10 junio, 2008

El teléfono

Él, entonces, entró en el salón. Se sentó. Puso la televisión aunque no prestaba atención a lo que salía en ella. Sólo tenía en la cabeza el grito tan fuerte, como si no saliera de dentro de él, que le había dirigido a su mujer. Y el guantazo.

La agresión a ella, que seguía en la cocina, recogiendo las cosas, después de haber cenado. Cuando terminó, sin decir nada, ella salió hacia el baño. Se duchó y se acostó.

El permaneció sentado, asustado de sí. No sabía como acercarse a ella de nuevo. Cogió el móvil y vio el número de su amigo Juan. Le llamó. He pegado a mi mujer.


En los primeros momentos de la conducta agresora, una llamada de teléfono, el contacto con alguien que te escuche ante el desconcierto de tu propio comportamiento, es esencial. Se puede modificar la conducta.


Animo, ministra. Adelante con las propuestas. Eres el ejemplo claro de que todavía en este país, una parte no soporta que una mujer ocupe puestos de responsabilidad, y mucho menos, que ponga los puntos sobre las íes en cuestiones de igualdad.

3 comentarios:

Agata dijo...

Todo lo que sea hacer algo diferente ayudará más que si no se hiciera nada.Se podría probar.Si sólo salva una vida habrá valido la pena.
Yo añadiría algo más...A lo mejor es una idiotez lo que pienso.Hay muchísimos niños testigos de malos tratos.Están justo ahí.Y los hay de diferentes edades.Un niño con 8 ó 10 años es capaz de apretar un botón para pedir ayuda,porque es capaz de apretar los dientes y los ojos huyendo de lo que ve.Igual que los ancianos tienen un botón colgado del cuello que al apretar sale alguien que te pregunta cómo estás.Sus madres no tendrían el valor de apretarlo o no tendrían tiempo.Todo ello sin que el monstruo de su padre se entere...

mia dijo...

tienes un espacio estupendo

Muchos como el tuyo hacen falta!

♥♥♥besos♥♥♥

Alfonso dijo...

Gracias Agata y Mia, ojalá sirva para algo! :)