09 septiembre, 2008

Minotauro.



Cuentan la historia de un niño que quería ser bueno. Que no quería cometer errores ni hacer daño a nadie. Su padre le dio un consejo. Cada vez que hiciera algo mal, debía clavar un clavo en una puerta. Llegó el día en que el niño le dijo al padre: papá, ya tengo la puerta llena de clavos. Entonces, le dijo el padre, empieza a quitarlos, cada vez que hagas una cosa buena. Y así hizo, hasta que que llegó el día en que la puerta se quedó sin clavos.



¡Papá, ya no tengo clavos! El padre se acercó y dijo: ¿ves? se pueden arreglar las cosas. Sin embargo, si miras la puerta, está llena de boquetitos, señal de todo lo malo que hiciste.Los seres humanos tenemos una personalidad individual, otra colectiva y otra tercera vía, que es individual que tiene repercusión en la colectiva. A esta última me voy a referir.



Muchas veces hombres o mujeres cometen errores que padecerá el resto de la colectividad. Esto ha sucedido a lo largo de la historia. De los errores, como el niño de la puerta, se aprende. Pero quedan las huellas, las señales de lo que nunca se tuvo que hacer y sin embargo se hizo. Pero estos individuos que algún día erraron con consecuencia para muchas personas, difícilmente eran conscientes de ellos. Y si lo eran, no querían admitirlo. Hacían grandes obras para perpetuar su figura y sus gestas. Han quedado a lo largo de la Historia. Las más claras, las pirámides de Egipto. El faraón tirano quizo perpetuarse. En su paraíso, no lo sabemos. En la Historia, desde luego que sí.



En Jerez, tenemos un monumento erigido en los últimos estertores de los gobiernos municipales de hace cinco años. Es el Minotauro. A mi me gusta la escultura, sobre todo por lo grandioso, pero cuando se tiene tiempo, se puede sentar uno cerca, si es que encuentra un banco, que no los hay, salvo el de la parada de autobús, entre humos y ruidos de coche y motos, puede observar que poco tiene que ver con Asterión. Sin cabeza ni pies ni manos, como la política que lo construyó, se encuentra erigido cerca de la Estación de Trenes, destrozado, sin indicar para nada la historia mitológica de tan fantástico ser, pero si recordando, que los errores del pasado siguen construidos, en bronce, quietos, esperando quizás a una gaviota que le resucite...

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Minotauro en Jerez


http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/05/Jerez_Minotauro.jpg

5 comentarios:

mia dijo...

Bella entrada

sugerente...

Magnífica pluma

reconfortante

para los corazones

llenos de clavos!

♥♥♥besos♥♥♥

César dijo...

Cuando leí por primera vez la historia de los clavos, hace muchos años, fui más consciente del valor de la palabra y los actos.

Desde ese momento hasta ahora entiendo que cuando decímos algo, ya lo hicimos..no hay vuelta atrás..aunque rectifiquemos la marca queda. Era más fácil de niños, ahora de adultos, cargamos con la responsabilidad...lo delicado ya no es que sea una puerta...ya son almas.

Un abrazo Alfonso

Mario dijo...

Bonita historia y gran post el tuyo para referirte a una política en concreto.
Referente a la vida del ciudadano de a pie, es duro comprobar algunas de las huellas que los clavos han ido dejando.

Un abrazo, Alfonso.

Olga S.Isidro dijo...

Preciosa historia aplicable a cualquier sociedad, sí que es verdad que muchísimas veces los errores cometidos por tan solo un individuo, son o traen múltiples consecuencias al resto del mundo, pero eso es algo que nace con el propio humano, y es una carga que deberemos llevar siempre a cuestas.
Me voy a permitir la osadía de enviarle un video con una canción – para mi, verdaderamente hermosa – pues sé de su gusto musical, es Eva Ayllon, cantante peruana.
Reciba un cordial abrazo.

http://es.youtube.com/watch?v=2vWF5oL9Z7E

Y como no, me honra cada vez que visita mi casa.

Alfonso dijo...

Gracias por vuestras palabras, veo que me habéis entendido. Olga, no conocía esa artista, y verdad me gusta, muchas gracias.