07 noviembre, 2008

¡Váyase usted al carajo!


¡Váyase usted al carajo! La señora se quedó con la cara blanca. Quieta. Inmóvil.
¡Pero, oiga!, le digo su interlocutor. No se crea usted que el carajo es la pisha de la gente. El carajo, que viene del latín Cassus o Carassus, se refiere a la canastilla que se encuentra encima del palo mayor de un barco a velas. Donde se monta el marinero y dice ¡Tierra a la vista! Pues ahí. Donde hace un frío o calor de narices, siempre exagerado, y te entra unos mareos de agarráte y no te menees (nunca mejor dicho).
Ahí se mandaban a los marineros pesados o que hacían algo malo, para castigarlos y de camino, quitárselos de enmedio. Por eso, cuando uno está harto de alguien y quiere que se vaya a otro sitio, se dice esa expresión, que para nada tiene
que ver con lo que imáginamos la mayoría de los mortales, que tenemos la mente sucia.
Pues ya lo saben. Mánden al carajo a quien quieran. Eso sí, aconsejo la prudente explicación luego, para evitar malos entendidos. Porque sonar mal, suena un montón. Yo de todas maneras, por muy naútica que sea la expresión, no la utilizaré.
Inspirado en lo que me contó el compañero don José Cabral, de algo que yo desconocía. Es que nunca te acostarás sin saber una cosa más. Aunque te manden al carajo :)

2 comentarios:

Satie dijo...

Ya no mando a nadie más a ese paradisíaco sitio, se ven las mejores vistas, de noche seguro que el cielo nocturno es más brillante...

Laura dijo...

¡Qué bueno Alfonso! No lo sabía...¡con la de gente que mando yo al carajo en mis pensamientos! jjajja...a partir de ahora, como dice Satie, a nadie más, que es el sitio más chulo del barco...