22 junio, 2008

Y sin embargo, se mueve.


Hace unos años conocí a un señor que trabaja de noche, como guarda en una chatarrería. No sé para que tuve que ir allí - cuántas cosas busca uno en un lugar de estos – pero fue al atardecer. Había una vista de Júpiter en el cielo impresionante. No sé como salió el tema, pero el hombre me contó que le gustaba mucho mirar al firmamento, pero que conocía muy poco, porque no sabía leer ni escribir. Pertenecía a esta generación de españoles a los que se le privó de este derecho elemental – el conocimiento – después de nuestra Guerra Civil.

Le dije: mire usted, aquello que brilla tanto, es Júpiter. El planeta más grande del Sistema Solar.

Me dijo: ah, yo miro con mis prismáticos. Es más, yo apunto unas cositas que se les ve con prismático, pero que a simple vista, no. Unas cositas que se mueven. Lo tengo apuntado en un cuaderno. Voy a por él.

Me lo enseñó. Allí tenía dibujado una bolita gorda a lápiz, tembloroso, como quien no hace las líneas de trazos finas por falta de destreza con la mano para la escritura.

Al lado de la bolita gorda, tenía una serie de bolitas pequeñitas. Luego seguí dibujando, en serie, una debajo de otra. Apuntando el día y la hora. La bolita gorda en el mismo sitio. Las pequeñas bolitas cambiaban.

Me quedé maravillado. Emocionado. Le miré a los ojos, y le dije: ¿Pero, buen hombre, usted sabe lo que ha estado haciendo?.

Me dijo: lo que le digo, dibujar unas bolitas que se mueven.

Que se mueven.

Amigo mío, ha estado usted registrando los movimientos en las órbitas de los cuatro satélites principales de Júpiter: Ganímedes, Calixto, Io y Europa.

Me miró como diciendo: bueno ¿y qué?

En su sabia ignorancia no entendía su obra.

Por esto – hace 300 años – le hubieran quemado vivo.

El año que viene hará 400 años, desde que un italiano, Galileo Galilei, escuchó que en Holanda había un instrumento con lentes que servía para aumentar el tamaño de las cosas distantes. Investigó con él, y construyó el primer telescopio propiamente dicho.

Galileo, uno de los Físicos más grandes de la historia, lo apuntó al cielo y vio:

Que la Vía Láctea está formada por estrellas y no es la leche de Hera derramada por un mordisco de Hércules.

Que la Luna tenía montañas.

Que Venus tenía fases.

Que Saturno tenía orejas.

Que Júpiter, tenía unas bolitas que giraban en torno a él.

Aunque antes había construido la bomba de agua.

Había descubierto la Ley del movimiento uniformemente acelerado.

Había observado una Nova en el cielo.

Pero concretando, Galileo, con su pensamiento, sus observaciones, sus experiencias había osado contradecir a la visión del mundo de Aristóteles, y con ello, a la concepción del Universo de la Iglesia Católica, basada en la Biblia.

La Iglesia. Le llamó. A él. A Galileo, al más grande físico de la historia, a la espera de que naciera Isaac Newton. Le obligó a decir que era todo mentira lo que había hecho y dicho..

La Iglesia, un 22 de junio como hoy, de 1633, en el convento dominicano de Santa María, le condenó. Le hizo abjurar, poniéndole de rodillas ante la Iglesia de Cristo y su Santa Inquisición. Y con él, la Iglesia Católica, Romana y Apostólica, puso de rodillas a la Ciencia y a la Humanidad entera, en uno de los días más tristes de nuestras historias, para que supiéramos, que con la Iglesia, no se topa.

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Texto de la Abjuración.


Yo, Galileo, hijo de Vicenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años,interrogado personalmente en juicio y postrado ante vosotros,

Eminentísimosy Reverendísimos Cardenales, en toda la República Cristiana contra laherética perversidad Inquisidores generales; teniendo ante mi vista lossacrosantos Evangelios, que toco con mi mano, juro que siempre he creído,creo aún y, con la ayuda de Dios seguiré creyendo todo lo que mantiene,predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia. Pero como,despuésde haber sido jurídicamente intimado para que abandonase la falsa opinión de

que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es elcentro del mundo y se mueve, y que no podía mantener, defender o enseñar de ninguna forma, ni de viva voz ni por escrito, la mencionada falsa doctrina y después que se me comunicó que la tal doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, escribí y di a la imprenta un libro en el que trato de la mencionada doctrina perniciosa y aporto razones con mucha eficacia a favor de ella sin aportar ninguna solución, soy juzgado por este Santo Oficio vehementemente sospechoso de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol es el centro del mundo e inmóvil y que, la Tierra no es el centro y se mueve.

Por lo tanto, como quiero levantar de la mente de las Eminencias y de todos los fieles Cristianos esta vehemente sospecha, que justamente se ha concebido de mí, con el corazón sincero y fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías y, en general, de todos y cada uno de los otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia. Y juro que en el futuro nunca diré ni afirmaré, de viva voz o por escrito, cosas tales que por ellas se pueda sospechar de mi; y que si conozco a algún

hereje o sospechoso, de herejía lo denunciaré a este Santo Oficio o al Inquisidor u Ordinario del lugar en el que me encuentre.

Juro y prometo cumplir y observar totalmente las penitencias que me han sido o me serán, por este Santo Oficio, impuestas; y si incumplo alguna de mis promesas y juramentos, que Dios no lo quiera, me someto a todas las penas y castigos que imponen y promulgan los sacros cánones y otras constituciones contra tales delincuentes. Así, que Dios me ayude y sus santos Evangelios que toco con mis propias manos. Yo, Galileo Galilei he abjurado, jurado y prometido y me he obligado; y certifico que es verdad que, con mi propia mano he escrito la presente cédula de mi abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de Minerva este 22 de junio de 1633. Yo, Galileo Galilei, he abjurado por propia voluntad.


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Siglos después, el Papa Juan Pablo II, pidió perdón. Un poco tarde. Sobre todo porque Galileo está muerto y no pudo nunca saborear el triunfo de ser un genio.

Siento escalofríos, cuando veo que la jerarquía que gobierna la Iglesia sigue en sus trece. No puede, gracias a Dios, porque los poderes civiles de los estados se lo impiden, pero siguen con su afán de poner de rodillas a la humanidad entera. Y no ponernos de rodillas, para adorar al Santísimo, sino ponernos de rodillas porque:

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- somos homosexuales.

- Somos mujeres.

- Somos de otra religión.

- Somos de izquierda.

- Somos curas casados.

- Somos científicos y estudiamos.

- Utilizamos anticonceptivos.

- Vemos películas nos autorizadas.

- Criticamos a la jerarquía.

- Nos pasamos la castidad por el forro.

- Somos madres solteras.

- Vivimos en pareja de hecho y no nos casamos...

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Y así... han pasado los siglos, y aún, cuando me atacan estos talibanes de la Biblia, hoy día, en 2008, con pasajes y versículos condenándome, siento, repito, escalofríos, porque, a pesar de que los satélites de Galileo, siguen dando vueltas, y a pesar de la luz del Concilio Vaticano II, del amado Juan XXIII, la jerarquía de la Iglesia, a fin de cuentas, no ha cambiado tanto.



1 comentario:

Agata dijo...

Las personas,Alfonso,nunca dejan de sorprendernos.Ya sea para bien o para mal.Lo triste es cuando es para mal y no cambian.Me gusta el color cielo que has puesto en el blog.Dan ganas de relajarse.También le llaman celeste bebé.