30 julio, 2008

Aleluya

Ven, siéntate conmigo esta noche; mira hacia arriba, como hemos hecho desde que nos conocimos. Ahí están las estrellas siempre. Hoy, la luna no ha querido salir. Bueno, déjala descansar.

Yo sé que el día ha sido duro. Más que duro, cruel. Pero recuerda, que eres doble. Desde hace tiempo ya, no eres tú sólo. Tienes mis brazos, tienes mis fuerzas, tienes mi cuerpo.

Lo que antes pesaba cien kilos, hoy pesa cincuenta. Y si no puedes, yo por alguna vez, pudiera hacer el esfuerzo y soportar los cien por ti, para que descanses y te sientas bien.

Siéntate conmigo, y mira la cantidad de estrellas que hay esta noche. Que es verdad que las hay. Cuéntalas como si fueran ovejitas. Así, esta noche te quedarás dormido. En mis brazos, que son los tuyos.

Y entonces, en silencio, cuando tu mente empiece a volar suelta por los aires, mientras tu cuerpo, maltratado, descanse y se repare, nos podremos volver a encontrar en el espacio: sin tiempo ni lugar, abrazarnos de nuevos. Hacernos uno, besarnos, mirarnos a los ojos. Suspirar y susurrarnos al oído: Aleluya...


3 comentarios:

Laura dijo...

¡Qué bonito es saber que uno no está solo! Aunque a veces duela...es hermoso el AMOR.

Agata dijo...

He vuelto,guapo...Sólo me da tiempo de decírtelo.Vuelvo luego o mañana.He de ir a hacer la compra...ays...Qué dura es la vida en verano...UN BESO,QUE TE ECHABA DE MENOS......

Mario dijo...

Siempre, con un compañero al lado, la carga es menor. Menor el sufrimiento. Y para el compañero, una satisfación cargar con esos 100 kilos.

Abrazos, Alfonso.