Fuerza el camino es largo y no todo son penas, mira por tus prismáticos y te darás cuenta.
Un abrazo especial para " la princesa·de mi parte, quien se ha hecho parte nuestra.
Eso lo logra el amor de humanidad. Fijate, otro misterio.
Brindaré contigo y los tuyos, fijate por la ventana...estaré llegando desde el alma, a compartir apenas un momento. Ese que significa, los recuerdo. Siempre, desde mi mejor buena voluntad.

yoyoyo dijo...

y tu también que pases una buena Navidad y rodeado de los que quieres, recordando a los que sigues queriendo aunque no estén... siempre es posible. La mía está siendo alegre, brindaré por vosotros esta noche. Un gran beso, Alfonso

César dijo...

Feliz Navidad querido Alfonso y que la luz del Cristo ilumine tu vida y la guíe a tu realización humana.

Un abrazo enorme

Jarillo dijo...

A pesar de tod ( y de todos): Feliz Navidad...para TOD@S ( y que se salve el /la que pueda)

Ruth dijo...

Que tengas un bonito día de Navidad.
Un abrazote enorme