28 noviembre, 2008

Como los chorros del oro.

Un paisaje bucólico. Las chicharras no paraban de cantar. Hacía calor. Mucho calor. Era verano y la radio no paraba de emitir informativos sobre las Olimpiadas de Barcelona. El pantano estaba lleno. Serían los años venideros los de la pertinaz sequía.
Ummm. Qué bien se goza de las vacaciones en estas tierras malagueñas de los pantanos del Guadalhorce.
No recuerdo como se llamaba ella. Era joyera. De Cabra (Córdoba). Me dio una revista. Toma, yo me la he leído ya. Gracias. No la leí, era el ¡Hola!.
No recuerdo como se llamaba él. Era joyero. De Cabra (Córdoba), y era el marido de la anterior. Me dio una revista. Toma, yo me la he visto, ya. Me dio una revista de tías en pelotas (lo pongo así en cursiva porque siempre me ha sonado rematadamente mal esta expresión). Tampoco acertó. Ambas dos cayeron en el contenedor.
Me gustaba el camping. Amplio, de pinos. Pegaba un poco la resina, pero bueno. Cerquita, el Caminito del Rey. En otro lado, una mesa con el nombre de mi tocayo, el Rey Alfonso XIII. Bajo una presa, un paisaje húmedo y aterrador que me recordaba a Los Barrens, de It.
Se estaba bien, comía bien. El camping tenía unos servicios impecables. Limpios como los chorros del oro. En la semana que estuve, tuve que visitarlos alguna que otra vez. Eran letrinas. Aunque limpias, te veías la cara en ellas, eso de hacer equilibrios, verdaderamente es incómodo. Ya saben. Un cuadrado blanco, con dos huellas para colocar los pies, y un agujero que parecía llegar hasta el fin del mundo. A saber que hay ahí dentro. ¿Mira que si sale una mano? ¿o un bicho? La puerta era de madera. Limpia como el sol. No llegaba al suelo. Dejaba una ranura como de dos palmos, supongo que para evitar que el amor, la pasión o el pecado estallara dentro de esas estrechas cuatro paredes.
Llegué al servicio. La señora de la limpieza estaba sentada en una silla de playa masticando chicle y haciendo punto.
Buenas tardes. Hola, qué tal.
Entre en mi servicio con mi rollo de papel. Mío, no de nadie y que no comparto con nadie. Ajuste mis zapatos de deportes a las huellas marcadas en la letrina, me agaché y comencé a realizar la tarea humana que más vergüenza nos da hacer y que nos vean.
Entonces, allí, agachado, indefenso, me di cuenta. Escuché los pasos, y en segundos, vi por debajo de la puerta, dos babuchas azules abiertas, con sendos pies gordos, con uñas enrolladas como si fueran cáscaras de cocos. Estaban frente a mí. Solo nos separaba la puerta. Chof. El mocho de la fregona, cayó como el fusil al hacer firmes los soldados.
Allí estaba la señora. De pie. Haciendo guardia. Esperando que yo terminara mi misión. Tuve una sensación de angustia. No me gustan las prisas. Sentí algo parecido a cuándo se te atraganta un plato de papas cocidas con higadillo de pollo. Pero en el otro extremo del intestino. Ni palante ni patrás. El dedo de coco, gordo, del pie derecho, empezó a hacer movimientos de arriba a bajo. Como un diapasón, a compás. Marcándome el tiempo que llevaba en exceso.
El sudor corrió mi frente. el papel, mi rollo de papel mío, cayó al suelo con los nervios, y rodó bajo la puerta, hacia los pies de mi guardiana. Una mano de uñas descoloridas mal pintadas lo cogió. Y lo volvió a echar por arriba de la puerta, mojado, cual serpentina de la Cabalgata de los Reyes Magos. Tome usted.
Me quise morir. No se iba. Definitivamente, mi sistema digestivo tuvo un colapso, y lo que tenía que haber salido, dijo, así no. Así no salgo.
Me tuve que ir. Al abrir la puerta, golpeé suavemente el cuerpo azul con pies de coco. Cual palmera. Lo siento. Mascó chicle y entró a limpiar.
Así comprendí porque estaba todo como los chorros del oro.
Entonces fue cuando llegué a la orilla del pantano, corriendo, y a la vista de todos, me quise morir.


La guapísima y piropeada Angie también ha hablado hoy de lo mismo :)

12 comentarios:

¸.•*♥¸.Angy¸.•*♥¸. dijo...

jajaja, Alfonso... has hecho que cayeran mis lagrimas en el teclado, tu relato está ¡genial!!


Son 2'54 de la madrugada, con mis carcajadas he despertado a mi perro,ahora está mirándome, como queriendo decir... ¿que pasa?


Gracias por compartir este Relato!!!

Un abrazo


Angy

Nerina Thomas dijo...

Pues mira que me has hecho reir hoy aquí en Funes buevamente, en la quinta de mi hijo acompañando a su mascota nuevamente, con eso del rollo que no se lo prestas a nadie.Sos único!! ja ja
Mi hijo se acaba de recibir de periodista deportivo.
Muy buena tu historia.
Te digo que mi abuela Paca, nació en Málaga., era andaluza creo yo. Somos parientes de Antonio Banderas el actor.Es toda una familia ésta de andaluces y llevamos en la sangre esa cosa que nos permite estar felices siempre. O casi siempre, por decir!!
Ya llegaré a tu tierra y me mostrarás algo de tanta belleza. El año entrante quizás.Te tendré al tanto.Por ahora me programo.
un cariño y buen fin de semana !!

Ana dijo...

No se de que te quejas, era eficiente en su trabajo, ¡seras raro! vamos que estaban limpios por que casi nadie los utilizaba debido al guardían de la bata azul.
Muy bueno.

Satie dijo...

Ja, Ja, ja, aventuras para no dormir o para no...

aLba dijo...

gracias por el comentario :)
un saludo.

El Peregrino Ruso dijo...

Es buenisima la historia, se me han saltado las lagrimas, la verdad que hoy necesitaba reirme porque dentro de poco voy a enterrar a una religiosa que queria mucho. Y como buena jerezana tenia un humor genial

El Peregrino Ruso dijo...

Es buenisima la historia, se me han saltado las lagrimas, la verdad que hoy necesitaba reirme porque dentro de poco voy a enterrar a una religiosa que queria mucho. Y como buena jerezana tenia un humor genial

Cat's dijo...

jjejejeje, dios mio qué cuadro!!! yo tampoco podría, jajaja, que bueno!!!

Agata dijo...

De verdad.Lo que no te pase a tí...Además,como te conozco personalmente ya me imagino hasta tu cara en "pleno apogeo".No te enfades...jajaja.Que has puesto tu foto aquí,shato.Y es que no hay nada más malo que aguantarse un peo o intentar cagar y que esté la de las uñas ¿enrolladas como si fueran cáscaras de coco?Joé,Alfonso...¿Cómo te puedes fijar en eso e intentar vaciar el intestino a la vez?Eres un malabarista...quillo.

Thiago dijo...

Pero cari, eres "me" eres muy tímido, ehhh. Tenías que haber abierto la puerta, y mientras salía el zurullo decirle a la buena señora: "Se le ofrece a usted algo?", jajaja

Perdona el comentario un poco escatológico, pero imaginarte a ti alli en equilibrio inestable en ese acto que no quiere decir su nombre, con la propia esperando que terminars, pues me ha hecho reacionar así y no poéticamente, jajaja

Bezos.

Mario dijo...

Muy buen historia, Alfonso. Me gusta el suspense y el humor que gastas hasta el final, sin saber si serías capaz o no de relaizar tal proeza...

Ana Belio dijo...

Jajaja, Alfonso, aunque no es lo mismo, me recordaste cuando vas a comprar algo de ropa y tienes a una señorita detrás de ti, en la puerta del probador esperando y a cada momento preguntando...¿te queda bien? ¿qué tal?

A mí se me quitan las ganas de probármelo.

Bs.