19 julio, 2008

Tu piel.


Nora, se quedó extasiada mirando el mar. Nunca lo había visto. O al menos, así. De esa manera. Desde fuera. No había sentido la brisa. Era suave, acariciaba su piel como... como no sabía. Su piel nunca había sido tocada, recorrida... Sal. La sal en el aire. La sal en su piel.
Estaba semidesnuda. Con un suave color rojo. No era de su sangre, ni apenas de irritación...
El Sol, que se hundía entre las aguas sin apagarse, se despedía de ella hasta mañana, regalándole sus últimos rayos de colores, más densos, más cálidos ...
Nora vio la primera estrella. Y la segunda. Y muchas más. Hasta que el firmamento le dibujó para ella – sólo a ella – la magnífica sesión de cine estelar, que le contaba historias de dioses, ninfas y héroes que desde el cielo la miraban por primera vez.
Nora respiró. Cerró lo ojos, y notó que hoy sí, formaba parte del universo.
Con la noche sobre su piel, caminó por la arena. Hasta llegar al fondo donde encontró, de nuevo la ciudad.
Fue expulsada de allí. En realidad, desde el día que enfermó.
La psoriasis le robó sus quince años; sus diéciseis, y la alegría.
Pero esta noche, había vencido.
Entro en la ciudad, nueva. Bajo los rayos de la luz artificial fue libre.
Miró el reloj que le habían regalado los dioses en sus estrellas.
Faltará una media hora, pensó.
Cuando llegó el momento, volvió a la penumbra de la noche. Se quedó en la orilla. Entre el rumor de las olas, escuchó sus pasos.
Le vió. Había venido.
Se abrazaron hasta que aquel beso les dejó pegados. Tan pegados y unidos como su piel. La de ella. La de él.
Una sola manta de dermis para recubrir dos cuerpos.
El de Nora, la sirena que un día escapó del mar huyendo de sus miedos y el de él, dios desconocido que de las estrellas decidió bajar a enamorarse, valiéndose de su don de poder ver el interior del sentir de los seres.
Sirena y dios, juntos. Ella, que un día lloró por las escamas de su piel, será feliz para siempre.
Es que es verdad. Lo que parece malo, lo que te parece que te hunde, al final, es lo que te sublima y te hace llegar hasta el buen fin.
.
Tu piel
a veces defiende
y a veces se ofende
pero al final por tu piel
se desprende
el dulce aroma de tu amor.


2 comentarios:

Mario dijo...

Preciosa historia con fantástica moraleja...

SOMMER dijo...

Es que el mar es así, querido Alfonso....

Asómate a este post que escribí ya hace algún tiempo.

http://sommeralvarez.blogspot.com/2008/03/espuma.html

Abrazos amigo.