02 noviembre, 2008

¡Camarero!



Hubo un tiempo en el que yo creía que to er mundo era güeno. Pero no, la vida me enseñó de que había gente mala. Muy mala. Me preocupó que esta gente mala, pudiera tener la oportunidad de llegar a sitios de poder. ¿Es que la gente mala era muy lista? Pensaba en Franco, en Hitler, en Pinochet, en Bush, en los etarras, y en toda esa gente que yo, según mi escala de valores, claro, consideraba que eran malos.
Pero me daba cuenta de que realmente estos malos no eran tan listos. ¿Habría gente mala que no hubiera llegado a una situación de poder, de convertirse en unos dictadores?
Sí, los hay, logré descubrirlos. Hay mucha gente muy mala. O mejor dicho, todos somos malos. Todos tenemos una parte muy mala que aviva desde nuestro interior cuando las circunstancias lo requieren. Hasta yo he sido malo alguna vez.
Lo he visto, lo he visto con mis ojos. Yo pensaba que la profesión más dura del mundo era la de minero. Luego, la de pescador. Luego la del albañil que trabaja en las alturas. Pero he visto que también, una de las profesiones más duras, es la de camarero.
Somos tiranos. Vivimos explotados en nuestra empresa, subyugados algunos a los deseos imperiosos de nuestra pareja, esclavizados por las órdenes de nuestras familias, la propia y la política. Parece que somos esclavos... pero no, no, ... somos tiranos.
Cuando llegamos al bar, dejamos en la puerta nuestras cadenas y nos convertimos en señores. Aquí -el único lugar del mundo - mandamos nosotros. Nos sentamos, y depende si estamos solos o no, adaptamos la sonrisa o la seriedad. Pero todo cambia, cuando levantamos la vista en el momento en que llega nuestro esclavo.
Le podemos pedir las cosas de mil maneras. Y esperamos a que las traiga.
Y ahí comienza nuestro éxtasis de poder. Que si tardas. Que si la tostada está fría. Que me pongas una disolución 0,2 normal de Café con leche, a 34,56 grados centígrados. Que si la cuchara tiene una mota de polvo. Que si hay 0.25 gramos de migas de pan en esta esquina. Nuestra voz de tirano sale al aire, mientras el camarero escucha con el corazón partío.
Pero cuando nos superamos a nosotros mismos es cuando llega la catástrofe. Cuando se derrama el café sobre ti. En el mejor de los casos, reaccionas con una mirada de asco y desdén, la misma que recibía Kunta Kinte cuando fue vendido de parte de alguien que no tenía dinero para comprarle.
En el peor de los casos, gritas, le denuncias, intentas que te pague de su bolsillo - de su pobre y obrero bolsillo - un pantalón al doble de precio que lo compraste. Y le miras con asco, como miraba el dueño de Kunta Kinte a él, haciéndole saber: Tú no eres tú, eres mío.
Entonces, te levantas y le explicas a voz hiriente y ardiente a toda la clientela del bar, que el camarero te ha manchado. ¡Claro, si es que estás dormido. A saber que hora te acostate, tanta juerga!.
No me lo invento. Lo he oído hace poco en un bar. Y todos los del bar, al escuchar la condena, bajan la mirada y siguen desayunando.
Menos uno. Uno no bajó la mirada. Era alguien que estaba en la barra y le quería. Era su compañero de trabajo. El sabía que era verdad, que tenía sueño.
Pero tenía sueño porque trabaja desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche. Todos los días. Sin fiestas que guardar. Le entró ganas de ir y partirle la cara al tirano. Pero no podía, porque él también era otro camarero.
Observen a su alrededor. El mundo está lleno de pequeños tiranos. Cuando tome un café, mire a su acompañante. Escudríñelo. Obsérvelo. Haga un análisis de su compartamiento.


Una persona que es agradable contigo, pero trata mal a un camarero, no es una persona agradable.


(Esto es muy importante. Presta atención. Nunca falla. Y sustituya camarero por cualquier otra persona.)


Esta frase es de Gallimaufry, vía Microsiervos.






7 comentarios:

Satie dijo...

Pues sí estoy totalmente de acuerdo contigo, nos creemos los reyes del mambo por tener más dinero o más estudios o más yo qué sé, pero la verdad es que si nos diferenciamos una milésima de los primates, ¿cuánto nos diferenciamos de los demás? Buen domingo en la mesa camilla y con la copita encendida.

Ana Belio dijo...

Alfonso, ¿sabes que me has respondido a una pregunta que me hacia hace tiempo?

Lo vi una vez de alguien demasiado cercano a mí y fue precisamente con un camarero, me sentí muy mal, pero no quería verlo.

Ahora lo he visto.

Bs.

Agata dijo...

Seguro que el cliente al que se le derramó el café encima trabaja de cara al público y no permite que se le trate mal.Que me parece bien.Pero tal y como tú quieras que te traten, hazlo tú.Mi relación con la profesión de camarero es muy extraña.De nunca he soportado que me sirvan.Parece como si yo fuera más que él o ella.Que no es así en absoluto.Pero yo no quiero que esa persona piense que me tiene que servir y por eso yo soy superior.No sé,me pongo nerviosa.Y cuando voy a un restaurante y cada poco nos trae los platos o el pan o la bebida,siempre digo gracias.Que dirá el camarero:"ojú que tía más repipi".Hace años trabajé esporádicamente detrás de una barra,en un pub.Ya escribiré un post sobre eso.

Mario dijo...

Que sí, que somos malos...
Y yo soy de los que pensaba, al igual que tú, que todo el mundo era bueno. Pero oculto, todos llevamos unas maldad dentro...

César dijo...

Cuando estaba en Lima, no era un tirano, pero sí trataba a estas personas como si en la escala de la humanidad estuviesen debajo de mi propia humanidad. Sin maltratato, pero con soberbia. Al llegar a Madrid, tuve que trabajar en un Burguer King y luego en un Vips...lo que enseña la vida...Aunque ya no trabajo en hosteleria, veo a estas personas de manera distinta, incluso, con admiración.

Carlos Benítez dijo...

El mundo iría mejor con un poquito más de EMPATÍA.¡Qué rabia me da que traten a los camareros a patadas y con malas formas!O a las chinas que venden flores en la Feria cuando se ríen algunos de ellas,me hierve la sangre.

Carlos Benítez dijo...

Me acabo de acordar,a ver qué te parece esta canción,que va relacionado con el tema:

http://www.youtube.com/watch?v=jTuFOYpaNKQ