02 octubre, 2008

Por el papa Benito, por nuestro Administrador Apostólico Juan, y por todos los que cuidan de tu Iglesia...



Me dice un jerezano a través de mis artículos en Religión Digital que le ha extrañado que no haya comentado nada, sobre el traslado de Juan del Río, anterior obispo de Jerez, hoy administrador apostólico de la Diócesis de Jerez, y flamante nuevo arzobispo castrense.
Pues no lo hice porque no me gusta escribir directamente sobre las personas en particular, y aquí era muy dificil distinguir de la persona y la institución. Y por otro lado, al ser jerezano, y tener mis sentimientos que a continuación explico, no iba a ser imparcial.

Yo con Juan del Río no he hablado nunca. Nada. Cero. Alguna vez lo he visto en actos de la Iglesia: consagración de una parroquia nueva, la misa que se suele hacer por los enfermos el día de la Virgen de Lourdes, en el Hospital san Juan Grande, en el palco en las procesiones de Semana Santa y poco más. Así que ya digo que mi relación con él ha sido nula, y para nada cercana.
Su gestión en el obispado: pues yo lo voy a recordar como el creador del palacio del obispo, en la plaza Domecq, al restaurar el Palacio de Bertemati.
Lo que me pasa a mí es que yo estoy muy influenciado por el anterior obispo - y primero - de la Diócesis de Jerez, Rafael Bellido Caro.
Con este obispo la relación era totalmente distinta, y no porque yo hiciera nada especial, sino porque era un hombre cercano. Un cura que era obispo, pero un cura, como decía él.
Una vez que yo iba por la carretera de Arcos y se me pinchó el Vespino, se paró a preguntarme que qué me ocurría, cuando él pasaba en su renault cinco sin aire acondicionado y sin chófer camino de su pueblo natal, Arcos.
Me lo encontraba mucho por la calle, con la gente. Era cercano. Otra vez que en el Movimiento contra la intolerancia, hicimos una campaña contra la pena de muerte, nos recibió en su despacho del obispado antiguo, y nos puso en contacto con el Obispo de Florida.
Nunca olvidaré una vigilia pascual que compartí con él en el pueblecito de Benamahoma. Una aldea de la sierra de Cádiz, donde no van los periodistas a hacer fotos, pero sí fue él, a llevar la palabra de Dios. Y vivirlo de aquella manera y aquella sencillez fue emocionante.
Por eso no puedo ser objetivo. Yo vi el despacho en el que él trabajaba. Una habitación pequeña, una mesa, una silla, un cuadro con la foto de su madre y un crucifijo. ¿Para qué más?
Entienden ustedes ahora como me pasma ver al obispo que se va, en un palacio, cuando el anterior desde su sitio, llevaba perfectamente sus tareas.
Puede parecer demagogia, pero creo que toda la inversión que hizo Juan del Río para el palacio de Bertemati, bien pudo hacerla para el Comedor del Salvador, por poner un ejemplo. ¿Tanto se necesitaba un palacio para la diócesis? De todas formas, él sabrá y sus razones tendrá para haberlo hecho así.
Por eso digo, que para mí este obispo, salvo lo del palacio, ha pasado en blanco. Se ha llevado bien con todo el mundo, no ha tenido enfrentamientos con nadie, pero echo de menos que no haya puesto patas arriba a la sociedad jerezana con el mensaje revolucionario de Jesús.
El destino que le han dado, bueno, ya sabéis cuál es mi pensar acerca de la mezcla religión-estado. Lo mililtar y lo cristiano no casa mucho. Eso de que ahora tiene tratamiento de General, por Dios... qué disparate. Milicia y amor a los demás es complejo. Matar para defenderse, aunque parezca legítimo y lógico, no es cristiano. Entiendo que los militares que sean católicos necesiten de los servicios religiosos, pero ¿para eso tienen sus parroquias, no? Institucionalizar una figura así como el arzobispo castrense... bueno, creo que a esto le quedan pocos días, y que Juan del Río, se quedará en paro, pues espero que la nueva Ley de Libertad Religiosa, ponga a cada cual en su sitio. El General, que sea un militar de carrera, que para eso la suda, y el Arzobispo pues que sea lo que tiene que ser, no una especie de funcionario del estado.
En fin, creo que se cumplió lo que se dijo de él, que iba a ser un obispo de paso. Y efectivamente, llegó, pasó, y ahora se va.
Recuerdo el comentario de un blogero que una vez dijo en su blog: Menos Juan, y más Rafael. Yo creo que eso define todos estos ocho años que ha gestionado la diócesis de Asidonia-Jerez.

3 comentarios:

Satie dijo...

Y añado algo más, éste es bastante vanidoso, le gusta el púrpura más de la cuenta. Bellido, era un cura y de pueblo (con todo lo bueno que ello conlleva).

Angel dijo...

Pues sí. Comparto tu visión de que eso de ser Arzobispo castrense carece de sentido.
¿No es el obispo, el guía de un territorio? NO entiendo ésto de Arzobispo castrense!
Sí... es uno de los reductos del poder de esta iglesia que no quiere desprenderse del mismo.

Saludos. Angel

Ana dijo...

Bueno voy a dar mi opinión, aunque no debía, yo no conozco a este obispo del que hablais, soy católica prácticante, voy a misa, catequista y miembro destacado de una hermandad de Semana Santa.
Mi madre, que para según que cosas es muy lista, dice que cada pueblo tiene el pastor que se merece, no esta diciendo que Jerez se merezca un mal pastor por que la gente sea mala... Ejemplos. Teruel ha tenido siempre muy buenos obispos, por el contrario Zaragoza muy malos. ¿Por que? quizás por que la fé de los zaragozanos esté más arraigada que la de los turolenses y estos necesiten a un buen pastor.
En cuanto al obispo castrense, yo pertenezco a esa parroquia a la parroquía militar castrense con sede en Madrid.