06 mayo, 2008

Más tarde o más temprano.

Cuando era estudiante, yo tenía muy poco dinero. El que me daba mi madre. Cuatrocientas pesetas. Cuatro veinte duros. De ahí sacaba para la gasolina del vespino, el tabaco – entonces fumaba, ahora no – tomarme una cocacola en el Tragaluz – un bar de Jerez, hoy cerrado por desgracia, y aún me sobraba algo para pipas.
El presupuesto para libros era caso aparte. Si quería uno, nunca me lo negaban: ya fuera mi madre, mi tía o mi hermana.
Los veranos yo los dedicaba por las mañanas a dar clases a niños en el campo. No tenían posibilidad de ir a Jerez, y yo con mi Vespino, me colaba por todos sitios, y llegaba a muchos lados por la zona de Caulina, Torre Melgarejo o Estella.
Me sacaba mis pesetillas. Aprendía a pasar calor, a tener que explicar cosas sin ganas. En fin, aprendí a trabajar. Pero con ese esfuerzo, me compré mi primera guitarra, un día que a mi padre le dolían las muelas.

Comenzaba a trabajar en Julio y estaba los dos meses de verano, para que los niños recuperaran el curso.

Una vez, me llamó una señora regordeta con gafas, parecida a la medium de poltergeist, un quince de agosto. Quería que le diera clase a su hija, que se examinaba en septiembre.

- Señora, yo no hago milagros.
- Hombre, algo servirá, mejor que nada.
- No sé, no sé...
- Bueno, yo te pago tanto.
- Vale.

No sé si la niña aprobó o no. Tenía todas suspendidas.

El último día que tenía las clases, cuando fui a su domicilio, no me abrieron la puerta. Pensé que había pasado algo. Los vecinos no sabían nada.
Volví al día siguiente, pasando lo mismo. La puerta cerrada.
Al tercer día que fui, no me abrieron de nuevo. Pero había gente dentro, se escuchaba ruido.
Al cuarto día, vi como miraban por la mirilla y no me abrían.

Me di cuenta de que no me querían pagar.

Me fui a casa con rabia.

Pasaron los años, cinco, siete, no recuerdo exactamente.

Un cura amigo me pidió que me quedara en su sacristía. Tenía que salir y necesitaba que alguien le apuntara los bautizos, las misas de difuntos, etc...

Llamaron a la puerta, y entraron una pareja de novios. Les tomé los datos y se fueron.
Me senté y volvieron a llamar a la puerta.
Era la señora regordeta que se parecía a la médium de poltergeist.

Cuando me vió, se le puso la cara blanca.

- Hola, ¿qué haces tú aquí, te has metido a cura?
- No, sólo apunto bautizos, etc... ¿qué quería?

Balbuceando y nerviosa, acompañada de su hija, quería una fe de bautismo.

Vale, déjeme sus datos, y luego el cura cuando venga se lo firma.

- ¿Cuánto es? me preguntó.

- Es nada, lo que usted nos quiera dar. Lo que usted considere que vale mi trabajo.
Echelo al buzón de limosna que hay en la entrada de la Iglesia.

Bajó los ojos y se fue.

No sé si echaría dinero o no. Pero con ella aprendí que en el mundo hay gente que no es buena. Que explotan a los otros. Que no miden el esfuerzo que cuesta hacer las cosas. Personas que menos mal que nacieron pobres, porque si fueran ricos, serían tiranos.
Me enseñó que la gente puede ser insolidaria, que te hace daño, que te menosprecia y si pueden, te humillan y te intentan hundir.

Pero también aprendí, que la vida da muchas vueltas, que nuestra vida es muy corta y nuestro mundo muy pequeño. Y más pronto, más tarde, o al final de nuestros días, habrá un momento – nuestro momento de gloria - en el que todos y todas nos volveremos a encontrar.

Contra ellos, contra los que hacen de la explotación y el sufrimiento humano su forma de vida, la fuerza de la razón. La fuerza de las rosas.




10 comentarios:

MIGUEL ANGEL dijo...

Llevas razón Alfonso, pero la vida de por sí es cruel y dura y nunca dejas de sorprenderte lo de cosas que se llegan a aprender; son momentos que te hacen sufrir, sentir alegria o rabia pero que al final todo contribuye a que tu personalidad quede forjada y seas la persona que eres.
Pero te digo algo por experiencia, no dejes que los "palos que uno se lleva en la vida" cambien tu comportamiento, debes ser tú.
Nenito.

Agata dijo...

Siempre se nos pide cuentas por lo que hacemos a lo largo de nuestra vida...Si no lo pagas antes lo harás después.(La madre que trajo a la de las gafas...)

SOMMER dijo...

Al plato vendras arbejo,
si no es de joven será de vijo.

En todo caso, has sido elegante en tu contestación y en tu forma de afrontar la situación. A buen seguro que ese día, la regordeta parecida a la medium de poltergeist tuvo diarrea.

Yo como trabajo en el mundo sanitario, siempre que me sucede algo así me digo:
"Tranquilo Enrique, tarde o temprano, tendrán que hacerse una revisión y las gastroscopias (por la boca o por el culo) cuestan poco....."

Abrazos amigo.

Alfonso dijo...

M.A., es verdad, si la vida nos llega a cambiar por lo que nos pase, entonces habremos perdido la batalla.
Agata, de acuerdo contigo.
Sommer, menos mal que a mí me asiste el Servicio Andaluz de Salud jeje, desconocía ese refrán.
gracias :)

Peter Mc Cut dijo...

que buen post, y mejor blog aun
eres un tio sensible y profundo
muy grato pasamepor aqui
saludos

Gracia dijo...

Muy intersante Alfonso. Yo también creo que al final la vida pone a cada uno en su sitio y que de alguna forma cada uno de tus actos buenos y malos tiene una repercusión.
Por cierto, Sommer ¿no serás como el doctor House verdad?

Alfonso dijo...

Gracias, Peter y Gracias, gracias por vuestras visitas y comentarios.

Fabio dijo...

Hola amigo! extañaba pasar por aquí... ando liado con estudios... pues más que interesante tu post... todo un tema el de los aprovechados y la explotación... el hombre devora al hombre y se carga hasta su dignidad...
no me pondré serio
solo darte un abrazo
y visitarte
saludos

Alfonso dijo...

Gracias Fabio, yo también ando liado con los exámenes que tengo el mes que viene y ... ajú jeje
a ver si tenemos suerte!

emeve dijo...

El mundo es un pañuelo se dice por aquí.

Ya nos veremos a las caras... y la vida dará las respuestas. Yo no creo que la vida sea mala, creo que depende de nosotros hacerla un infierno o un jardín del Edén...

Y sí, eres muy sensible y profundo y siempre tocas temas muy interesantes. Me alegra mucho haber llegado a tu blog.