07 junio, 2008

Un paso atrás.



¿Han visto a Blas? Así me pongo cuando quiero leer y no me dejan tranquilo.
Me encanta Angels Barceló. Hoy en su programa de la SER, ha entrevistado a profesores y alumnos que están inmersos estos días en la Selectividad.
Uno de los profesores – de física, por cierto – ha dado la clave en lo que yo creo que es una de las causas de los actuales fracasos escolares. Con fracaso escolar, no llamo yo al niño que lleva a su casa malas notas. Sino al ballicher, o incluso el diplomado o licenciado, que terminado sus estudios no saben ni leer ni escribir.
El problema es que no se lee.
Mucha gente con estudios apenas sabe redactar y explicar en quince líneas un pensamiento concreto.
Las circunstancias de la vida han cambiado, y el leer ha sido relegado a otras cosas: televisión, videojuegos, chateo por internet, etc..., no leyendo apenas.
Cuando yo tenía diez años, mi maestro nos regalaba libros a los que sacábamos buenas notas. A mí me regaló Simbad El Marino y Cinco Semanas en Globo.
Yo me aficioné a la lectura; leía mucho, aunque bien es verdad, que no tenía la competencia de ocio que se tiene hoy.
Pero en mi vida ocurría una cosa muy importante, que sin saberlo, a mí me animaba a la lectura. Imitar a mis padres, algo que hemos hecho todo de niños. (Ahora no decimos que les imitanos, sino simplemente reconocemos que nos parecemos a ellos).
Cuando llegaba la noche, la escena era siempre la misma. Hablo de finales de los años setenta. Mi padre con su lamparita leyendo las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y mi madre leyendo las novelitas de Corín Tellado. Cuando se cansaban, leían el periódico o revistas. O algún novelón mi madre, como su libro preferido, que a mi me lo contó mil veces para que me durmiera: Genoveva de Brabante.
Mi madre aprendió a leer en el colegio de pequeña. Mi padre, con veinte años en el servicio militar. No conocían ni a Quevedo ni a Góngora. No sabían conjugar los verbos. Tenían miles de faltas de ortografía al escribir. Pero poseían el gran arma: la voluntad y la semilla. La que a mi me entregaron: las ganas de leer, que en gran parte, me ha construido como persona.
Hay que leer. Potenciar la lectura. Sé que me van a llover las críticas, pero es que mucho de los maestros, hoy, no leen. Que no me vengan con que si el sistema educativo es cuál, que si los niños son así, o de esta manera, que si están mal pagados, que si están estresados.... no, no. Noto mucha falta de vocación en la mayoría de los maestros que he conocido en activo. Cuando me relaciono con ellos a cuenta de la astronomía o de la radio, me doy cuenta de que no leen. Tienen un vocabulario pobre. No disfrutan con la lectura, y eso, si no se vive, no se puede transmitir.
No puedo entender como un maestro puede tener faltas de ortografía. Me da vergüenza ajena escuchar a muchos leer en voz alta.
Sé que no son todos y que no puedo generalizar con mi crítica, pero me parece a mí que en las facultades de Educación, hoy, hay mucha pedagogía, mucha didáctica, mucha psicología, pero de leer, nada de nada. Lo que leen, obligados. Claro, así le obligan a leer La Celestina por narices, y odian la literatura para toda su vida.
Mucho tiene que cambiar las cosas en la educación. Pero más que cambiar las leyes, tienen que cambiar las actitudes de las personas. Ojalá inventaran una máquina, como esa de la verdad, que pudiera medir la vocación y las ganas de trabajar, y no lo que se mide en un tribunal de oposiciones, que es la memoria de elefante que se pueda tener y la suerte personal de que te toque un tribunal en condiciones, que te sepa evaluar, sin cansarse y sin dormirse delante de tus narices. Un tribunal, que para ser elegido para tal función deberían examinarse también y demostrar que son los mejores. Porque se da la paradoja de que gente con una preparación determinada, tienen que medirle los conocimientos a una persona con más valía profesional con ellos mismos. Y eso, como comprenderán, es imposible. Yo no puedo medir tu cansancio en una carrera de doscientos metros, si no yo no soy capaz de llegar a cien. Y lo peor, la falta de humildad. Muchas personas tenemos el defecto de no saber admitir que tú, siendo más joven, eres mejor que yo.
El sistema es injusto, y ahí tenemos los frutos.
Pero no todo es negativo.
Soy bloggero. Mucho de los que me leéis también lo sois. El blog, que es un avance tecnológico, es también un paso atrás. Un paso atrás que no es negativo, si no al revés.
Hemos vuelto a la escritura. A sentarnos, a pensar y a escribir. A tener el diccionario a mano para utilizar nuevas palabras. A tener el otro diccionario, el de sinónimo, para no repetir las mismas. A tener cuidado en no cometer faltas de ortografías.
Una paso atrás, sí, pero hemos vuelto a leer.
No en papel, si no en pantalla. Pero son letras. Esos maravillosos signos, que hace miles de años, nos permitió comunicarnos a través del tiempo y hacernos eternos.

Sin embargo, os hago una confesión. Cuando apago el ordenador, y me meto en mi cama, vuelvo a la lectura de siempre. A la de la lamparita que alumbra el papel. Ya soy más mayor, lo noto en que estoy empezando a releer más lo leído, en volver a los clásicos, más que leer cosas nuevas.
Y ahí me quedo, cuando M. trabaja de noche, y estoy sólo en mi cama. La cama tan grande y extensa, donde mi sueño se convierte en sueños crecidos de las letras del siempre amigo libro, que abierto, entre mis sábanas, me hace crujir el cerebro para que salgan palabras que mañana se conviertan en textos escritos. Para quedarme encantado en el recuerdo de algún poema de las páginas abiertas, y entonces, pienso, recuerdo y repito, mientras me quedo dormido:

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera, al oído, cantártelo a solas.

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en la sombras.

El orden no importa, cuando en sueños, vuelves a caer rendido a los pies del poeta.


9 comentarios:

MIGUEL ANGEL dijo...

Alfonso llevas mucha razón en lo dicho,pero ocurre que los tiempos cambían y nace con ello las nuevas tecnologías de la comunicación. Una ventaja o un inconveniente según se mire.La lectura se está abandonando por culpa de muchos factores. No siempre tienen la culpa el maestro por no disponer de la suficiente formación o por no tener vocación.Tambien depende del entorno familiar; si los padres no les incurcan el gusto por la lectura al final eso se hace notar cuando ese niño y niña llega al colegio.
Existen muchos más elementos sociales que impide que el niño o niña lea.
Un saludito.

Alfonso dijo...

Qué guapo en la foto joío, uy, eso lo he escuchado yo antes en otro lao jjjj

Agata dijo...

A mí me encanta leer y regalar libros.Más a los niños.Los míos ya tienen una buena biblioteca...Y a mí me encanta.Llevas mucha razón.Los blogs han hecho que muchos volvamos a leer más.Y también hago como tú,antes de dormir mis dos páginas mínimo de libro caen.No puedo evitarlo.
Ah,y por favor,no te copies de mis frases.Tienen derechos de autor,jajaja.Pero es verdad,es que está muy guapo.

Alfonso dijo...

jajajaj pssssssss

Alfonso dijo...

jajajaj pssssssss

Satie dijo...

Pues no estoy de acuerdo contigo. Creo que ahora se lee más que nunca pero en otros formatos. Y de diferente forma. Tú lo dices en tu entrada, los niños chatean y escriben , ya sé que no como antes, pero eso no significa que peor. Tampoco ahora hablamos como en los tiempos de Valle Inclán.
También yo oía a Barceló ayer en la Ventana y me defraudó porque se usó el mismo discurso que está usando la derecha reaccionaria para torpedear la educación comprensiva.
Perdona mi enrolle.

Alfonso dijo...

Pero komo lenn y escriven Satie? leen mal y escriben peor. Cndo lo hacen ls palabras las cortan y escriben como si fuera en el mvil. ke es 1 problem, pq yo apenas les entiendo.

Agata dijo...

Ay,Alfonso.Que tu último comentario ha hecho que me duelan los ojos.No puedo con esos mensajes.No puedo.Cuando he visto que comentan así en otros blogs me entran escalofríos y no vuelvo a aparecer por allí...

Alfonso dijo...

Pues así, por desgracia, escriben. Lo he hecho aposta. No saben leer,ni escribir. Entiendo que haya que ahorrar letras en un móvil, pero es que luego escriben así en todos sitios.