15 agosto, 2008

María


María.
¡Cómo te hemos pintado la Humanidad a través de los siglos!
Curiosamente, una de las imágenes de ti que más me impresionan, no está en un templo, sino en un sitio laico. En el Museo de Bellas Artes de Sevilla, pintada por Murillo como Inmaculada Concepción.
María.
Aquí en mi tierra, Andalucía, te quieren mucho. Tanto, tanto, que se ha desvirtuado tu esencia al no tener una catequésis clara.
María.
Cuánto sufro cuando veo que muchos creen – y digo que sí lo creen – que eres varias. ¡Si supieras las discusiones que hay en mi ciudad - Jerez - porque coronan a tal Virgen y a otras no!
María.
No te conocen.
Y no es difícil, encontrarte. No.
Estás en el Evangelio, más viva que nunca.
Cada cual te reza como sabe. Te habla como puede.
Sin embargo, hay muchos que te idolatran, María.
Como si fueras un espíritu pagano. Como si fueras un – me dijeron para hacerme daño – tótem.
Con todos mis respetos, siento vergüenza cuanto te ensucian con joyas, saltan rejas al grito de alguna advocación tuya, o te pasean por las calles como en una cabalgata.
También me molesta la actitud con las que se te acercan. Conozco a una abuela que te reza el rosario porque no sabe hacer otra cosa -nunca le enseñaron más -, y que para Ti será la más dulce de las oraciones. Pero conozco también, a una católica titulada universitaria, con director espiritual incluida, que te reza el rosario a voces para que la vean, y a gritos, porque crees que eres sorda.
María.
Lo único que se de ti, es lo que viene en el Evangelio. No más. Para que quiero más, si en ello lo eres todo.
Y después del saludo del Ángel,
Tu canto.


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.


Qué canto. Qué canto olvidado por los interesados de derechas - y de izquierdas derechizados - que quisieron vender de ti la imagen de una mujer esclava del hogar, mojigata y sumisa.
Qué canto, María. Qué compromiso con la Humanidad, con los pobres, y cómo pusiste ya a los ricos en su sitio hace dos mil años. A los ricos, a los que tienen dinero, no a los pobres de espíritu, pero que si pueden tener dinero y bla, bla, bla..., que confundimos el lujo con la limpieza, bla bla bla... justificaciones vanas para justificar lo injustificable, que no se puede ser rico, explotador,machista, fascista ... y llevarte flores al altar porque no sirve de nada ...
Te comprometiste con los pobres. A los ricos... se les despide vacíos.
Que manera de decir Sí a Dios, sabiendo que te iban a insultar, como hoy insultan a las madres que tienen hijos que no son de su marido, o simplemente, son madres solteras.
Siempre que pienso en ti tengo tres figuras: la Inmaculada Concepción de Murillo, la del monumento a la Asunción, en Jerez. Y la de mi pobre parroquia. La de madera. La que no sale en procesión. Esa es mi imagen.
Y un canto, que siempre te saludaba en el Angelus cuando escuchaba la COPE de Jerez en mi adolescencia, de Víctor Jara, aquel izquierdoso al que le cortaron las manos por cantar, entre otras cosas:


María,

abre la ventana

y deja que el sol

alumbre por todos

los rincones de tu casa.


Que tu luz alumbre nuestro camino siempre. No te pido nada. Tú no das. Porque si unas veces dieras y otras no, no serías justa. Ha habido tanta gente que perdió la Fe en ti, por no entender tu labor de Medianera y pensar que eras un ídolo que todo lo daba a cambio de algo...
Tú, guías. Tú auxilias. Tú ayudas. Tú, eres nuestro faro. Bonita letanía... Madre. Ojalá que nunca te perdamos de vista.

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