23 julio, 2008

Gloria en la gloria.





Adivina, adivinanza:


va montado en un borrico


es bajo, gordo y con panza,


amigo de un caballero


de escudo y lanza,


sabe refranes, es listo.


Adivina, adivinanza...


¿Quién es?


(Sancho Panza)





Los bloggeros somos gentes muy distintas. Entramos aquí y allá, tenemos ideas políticas distintas. Religiones distintas. Creencias distintas. O no creemos...
Pero hay algo que nos une: la palabra.
Yo estoy seguro, que tú que entras aquí y te quedas, amas la lectura. Si amas la lectura, puede que también la escritura.


Piensa en lo que eres hoy. Te das cuenta de que te construyeron. Poco a poco. Ladrillo a ladrillo.
Alguien - ¿recuerdas su nombre? Sería injusto que ya no pudieras hacerlo – te enseñó un día a leer.
Entonces te pusieron los cimientos de tu vida.


Hoy, gran parte de lo que eres, es porque lo has leído. Si te paras a escribir, es que has madurado, como una fruta en un árbol. Llevas tanto contenido dentro, que te tiene que salir. Tienes que parir lo que has criado dentro de ti, para que nosotros, la humanidad, que somos aunque parezca mentira, uno, lo compartamos.
Yo siento igual. Pero agradezco, agradezco a mis constructores de letras y verdades, que hoy, pueda tener un corazón lleno de conocimientos, que lejos de hacerme pedante y tontorrón, me enseñan cada día la dimensión de todo lo que aún no sé.
Ella puso maderas. Ella puso cemento. Construyó en mi la savia de un hombre nuevo.
A las letras que costaban encajarlas, les puso música.
Mi mamá me mima. Lo primero que aprendí. ¡Pero mima rima con rima! Hiciste divertido el encontrar palabras con finales parecidos, idénticos.
Qué belleza.


De niño me pusiste a leer con tu serena voz. Me pusiste a escribir con mi lápiz mascado.
Yo sé que no lo hago bien. Pero disfruto. Disfruto con todo lo que he leído o con ponerme a escribir en esta pizarra sin tiza.


Gloria. Cuánto te debo. Cuánto te escuché y cuánto he aprendido de ti. Que injusta la vida. Naciste mujer en un momento inoportuno. Pero ahí estás. Yo no quiero que te olviden. Quiero – y que alegría, hoy puedo – volver a escuchar tu voz.


Yo no sé cuál fue vuestra experiencia de las primeras lecturas. Seguro que tenéis un ingeniero en forma de poeta, abuela, mamá, tío o vecino. Un día ellos os enseñaron que casi todo está en los libros.


Gloria, amiga mía, que se quedaron tu imagen y tu voz congeladas en el tiempo. Hoy te resucito. Estás aquí. Quiero cerrar los ojos y hacerme de nuevo un niño chico. Coger mi bocadillo de nocilla y sentarme en el patio de mi casa, recién regado. Oler a campo. Mi perro al lado. La tele en blanco y negro en el salón, mientras tú hablas al caer la tarde. Y yo sueño. Sueño mientras escucho los martillazos suaves de tu voz, al lado de la presencia de la madre que ya no tengo, mientras creas y construyes en mi interior, una cantera de palabras, que en el día de mañana, sería mi mejor herencia: el conocimiento. Gracias, amiga, mujer grandota, amiga fuerte, querida amiga, maestra, Gloria Fuertes.







2 comentarios:

Ana Belio dijo...

Querido Alfonso:

La persona que me enseñó a leer, se llamaba Jose Mª Belio, y era (es) mi padre.

La persona que me enseñó que podía empezar a escribir y al hacerlo aprender de ello se llama Marian y es una amiga de Barcelona.

Gloria...es un gran referente de la literatura, ella murió, pero ahí queda...lo que queda.

Un beso.

Guita - Emevecita dijo...

qué hermoso homenaje Alfonso... yo no recuerdo la cara de quien me enseñó a leer. Era mi "nana", la chica que me cuidaba y que mientras yo todavía ensuciaba pañales, me iba enseñando las primeras letras. Cuando mi mamá (aterrada) descubrió que a los 2 años yo leía los titulares de los diarios se asustó un poco. Y luego cayó como una gracieta de "Hercila", la estudiante, la que pasaba de analfabeta a mujer de letras, junto conmigo. Que Dios la bendiga ¿qué será de su vida?