06 agosto, 2008

Mi pipo, mi tesoro.

Fush Fush Fush Fush Fush. No se me ocurre otra onomatopeya para poder expresar por escrito el ruido que hacía yo cuando yo chupaba mi pipo. O chupete, según le llaméis.
Yo tenía un pipo, un solo pipo. Gastado. Mordido. Pero no quería pipo nuevo. Sabían a goma, a medicina.
A mi me gustaba mi pipo. Mi tesoro. Cómo Gollum. Tanto me gustaba que me lo tuvieron que quitar con escenas de terror el mismo año de mi primera comunión. A los siete años. Sí, qué pasa, ¿ustedes no habéis tenido ningún problema de niños? ah, creía.
No lo recuerdo bien, pero seguro que cuando me lo quitaban yo, lloraría o me pondría pesado. Me acuerdo de meterme debajo de la mesa de la cocina a chupar, o por las alacenas o los rincones, como si me estuviera fumando un porro.
Pero lo peor era cuando venía el Bomba. Un hombre, conocido de mis padres, que de vez en cuando, venía por casa – vivía yo en el campo - y se le escuchaba las voces al principio del carril que llegaba hasta donde yo vivía: Que ya voyyyyyyyyyyy, donde está el niño ese que tiene pipoooooooooooo. Que me han dicho que se llama Alfonsitooooooooooo.
Glub. El Bomba tenía una profesión, según me contaba mi madre. Era desecador de niños. Cogía a los pequeños, los ahorcaba, los colgaba de una balanza romana, los cortaba en filetes, y luego los desecaba como bacalao.
Ahhgggg, ay omá. Como para no tener miedo. Cuando yo escuchaba la voz de Qué viene el Bomba, escondía rápidamente mi pipo en algún lugar seguro; así, si sobrevivía, lo tendría otra vez de nuevo para volver a chuparlo. Luego, corría y me metía debajo de mi cama. Aún recuerdo el suelo de cemento rasposo.
Le escuchaba llegar. Pom pom pom pom. Los golpetazos en la puerta. Mi madre: no, señor bomba, aquí no vive ningún Alfonsito. Alfonsito entonces era un mar de lágrimas. Vaya, otra vez se me ha escapado, decía. Me voy, pero volveré.
Entonces, cuando se había ido, yo salía enmorecío llorando de debajo de la cama, aterrado. Le tenía más miedo que a la bruja de la Casita de Chocolate, sí, esa, que hacía puchero con los niños, que ya es decir.
Ayyy ya se fue. Suspiraba. Fush Fush Fush Fush. Cogía mi pipo con unas ganas; ah, cómo me calmaba.
Y así, hasta no sé como ni por qué, no lo volví a coger nunca más.
Pero mi madre, lo guardó, y lo tengo aún, ahí como un tesoro. Prueba de mis terrores, de mi reflejo de succión y de mi memoria.
Qué cosas éstas de los pipos.
Fush Fush Fush Fush. Tranquilos, no estoy chupando mi pipo. No soy yo. Es Maggie.
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5 comentarios:

Fabio dijo...

Fush fush fush.... espera que me saque el chupete... yo aún no lo he abandonado... fush fush fush me resisto a dejar este vestigio de niño que aún conservo... fush fush fush solo lo uso cuando blogueo para fumar menos, y me calma la ansiedad a la hora de visitar blogs y leer los posts y comentarios fush fush fush
Cuando pequeño, como este personaje andaba por donde tu vivías, y en Argentina no se conocía fush fush fush mi madre no pudo apelar a él, y aquí sus consecuencias fush fush fush para dejar el hábito una amiga de aquí, me hizo hipnosis me metió la información de que si seaguía con el fush fush fush quedaría con la boca como la Duquesa de Alba o la de Tita Cervera.... fush fush fush fush fush fush fush fush fush fush fush fush ... ahora fush fush fush mi ansiedad ha crecido fush fush fush desde entonce fush fush fush
Solo la calmo robándole el chupete a otros niños fush fush fush , así que me llevo el tuyo fush fush fush
ciao jeje
fush fush fush

Agata dijo...

Ahí van dos "pipohistorias".
Ejem...a servidora se lo quitaron también "talludita".Era un vicio horrible.Estando en Alemania con mis padres,una mañana ya no apareció el pipo.Mis padres decían que alguien se lo habría llevado.Otro niño que sería más pequeño que yo...jejeje.Lo tiraron,cojones.No hubo traumas.Me pasó como cuando dejé de fumar.Se acabó y se acabó.Peor lo llevé con mi hermano pequeño.Me llevo 12 años con él.Un verano se le perdió el pipo.Era de noche y el niño no se callaba.Lloraba y lloraba.Mi padre fue a varias farmacias de guardia.Ningún pipo quería el "niñato".Quería el suyo,todo gastado.De silicona entero,como el tuyo.Y como ya yo tenía unos trece años,era yo la que lo acunaba de madrugada para que mis padres descansaran un poco.Mi padre se levantaba a las 4:30 para currar.Así nos llevamos varias noches.Hasta que el niño pasó del pipo...ays...

Laura dijo...

Yo no recuerdo haber tenido pipo...pero si el sabor de los biberones de mi hermano pequeño. Biberones que no eran más que un vaso de duralex a los que mi madre le añadía una tetina inmensa que se acoplaba a la boca del vaso. A la boca del vaso y a la mía al primer descuido de mi progenitora...hacía como tú Alfonso, primero estudiaba las posiciones, me escurría cual lagartija y aprovechaba el primer flato de mi hermano para birlar el bibi y salir corriendo a esconderme en el lugar más recóndito del planeta Casa para zamparme aquel delicioso manjar.
Mi madre intentó hacerme a mi otros bibes para que no le quitara el de mi hermano...pero yo quería aquel, el suyo, el empezado, el que solo yo debía terminar.
¡Qué rico estaba!

Alfonso dijo...

Fabio: Si te cogiera Freud... jejej, hombre, uno de los pipos más famosos del mundo es argentino, el de Petete... jeje

Agata, el fumar y el pipo, en cierto modo, se le parecen ¿verdad?

Laura, yo me acuerdo de esas tetinas, grandisimas, me acuerdo que mi madre a una le hizo el boquete demasiado grande, y me salía un litro de leche en cada sorbo jajaja, bueno, no recuerdo, me lo han contado :P

Agata dijo...

Si que se parecen:son un vicio.