03 octubre, 2008

Juventud




Qué tal, General, qué pasa. ¿Tú también vas a ir al Congreso local del PSOE? Ah, no, que estás ahí pegado... pues menos mal, porque allí te iban a correr a gorrazos... mucha gente, general, mucha gente quiere votar allí, pero como no son militantes... para mí que hasta algún periódico quisiera colocar a su equipo allí, en la ejecutiva... pero no puede ser. No, la democracia es así. Ya veremos, ya escribí en mi blog lo que pensaba, y no pienso hablar más hasta que pase la votación. Son cosas nuestras ¿no, general? A qué te voy a contar yo a ti, lo que pasa dentro de mi partido, en mi agrupación de astronomía o en Frontera Radio. Son cosas de cada cuales, que se hablan en donde se tengan que hablar.
Cómo para fiarse de quien lo cuento todo fuera, General.
Hoy estoy enfadado. Comienza el Agora juvenil en Jerez y no me han invitado. Bueno, sí, como prensa, ahí me puedo meter en cualquier sitio. Pero es que ya no soy joven. Paso de los treinta. No me dan tarjeta joven. No me hacen descuentos. Grrrr.. Pero tampoco soy de la tercera. Ahora, tengo la desgracia de ser del montón, general.
Hace años me tuve que pelear con un guardia de seguridad de los Reales Alcazares de Sevilla.
Saqué mi entrada, y al presentar el carnet de estudiante de la UNED me hicieron una rebaja. Me dice el tarugo del guardia: ¿y eso que es, (por el carnet de la UNED) Digo, el carnet de la UNED, y eso qué es, la Universidad Nacional de Educación a Distancia. ¿Pero esto es legal? Ya se me subió la sangre a la cabeza. Sí, es legal, una universidad como otra cualquiera. ¿Y tú no eres muy mayorcito para seguir estudiando?
Aghhgggggggggg. Estallé. ¿Puedo hablar con su responsable más inmediato? dije pausadamente. No, no puede pasar. Al verme la cara, no se que notaría.
Pues sí, ahí me di cuenta de que ya no era joven. Como tú, General. Que llevas ya más años ahí, aunque eso sí, no envejeces, a pesar de los detritus de las palomas. Bueno, te lavan la cara de vez en cuando. Aunque yo de ti no iba nunca más a lavarmela. No sea que cuando vuelvas te encuentres ahí un monumento a sabe Dios qué. O una palmera. Ah, no, ya en Jerez no plantan palmeras hasta en los cubos de la basura, la costumbre...

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer.

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