16 diciembre, 2008

Faldita


Me gustaban sus medias. Así, blanquitas. O no exactamente así. Que fueran blancas y transparentes. Que dejaran relucir el color sonrosado de sus piernas. Esas faldas me volvían loco. Dejé de ir a los hospitales de la Seguridad Social por eso. Allí, las mujeres sanitarias, no visten como a mi me gusta verlas. Van con una especie de mono, totalmente masculinizadas.
Yo me voy al otro hospital, en el que las enfermeras y las auxiliares van con falditas.

Al principio, me hacía pasar por enfermo, y aprovechaba las citas en las consultas externas para poderlas disfrutar. Pero la situación, era realmente difícil. El médico en la consulta, o la doctora, quemaban mucho el ambiente como para moverse en libertad. Eran intrusos entre mi persona y las enfermeras.

Simular una enfermedad para que te ingresen es difícil, así que tuve que buscar otra solución.
Después de mucho pensar, lo mejor que podía hacer era buscarme un trabajo de acompañante. Y no es que me falte el dinero, no. Me sobra. Pero de esta manera, podía permanecer mucho más tiempo en el hospital. En la habitación de los pacientes, donde las enfermeras pasan más tiempo.
La que más me gustaba era rubia. Y muy blanca, que en combinación con el blanco de sus medias, me daba un morbo inmenso. Era perfecta. En cuerpo y en enfermería.

Jugué a ponerle los objetos en los filos de la mesilla de noche, para que al más leve movimiento cayeran al suelo.

Así sucedía. Mientras ella ponía el gotero, yo disimuladamente con el pie giraba la rueda de la cama. Levemente, pero lo suficiente para que algo cayera al suelo, por el otro lado de la cama.
Plaf. Caía, entonces, el paraíso. Ella se agachaba a recoger lo que fuera, y su faldita, se convertía en extremadamente corta. Podía ver sus muslos, sus nalgas, e imaginarme cuánto de bueno habría más arriba, en los interiores.

Me sudaba la frente y notaba que mi virilidad se hacía dueño de mí. Al final, tenía que terminar en el cuarto de baño.

Pero esto del sexo es como una droga. Uno quiere más y más. Y sólo ver, no me conformaba.
Oí que estaba casada, y muy enamorada de su marido. Por ahí, no iba a conseguir nada.
Podía conseguirlo de otra manera. No iba a ser difícil. De todos modos, ella era mía.

Yo conocía sus turnos, su domicilio, sus entradas y sus salidas.
Decidí que tendríamos que hacer el amor un día.

Y así, cuando llegó la hora, la esperé en una calle por la que ella pasaba andando antes de llegar a casa.

Tenía todas las palabras preparadas para enamorarla: poemas, piropos, halagos.
Cuando oí sus tacones, y vi que estaba a punto de llegar, me entró el miedo.

¿Y si decía que no?

La tenía frente a mi, con cara de sorpresa.

- Yo le conozco a usted de algo.

La maté, mientras ella caía al suelo con una mezcla de imágenes de su familia y de mí mismo en el hospital acompañando enfermos.

Ya muerta, le hice el amor. No opuso resistencia.

Hoy, llevo cinco años de cárcel y me quedan más. Muchos más. La echo de menos. Nunca más supe de ella.

Pero tengo necesidad. Ojalá cambien esto de las cárceles, y la abogada que me visita de vez en cuando, deje de llevar toga, y le pongan una faldita.
NOTA: Para entender el texto y el vídeo, hay que leer ésto.

19 comentarios:

VIVIR dijo...

Alfonsito tu tienes mucho arte... has metido un golazo por toda la escuadra... ¡que fotito hijo! dirian mis duendes....

Colo dijo...

Excelente cuento! Te atrapa hasta el final jajajajaa

Ayyy estos hombres jjajajaja

Besos

mi despertar dijo...

Me gustó realmente diferente te dejo besos de casi noche

Nerina Thomas dijo...

Un buen cuento amigo!!!Cuentas con una gran imaginación.
Un saludo desde esta tierra mia!!
Y un budin con una taza de chocoleta caliente o un café irlandes para " la princesa", quien espero este recuperándose.

Sin Rastro dijo...

Los inusuales finales del amor ..aveces hasta en la muerte nos hacen sentir mejor...
Buen rastro que seguir..
Saludos

Agata dijo...

Jo...Alfonso.Me sudan las manos.Se me ha erizado el vello y las lágrimas saltadas tengo.Yo te puedo contar lo que ve o siente la enfermera,pero nunca había escuchado (de manera ficticia con un relato)lo que un sádico puede hacer.No había pensado en los acompañantes de pacientes...Te felicito.Me gustaría que mi jefe lo pudiera leer.

Thiago dijo...

Lo malo es que yo tenía un enfermero, y quería que fuera de pantaloncito corto para tirarle de los pelitos de las piernas y meterle mano por aquel pantoloncito, llegando a sus partes...mientras me ponía una inyección por detras...

La justicia está loca, y las autoridades sanitarias mas. Es demencial que las enfermeras tengan que ir de falta "pq lo manda el reglamento" De coña, vamos.

Beezos.

Miguel dijo...

Hola Alfonso:

Muchas gracias por los ánimos que nos das, la verdad que nos viene bien, pues esto es duro.
He estado viendo tú blog y es muy bonito, en el último post tiene su gracia.

Si quieres puedes colaborar con nosotros enlazando tú blog con el nuestro, nosotros haríamos lo mismo poniendo el tuyo en la sección de “blogs que colaboran”.

Un saludo

lichazul...elisa dijo...

excelente relato
tan cercano a la realidad , a esa angustiante y recalcitrante realidad que atiborra tribunales y consultas psiquiatricas.

muakismuakis de sol

cynthia dijo...

Una mezcla perfecta de imaginación y realidad.. lamentablemene cotidiana...
Pero el texto y el mensaje esta claro... gracias por compartir.

cariños.

Angie dijo...

MIs felicitaciones, Alfonso. Me ha encantado el cuento, te mantiene atento de principio a fin.

besos. Angie.

Miguel dijo...

Hola Alfonso:

Muchas gracias por colaborar con nosotr@s, el enlace que has puesto es genial. Ya estás en blogs que colaboran.

Un saludo y si te podemos ayudar en algo solo tienes que decirlo

Satie dijo...

Buen relato y didáctico, a ver si algunos aprenden...

Jarillo dijo...

El problema)uno de ellos= es cuando no se tienen piernas...pasaros )si lo estimais= a ojear la última Entrada en mi, modesto, blog y ...Sin comentarios.

Saludos

Laura dijo...

¡Chico qué historia!
Da para el guión de una película...
pero lo más curioso es que la realidad supera la ficción...

SOMMER dijo...

Bien Alfonso.
Duro, muy duro. Real, desgraciadamente demasiado real.

Un abrazo amigo.

SOMMER dijo...

Por cierto, en serio tuviste una novia que robó un oboe?
joder, no me extraña que cambiases de acera....

Nerina Thomas dijo...

Alfonso!! cómo están tus días? y la Princesa? Mira que tengo unos pastelillos preparados para ella y no se nada de ti!!Deseo todo esté en orden. Un cariño para ambos, un abrazo de calor que por aqui abunda y da una señal que la ausencia me preocupa.
Seguro que se trata de encuentros y compromisos, ha de ser eso!!

Jarillo dijo...

Lo de enseñar las piernas...es simpatico(a veces) lo que no es simpatico es que te discriminen anticonstitucionalmente por ser cojo (pasaros por mi blog y entendereis).

La carrera sera larga,una carrera de cojos, pero vamos a correrla...;¿Os apuntais?

Saludos