16 octubre, 2008

Entre mis recuerdos.

Hubo un tiempo en que todos, todas, tuvimos 18 años. Eramos idealistas, soñábamos con un mundo mejor, y uno de los valores que teníamos más enraízados en nuestra pequeña tierra, que iba conformándose en nuestro ser, era la amistad.
Teníamos amigos, amigas. Que eran más que eso, eran como hermanos. Nuestros confidentes, nuestro refugio ante los grandes problemas: las incomprensiones de nuestros padres - que hoy sabemos que eran absolutas compresiones -, nuestras ayudas en los estudios... quién no recibió nunca la clase de un amigo para explicarle como resolver una integral, o quien, no dedicó tiempo a una compañera para que entendiera la diferencia entre mitosis y meiosis.
Eramos eso. Amigos. Nada más y nada menos. Yo pertenezco a una generación moderna, libre, pero que no llegó por chiripa al tiempo de los móviles y el correo electrónico. Para comunicarnos, teníamos el teléfono, o más bien, la cabina telefónica. Para declararnos a nuestros primeros amores, no teníamos los sms, pero ¿quién no hizo nunca de correo entre dos amigos para que se quisieran?
Eramos eso. Amigos. Nada más y nada menos. Nos queríamos, intuíamos un futuro juntos donde la amistad y el compañerismo sería lo principal. Mi pandilla, llegó a conseguir hacer una cartilla de ahorros para compartir nuestras pequeñas fortunas, y que ninguno pasara necesidad.
Pero la necesidad no llegó y lo que pasó fue el tiempo.
Se acabaron los estudios, y comenzó el trabajo. Los amores empezaron a hacernos presos de la felicidad, sin darnos cuenta, de que poquito a poco, nos íbamos metiendo en un jaula de cristal, hasta que el tiempo, silente, pasó, sin darnos cuenta.
Pasaron los años, y habíamos olvidado, que el sábado por la tarde teníamos que quedar en la parada del autobús. Habíamos olvidado que teníamos cumpleaños, que julio era el mes para irse de camping o que agosto era el mes para irse a la playa.
Olvidamos cosas, tantas cosas, que nos olvidamos hasta de nosotros mismos.
Hoy, que han pasado ya veinte años, y yo ya soy una persona adulta, con mi trabajo, mis ocupaciones: dígase la radio, dígase el blog, dígase mi agrupación de astronomía o dígase mi partido político, o dígase la principal: M. estaba absorto en mis rutinas diarias cuando sonó el teléfono.
Sonó de veinte años atrás. Un amigo - mi amigo - de los de entonces, de los que dejé abandonado en la parada del autobús, me llamaba. Tenía ganas de hablar conmigo. Se había separado de su mujer, y ahora con cuarenta años, se había encontrado, que no tenía a nadie.
Entonces me di cuenta del valor de las cosas. De como dejamos los tesoros escondidos en las playas, a merced de cualquier pirata, y no hemos sido lo suficientemente responsables para salvaguardar lo que realmente tiene más valor: aquella amistad virgen de los que tuvimos 18 años.
Le volví a ver, más mayor, más gordo, igual que yo. Y estuvimos hablando hasta la madrugada. Recordando detalles que ni en mi ni en su cabeza existían. Viendo como la vida nos trató a cada cuál. Como en aquél entonces, tan amigos de adivinar el futuro, nunca fuimos capaces de intuir siquiera lo que nos iba a deparar la vida.
Pero eramos felices mientras hablábamos. Habíamos vuelto a un pasado, que realmente nunca se fue, y a aprender, que si la amistad juvenil se paró en su día, hoy puede volver a crecer, por una razón: porque tenía una raíz fuerte, porque somos personas, porque sabemos que la vida pasa y porque a los cuarenta, después de los besos y los palos que te ha dado la vida, hemos comprendido, que el prójimo es realmente lo que importa. Las personas que te quieren, las que te quisieron y las que se acuerdan de ti, a pesar de que pasen los tiempos.


8 comentarios:

yoyoyo dijo...

mira, hoy ya no sale la publicidad. suele pasar al poner algunos elementos al blog como relojes. quizás fue momentaneo al meter una foto o algo así. ya parece solucionado. un abrazo

yoyoyo dijo...

en cuanto a la entrada ¡qué decir!, claro que lo importante son las personas y sobre todo las que te quieren, buena reflexión para hoy.

Agata dijo...

Mientras te leía me acordaba de esta canción.Luz...siempre ella.
El caso es que esas son las verdaderas amistades.Aquellas a las que te aferras cuando tu vida parece no tener sentido.Ser amigos no es sólo jijiji jajaja.No.Se empieza por eso.Y se continúa con una llamada como la que te hizo tu amigo de la adolescencia.Y nunca se terminan.Nunca.Aunque te lleves años sin hablar con ellos.No.Aprovechad ahora e intentad por veros todos.Por lo menos una vez al año deberíais quedar.Para que,cuando alguien se sienta solo,tenga de donde tirar.Que mira que uno parece muy fuerte y no lo somos tanto...Y cuando alguien tenga algo que celebrar,pues lo comparta con todos.ALFONSO no todo el mundo puede sentirse orgulloso de ser el destinatario de la llamada de un amigo.Aunque sea para consolarlo.Ya verás como no lo olvida mientras viva.Joe,parezco tu hermana mayor...

Mario dijo...

No quería dejar un saludo rápido al pasar por aqui. Aunque ahora me encuentres más gordo y mayor que antes...

Angie dijo...

quien tiene un amigo, tiene un tesoro! asi que cuídalos bien, que eres afortunado! que los mios andan un poco despistados ultimamente...

Besos.

Agata dijo...

ANGIE...ya sabes dónde me tienes,linda.

Ana Belio dijo...

Me he emocionado al leerte esto Alfonso.

Veinte años o más, yo el añ pado encontré también a una persona después de veinte años y por eso me he emocionado al leer

Bs.

Paquito dijo...

Me ha gustado mucho este post. Sin duda alguna llevas razón. La amistad y los amigos que te encuentras en tu vida y sobre todo en ese periodo que tu narras que es la escuela y el instituto son amigos para toda la vida. Las vivencias que se viven en esos tiempos te marcan para toda la vida y queda perennes en tu retina.
Sin saber porque poco a poco, por los años, por el trabajo o por otras cuestiones todo eso que has narrado se va disipando, se va evaporando. ¿Porque? Cada uno va buscando su camino, evoluciona y algunas veces evoluciona a peor. Los amigos son unas de las mejores cosas de la vida