28 octubre, 2008

Historia de una decadencia.

Hoy lo vi. Ya no le hacía caso. Pensaba que había desaparecido. Pero de pronto, me lo he encontrado de nuevo. Viejo, gastado, como los objetos usados.
Recordé sus momentos de gloria, aquellos años en los que nos ilusionaba, en los que nos creíamos todas las películas que nos contaba.
Eran años en que las colas se algopaban para apoyarle. Todos se dirigían a él. Era toda una institución.
Pero como todo en esta vida, sucumbió. Quiso ser santo, y se convirtió en el demonio, al ponerle la X.
Ahí queda su momia. Su esqueleto como símbolo de lo que fue y de lo que ya no es.
Algún compañero suyo terminó quemado, hecho cenizas.
Cenizas tan quemadas, que ni un ave fénix sería capaz de recomponer.
Ahí le vemos, acabado. El tiempo, implacable, le pasa por encima.
Qué pena de ti, Cine Delicias.
Y aquí, una de las muchas películas, que pudimos ver allí.

5 comentarios:

Agata dijo...

JAJAJAJA...Qué bueno...¿El de la foto gastá en el cartel era el dueño del cine?jajajajaja.

Satie dijo...

Allí vi yo la guerra de las galaxias sentado en el pasillo.

Mario dijo...

¿Nos estaremos haciendo mayores?

Angel dijo...

¡ay! ¡qué susto! Pensaba que hablabas del de la foto!
Bueno... el cine de mi ciudad lo tumbaron todo entero y pusiron un Zara. Amancio Ortega se pasó siete pueblos! Luego, lo que respetó -la decoración de escayolas- se acabaron de precipitar cuando una manada de locas compraban como la misma palabra indica. Y del cine no quedó nada de nada!
Será cuestión de que los cines lo tienen maldito -el destino!-
Saludos, Alfonso! Angel.

Laura dijo...

Muy bueno amigo...
Aquí el doble sentido está genial en todo: en el comentario, en la foto y en el vídeo...
Si señor, muy bueno.
Los que somos de Jerez lo entendemos mejor que nadie...jjajajj