07 julio, 2008

El Señorito.






Hoy, el señorito Equis se ha levantado de muy mal humor. Puso su emisora de radio favorita, y salió a la calle rugiendo como un león.

Su señora, que duerme en cama aparte, ni se enteró del ruido que hacía mientras buscaba en el armario del baño su bote de gomina, mientras refurfullaba hijos de puta.
Era lunes, le fastidiaban los comienzos de semana, porque a él, que era un señorito, no le merecía el trabajo. Eso era para los obreros, para la gentuza.
Ayer, domingo, estuvo en misa. Vaya cojones la hora a la que me ponen la misa. Pero vaya cojones todavía más lo que se alarga el cura charlando. El señorito Equis va a misa para figurar. Entra temprano, pero no para rezar el rosario, sino para coger un buen sitio donde el cura – y el populacho – le pueda ver.
Mientras el cura consagra, Equis tiene la cabeza en otro lado. Es incapaz de escuchar más de tres palabras seguidas. El es una persona culta – lo dice a menudo – pero incapaz de entender una lectura en voz alta, y mucho menos, de leer él mismo.
Con mucho esfuerzo se hizo sitio en una hermandad. Se cree superior al resto, pero él sabe que es a lo máximo que puede aspirar a llegar.
Ahora está enfadado. Tiene que pagar el catastro. Maldita alcaldesa. Tengo que pagar ahora por mis tres casas. Será ladrona la tía. Quién coño mandará a las mujeres a meterse en política. Gracias a que la casa que tengo en litigio con mis hermanos a cuenta de la herencia de papá, que menos mal que el cabrón se murió, esa no cuenta. Y la que tengo en la playa, tampoco.
Qué cabrones, nos matan con sus impuestos. Claro, como nosotros tenemos dinero.
Al señorito Equis le cuesta pronunciar el pronombre nosotros. Porque realmente sabe que es ella, la que le proporcionó el capital que ahora tiene. Su familia estaba arruinada, y su boda, le libró de muchas situaciones indeseables.
Con lo bien que yo estaba, y tuvimos que perder las elecciones.
El intentó presentarse, aunque en aquél partido de derechas, no le hicieron ningún caso, porque querían gente inteligente, que supieran hablar en público y que no perdieran los nervios por un exceso de testosterona. Pero a pesar de todo, de ese desprecio, el quiere que vuelva la derecha.
Está harto de maricones que se casan, y de que se pierdan los valores de la familia.
De la familia de los demás. Porque la mía...
Una punzada le da en el pecho cuando recuerda la suya.
Se queja de la educación en Andalucía. Pueblo de Catetos, les llama. El, que no tiene ni puñetera idea de quien era Platero, el burrito peludo y suave. Ni quién era Bernarda Alba. Ni porque las golondrinas volvía a colgar de los balcones de Sevilla. No sabía quién era el marinero en tierra que se perdió en una arboleda. No conocía ningún amor brujo a la danza del fuego fatuo. Ni conocía dónde estaba el patio y el huerto claro donde madura el limonero. Ni porque la Lola se fue a los puertos. Ni idea de las espadas como labios. Ni asomo de los placeres prohibidos. Ándeme yo caliente, y ríase la gente.
El que no sabe nada, sólo de la existencia de ese complejo que le ahoga porque tanta gente con menos dinero que él, saben más, leen más, aprenden más...
Equis está ofuscado. Es primero de mes y tiene que pagarles los 500 euros en negro a sus empleados. Sus buenos empleados. Sus esclavos. Que tres le hacen el trabajo de quince.
Que callan y no hablan. Y no por obediencia, sino porque Equis les vigila con cámaras como si fuera el Gran Hermano.
Vaya mierda de gente, piensa. Si es que no tienen clase, es que no pueden ser como yo.
Les da su sueldo como el que le echa de comer pienso a un pollo.
Pero el señorito Equis está amargado.
Llega a la noche embebido en alcohol. Se acuesta en su cama y siempre le llega esa misma pregunta que lo amarga.
¿Cómo estos imbéciles, que votan socialista, con la mierda que les pago, son felices? ¿cómo son capaces de amarse entre ellos sin tenerse que ir de putas como yo? ¿cómo van a misa, y sonríen, y encima parece que se lo pasan bien con lo coñazos que son?
¿qué mierda son y se merecen para tener vacaciones y pasárselo mejor que yo, que tengo más dinero que ellos?
Equis no lo soporta. No soporta que él, sea el que menos tiene y más gasta en aparentar en los círculos sociales en los que pretende meterse con calzador.
Los muertos de la globalización, hoy los ricos no tienen nombre. Tienen siglas. No cuadra en ningún lado. Equis no es feliz. Cierra los ojos e intenta dormir. Mañana será otro día para vivir, para envidiar, para amargarse, para hacer sufrir, para sentirse un completo inútil y para volver a disimular y aparentar.

6 comentarios:

Satie dijo...

Desgraciadamente estos señoritos aún existen...

Anónimo dijo...

Hola Alfonso. Qúe buen post el de hoy ¡¡¡.Como bien haces saber en tu post, a veces los jefes son crueles, aprovechados,y viven y disfrutan en uan mejor calidad de vida, pero son más infelices que nosotros, los empleados.Me siento identificado con lo que dices porque lo vivo cada día cuando regreso al trabajo.Hay días que me levanto sin aliciente alguno y busco en mi interior algo que me de fuerzas para luchar contra las injusticias laborales a las cuales nos vemos sometidos por falta de necesidad económica.
Es lo que hay y a lo mucho que puedo hacer es resignarme hasta poder encontrar algo mas acorde a mis posibilidades.
Un saludo.

Agata dijo...

¿Y no tiene que pagar de mala gana a señoritas por sexo,tratándolas como una mierda?Que ya que pago,tengo derecho...
Mierda de señorito,que lo aguante la santa de su madre.Aunque ya la pobre tuvo que aguantar antes al padre del señorito:otro igual.
Muy buen post.Estás que te sales,muchacho...

Agata dijo...

Y se me olvidaba,la que mejor decía SEÑORITO era Gracita Morales...jejeje...

El Peregrino Ruso dijo...

es un post buenisimo. Me ha encantado, la desgracia es que existen tadavia esta especie, yo conozco unos cuantos

Alfonso dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Como bien decís, esto no es ficción. Vamos que tenía el nombre del 'señor' en mi mente.
Hay muchos, por desgracias, sí.